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“Lo que no se había dicho del diezmo”

Pastor Javier Bertucci

Domingo 27 de Agosto de 2023.

 

El asunto del dinero no es cualquier cosa, y no debe verse como tal, pues en una mala visión del uso del dinero se ha dado paso al mal. Por eso, el tema del dinero debe ser manejado con mucho cuidado.

Es importante tener un corazón sensible para servir a Dios con todo lo que se tiene, y eso abarca trabajo, tiempo, juventud e incluso el dinero, y muchas veces esas han sido las bases de una congregación, porque es todo lo que humanamente una persona puede ofrecer y darle al Señor para servirle.

Pero existen ocasiones en las que las personas prefieren servir a Dios por un pago o reconocimiento que, por amor al Señor, y aunque todo obrero es digno de su salario, no se debe fomentar el crecimiento de una actitud en las personas que esté inclinada hacia lo comercial sino hacia lo servicial en Dios. En este tiempo es necesario que exista una generación que no anteponga sus intereses económicos o financieros antes que su servicio.

El pasado Congreso Nacional de Jóvenes a pesar de los retos económicos presentados para su realización es considerado como una inversión en la juventud que asistió, ya que “nadie invierte en lo que no cree”; para la recuperación de la IMAGEN de Jesús en los jóvenes, fue necesario este tipo de acciones que les hicieran saber que ya no hay condenación de la religión por su pasado cuando intenten acercarse a Cristo.

Dentro de las iglesias y congregaciones, no se trata de convertir a las personas en partidarios o seguidores de un pastor o una organización, sino de que sean auténticos seguidores de Jesús y estén dispuestos a darlo todo por Él.

“Pero los que viven con la ambición de hacerse ricos caen en tentación y quedan atrapados por muchos deseos necios y dañinos que los hunden en la ruina y la destrucción. Pues el amor al dinero es la raíz de toda clase de mal; y algunas personas, en su intenso deseo por el dinero, se han desviado de la fe verdadera y se han causado muchas heridas dolorosas.” – 1 Timoteo 6: 9-10 (Biblia NTV).

De nada sirve tener todo tipo de riquezas cuando se sacrificaron cosas importantes como la familia, hijos y demás, porque el problema no es el dinero, sino que el dinero lo tenga y le manipule. El creyente debe tener tanta confianza en Dios acerca de la provisión, que cuando lleguen los altibajos en la vida, en cada etapa pueda estar seguro de que el Señor tiene el control de todo y ese tipo de confianza se genera con la experiencia.

“Enséñales a los ricos de este mundo que no sean orgullosos ni que confíen en su dinero, el cual es tan inestable. Deberían depositar su confianza en Dios, quien nos da en abundancia todo lo que necesitamos para que lo disfrutemos. Diles que usen su dinero para hacer el bien. Deberían ser ricos en buenas acciones, generosos con los que pasan necesidad y estar siempre dispuestos a compartir con otros” – 1 Timoteo 6:17-21 (Biblia NTV).

Para Dios no existe problema en que los creyentes puedan disfrutar su dinero, solo desea que por causa del dinero no haya un balance y estabilidad en la vida de cada uno por perseguir la ambición y el fuerte deseo de superación, el cual no es malo cuando se sabe administrar. Y es que el Señor desea prosperarte, porque la visión que tiene para sus hijos no es de pobreza y aun teniendo riquezas desea que nada de ello le perjudique ni le dañe el corazón.

“Porque el desvío de los ignorantes los matará, Y la prosperidad de los necios los echará a perder; Mas el que me oyere, habitará confiadamente Y vivirá tranquilo, sin temor del mal” – Proverbios 1: 32-33 (RV 1960).

Nunca se debe confundir la provisión de Dios con la prosperidad, ya que Dios ha establecido un compromiso con sus hijos para suplirles, pero si están dentro de una situación económica que no es estable ya no depende del entorno o la situación sino de la fe de la persona, ya que por medio de Jesús cada uno es vencedor gracias a la convicción de que Cristo venció cada una de las situaciones que hoy pueden aquejarle.

“Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo” – Génesis 14:17-20.

La forma en la que Abraham logró este tipo de comunión con tal revelación del diezmo y que otros pudieron identificarla produjo una afectación debido a la implicación histórica de sus actos y lo que conllevaría eso a las próximas generaciones, el mismo sacrificio de Jesús revelado años antes para que tal transformación que sufría a través de la bendición que recibió a través de la Santa Cena y el diezmo, ya que no es por causa de las propias fuerzas de Abraham que Dios le entregó todo lo que había prometido, sino para que pudiera dar testimonio del mismo poder del Señor, el único capaz de hacer tales cosas como ésas.

