“Orando por un milagro”

1 Samuel 1:2-6: “Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, más Ana no los tenía. Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová. Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte. Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos. Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos.”

Elcana, tenía dos esposas, Penina una mujer a la cual Dios le había concedido tener tres hijos, y Ana, una mujer muy amada, pero que hasta ese momento no tenía la bendición de tener hijos; y sucede que la que tenía hijos, de alguna manera, molestaba, entristecía y amargaba a Ana, porque no los tenía.

Uno de los graves errores para recibir tu provisión y milagro es estar mirando lo que Dios está haciendo en otros y no en lo que Dios quiere hacer contigo; antes de recibir un milagro vendrá una prueba a tu corazón con personas que están a tu alrededor, porque puedes estar teniendo la motivación incorrecta, pidiendo para satisfacer tu posición ante los demás, Él no te va a dar un milagro para que alardees de él ante la gente y compitas con tu hermano, si Dios te va a bendecir es porque te ama y quiere cumplir su voluntad en tu vida. Ana tenía esposo, era amada, pero no tenía hijos, y es que cuando ves la vida de otros, encontrarás que aunque alguien tenga gracia, favor, dones y bendiciones, hay algo que le falta, porque todos tenemos algo que aun no nos ha llegado y el peor error es caer en amargura, debes cuidar tu corazón si quieres recibir un milagro.

Dios no da bendiciones incompletas, te quiere bendecir en todas las áreas de tu vida para que no te falte cosa alguna, Ana percibió que había algo más. Pero tu milagro empezará a gestarse cuando tu corazón se humille y se rinda, con pasión, lágrimas y deseo por un encuentro con Dios; llegó un momento en el que Ana empezó a desesperarse tanto y a decir algo no estoy haciendo bien en mi búsqueda a Dios y decide hacer algo, entrar en un nivel más alto de oración en la presencia de Dios. Los milagro están tan cerca cuando entiendes la revelación de que ellos están en una atmosfera más alta que el alma, las emociones, la envidia, la crítica y competencia, es una atmosfera de la presencia de Dios que te llevará a encontrarle el propósito de por qué Él te lo quiere dar.

1 Samuel 1:10. “Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.”

Cuando cambia el corazón, cambia el lenguaje y la motivación, vemos que Ana decide humillarse y derramar su alma en oración delante de Dios, ya no le reclamaba, y orando percibió lo que Dios le quería dar, porque cuando entramos en una oración profunda sabemos que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta.

Recuerda que con tu milagro debes honrar a Dios y servirle, Ana entendió que no iba a tener un hijo para presentárselo a los demás; hay un plan bien definido con el milagro que Dios quiere hacer en tu vida. Ana entró en un nivel mayor de oración, de una manera que Dios la oía, pero que el sacerdote no entendía, por lo que este llegó a juzgarla, sin embargo, ella no se ofendió sino que se mostró humilde y en sujeción ante el sacerdote, pues no recibirás un milagro estando fuera de autoridad, porque Dios es un Dios de orden, cuando te pones bajo autoridad, en oración, el amor a tu prójimo y alineas tu corazón, entonces estás listo para recibirlo.