“Llegó el tiempo”

No es tiempo de buscar culpables, perdemos tiempo al señalarnos y olvidarnos de que somos un país. Las culpas no alimentan a nadie ni ayudan a una persona enferma; nunca podrán levantar a un país, pero el perdón, el amor y la reconciliación, sí pueden. Los únicos capaces de lograr una recomposición social, son aquellos que tienen los valores de Jesús. Como creyentes, podemos llegar al corazón de cada venezolano, mediante la siembra de valores y principios. Como Iglesia, estamos llamados a llenar los espacios vacíos en nuestra sociedad, pues necesitamos una recomposición social urgentemente.

Hageo 1:2: “Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: Este pueblo dice: No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada.”

Cuando un pueblo no percibe los momentos de Dios, corren el peligro de perderse. Tenemos dos prioridades como Iglesia de Jesús: Conocer la voluntad de Dios y el tiempo de Dios. La salud de un pueblo dependía del funcionamiento de un templo, cada vez que el templo funcionaba correctamente, el pueblo era beneficiado y bendecido en todos los aspectos. No podemos tener una línea espiritual mala y un país bueno; pero si tenemos una línea espiritual buena, tendremos un país bueno. La influencia espiritual sobre una población es traída por medio del Espíritu Santo, el problema es cuando nos da miedo ejercerla. Lo contrario a esto, es el oscurantismo, y la única forma de combatirlo es a través de una línea espiritual.

Hageo 1:3-4: “Entonces vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: ¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?”

No es tiempo de retraernos en el oscurantismo y de preocuparnos por conseguir cómo satisfacer nuestras propias necesidades, haciendo a un lado la necesidad del prójimo. Debemos responder con energía y coraje al momento histórico que nuestro país está viviendo; no podemos ser cobardes. No podemos actuar conforme al miedo, pues éste nunca ha sido el libertador de nadie; necesitamos de la valentía para traer la voluntad de Dios sobre nuestro país. En este pasaje, Dios está exhortando a un pueblo por su egoísmo de pensar que si se encargaban de sus pertenencias personales, no les importaría nada de los demás. Lo que suceda en el futuro de nuestro país, será culpa nuestra; tanto bueno como malo. ¿Vamos a ser cobardes para seguir escondiéndonos en los templos, o vamos a ser valientes para poner nuestras manos en el arado? Si no estamos apercibidos a la voluntad y el tiempo de Dios, seremos como los que trabajan mucho y no recogen nada.

Hageo 1:5-6: Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto.

¿Qué sucedió en ese país para que llegara a esa profunda crisis económica? El egoísmo cegó el corazón se sus pobladores. Y ante esto, Dios les plantea una solución:

Hageo 1:7-8: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos. Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová.”

Miqueas 2:1: “¡Ay de los que en sus camas piensan iniquidad y maquinan el mal, y cuando llega la mañana lo ejecutan, porque tienen en sus manos el poder!”

Hageo 1:9-11: “Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo. ¿Por qué? dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa. Por eso se detuvo de los cielos sobre vosotros la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos. Y llamé la sequía sobre esta tierra, y sobre los montes, sobre el trigo, sobre el vino, sobre el aceite, sobre todo lo que la tierra produce, sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre todo trabajo de manos.”

La actitud de ese pueblo produjo sequía en su tierra, y su error fue obrar en egoísmo. Tal cual le sucedió al pueblo de Israel, cuando se encontraban en medio del desierto, pensaron que podían acumular el maná -el alimento que Dios les daba día a día- y al acapararlo para guardarlo, al día siguiente notaban que el maná se convertía en gusanos. De nada vale acaparar en tiempos de crisis; el orgullo es la peor actitud que se puede tomar.

Hageo 1:12: “ Y oyó Zorobabel hijo de Salatiel, y Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y todo el resto del pueblo, la voz de Jehová su Dios, y las palabras del profeta Hageo, como le había enviado Jehová su Dios; y temió el pueblo delante de Jehová.”

Cuando los sacerdotes escucharon lo que el hombre de Dios tenía que decirles, les vino la convicción de que buscar a Dios sería la solución. Al hablar de temor, en este caso se refiere a la convicción.

Hageo 1:13: “Entonces Hageo, enviado de Jehová, habló por mandato de Jehová al pueblo, diciendo: Yo estoy con vosotros, dice Jehová.”

Finalmente, cuando el pueblo escuchó y entendió que actuar con egoísmo no era lo correcto y que iban por mal camino, Dios les habló diciéndoles que, si se levantaban para trabajar y seguir Su consejo, entonces Él estaría con ellos.  Al pasar el tiempo, Dios notó que el pueblo comenzó a unirse y a trabajar, a transformar las apariencias exteriores para dignificar la apariencia interior de alguien, a sembrar esperanza, a llevar valores, por lo que Él preguntó:

Hageo 2:3-8: “¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto esta casa en su gloria primera, y cómo la veis ahora? ¿No es ella como nada delante de vuestros ojos? Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también, Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote; y cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y trabajad; porque yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos. Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros, no temáis. Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

Una vez más, los venezolanos nos haremos grandes por nuestro corazón y abriremos los brazos de nuevo a aquellos que nos cerraron las fronteras, porque eso hace a un país grande. La grandeza de un país no la define ni su oro ni su petróleo, sino su gente.

Hageo 2:8-9; 19: “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos… ¿No está aún la simiente en el granero? Ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el árbol de olivo ha florecido todavía; mas desde este día os bendeciré.”

Este es al nuncio claro de lo que viene mañana. No sé por lo que tendremos que pasar, no conozco el tránsito del camino, pero sé a dónde vamos. Y si tenemos una visión clara del destino al que vamos, los obstáculos en el camino no nos impedirán llegar. ¡Dios ha anunciado que estará con nosotros! Lo que viene está determinado por lo que hagamos, y tenemos que ser responsables con este momento histórico que estamos viviendo, tenemos que ser valientes y esforzarnos. Hay que ser valientes como para hacer que sucedan. Este es el tiempo que Dios ha estado anunciando, ¡y estoy convencido de que ese tiempo ha llegado!  La gran pregunta es: ¿Estamos dispuestos a accionar en el tiempo que Dios nos está pidiendo? Si es así, veremos llegar esos días de gloria.