La Santa Cena acentúa la pertenencia sobre la identidad de la persona en Cristo, y cuando es tomada con tal revelación, todo lo que pertenece a ese cuerpo automáticamente sale por el sentido de pertenencia que existe en Jesús.

“Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes” – Génesis 14:21 (RV 1960).

Dios desea que cuidemos el corazón para que no amemos más al dinero que a las cosas que realmente tienen valor e impacto en nuestra vida; no seamos de los que amando a los bienes nos olvidemos de las personas, porque el enemigo está interesado en ganar personas que obtener bienes para llevar a cabo su plan de maldad.

Debemos aprender a no traicionar a otros por dinero, este recurso se hizo para bendecir a la gente, y la bendición no quita, sino que añade.

“La bendición de Jehová es la que enriquece, Y no añade tristeza con ella” – Proverbios 10:22 (RV1960).

Cuando las personas cuentan con los recursos monetarios suficientes, es un momento para que la relación con Dios se fortalezca y haya revelación de que el dinero no es más importante que el propio ser humano, la familia o los principios morales. Asimismo, se establece un compromiso con Dios en reconocer que su bondad le ha enriquecido y no la mano del hombre.

“Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram” – Génesis 14:22-23 (RV 1960).

Cada persona que cree en Jesús pasa a ser parte del linaje de Abraham, y toma acción en la promesa de Dios de multiplicarle y bendecirle hasta la saciedad, es partir de allí con esa acción del dar el 10% a un sacerdote para santificar el resto que se instituye la practica del diezmo, no bajo la ley sino bajo la gracia, porque es creado únicamente para bendecir al que lo da y el que no lo hace, impide que los suyos puedan ser bendecidos en esa área de forma correcta.

No existe nada que se pueda comparar con la presencia de Dios, y quien la conoce, no la cambiaría ni por todas las riquezas del mundo, por ello el diezmo representa la forma en que el Señor bendice a los suyos para prosperarlos por encima del sistema del mundo, liderado por el enemigo. Por medio de las promesas del Señor, y sin importar la situación, Dios cumplirá y buscará todas las maneras posibles de bendecirte.

Existen dos sistemas para prosperar: en el del mundo, el cual habrá un precio alto por obtener riquezas, o en el de Dios, el cual enriquece y no añade tristeza, perdura, dignifica y ofrece gran calidad de vida además de paz, valores que no vienen del dinero pero que vienen como consecuencia de reconocer a Dios como proveedor y tiene el control de todo.

Por ello, el diezmo es una decisión valiente de la persona, que sabe que reconociendo a Dios sobre todo como proveedor, tiene la revelación de que así será bendecido y prosperado conservando un corazón honesto que confía en lo que el Señor hace.

“Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año. Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para poner allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días” – Deuteronomio 14:22-23 (RV 1960).

El diezmo debe ser llevado al lugar donde estés siendo alimentado y enseñado por medio de la palabra de Dios, y aunque no hay problema en dar a otros ministerios, no es congruente con la permanencia que tiene en un lugar al que puede ser llamado como su casa espiritual y donde se reconoce que se exalta al Señor.

“Y si el camino fuere tan largo que no puedas llevarlo, por estar lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner en él su nombre, cuando Jehová tu Dios te bendijere, entonces lo venderás y guardarás el dinero en tu mano, y vendrás al lugar que Jehová tu Dios escogiere; y darás el dinero por todo lo que deseas, por vacas, por ovejas, por vino, por sidra, o por cualquier cosa que tú deseares; y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia” – Deuteronomio 14: 24:26 (RV 1960).

Existe una conexión entre lo que das y lo que deseas, porque lo que das se conecta con lo que deseas y lo que deseas se cumple con lo que das. La mentalidad y deseo de Dios no es por obtener tus propias riquezas, sino que por medio de su bendición y provisión puedas obtener todo lo que deseas, para el beneficio propio y el de los tuyos dentro de un pacto de provisión permanente transgeneracional.

“Mas ¡ay de vosotros, fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello” – Lucas 11:42 (RV 1960).

Para Dios es realmente importante la actitud con la que se da el diezmo, porque tal acción no te hace mejor que otra persona y no es una condición para que al ofrecer una ayuda, no se espere un agradecimiento eterno que alimente el ego. Quien ayuda a otros lo hace por amor y no por una recompensa.

“y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec” – Hebreos 5:10 (RV 1960).

Jesús en su rol de su sacerdote, el cual le habla a Dios de todos sus hijos e intercede por ellos, por lo tanto, cuando se diezma, se le está diezmando a Jesús, porque Él es nuestro sacerdote.