Espera un milagro

A todos en la vida nos llega un momento difícil, un día malo; nos sucede algo que nos golpea, y esto nos puede llevar a sentirnos víctimas. Este es un sentimiento peligroso, porque Dios no nos creó para ser víctima de las circunstancias, sino para tener una mentalidad de victoria. Dice la Palabra de Dios que Él nos pondrá por cabeza y no por cola; por encima, y no debajo de las circunstancias (Deuteronomio 28:13). Cuando Dios crea al primer hombre, a Adán y a Eva, les entrega el mundo que había creado, y les dice que lo sojuzgaran, lo sometieran, lo gobernaran y reinaran sobre él; en otras palabras, Él creó a sus hijos para que estuvieran por encima de las circunstancias de la Tierra, y no para que lo hicieran víctimas de ellas. Dios nos hizo sus hijos para gobernar sobre las circunstancias, no para ser víctimas de estas.

Ante las circunstancias adversas de la vida no podemos permanecer pasivos, sino confesar la Palabra, porque a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien. Muchas veces estamos orando ante Dios desde una posición de víctima y no como hijos del Rey de reyes y Señor de señores. Debemos saber que a Dios no lo mueve la lástima, sino la fe.

Lo que frena un milagro, o la expectativa del mismo, es el espíritu y mentalidad de víctima, el cual encarcela la fe y es un asesino de la esperanza. Jesús murió en la cruz para que no seamos víctimas del pasado y de ninguna circunstancia presente. Dios siempre va a respaldar a alguien con un espíritu de vencedor. Él se encarga de transformar lo doloroso en provechoso.

Hebreos 11:1,6: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”.

La fe no son convicciones vacías, sino que tienen una certeza – es por ello que tenemos expectativas de que algo grande va a pasar con nuestro país –. Si queremos un milagro, lo primero que debemos tener es expectativas positivas de lo que queremos alcanzar; ningún milagro ocurre sin fe. Fe es creer que Dios va a responder la oración que estamos haciendo, y dice la Biblia que lo que no proviene de fe, es pecado. No emprendamos nada sin fe, porque para el que cree todo le es posible. (Marcos 9:23).

La fe tiene que estar basada en la Palabra de Dios, porque solo de esta forma recibiremos nuestro milagro. Todos tenemos fe, pero debemos colocarla en el lugar correcto, porque muchas veces la estamos colocando en el lugar incorrecto. La fe debe estar colocada siempre en Dios, no en las promesas de personas, porque solo Dios nunca falla. Cuando la fe es colocada en Dios, se activa nuestro milagro.

Confesemos con nuestra boca lo que estamos creyendo. Las palabras son semillas, y lo que sembramos, cosechamos. Cuando hablamos de continuo lo que creemos, le damos vida a lo que estamos creyendo. Nuestras palabras profetizan nuestro futuro. Si tenemos una boca pobre, viviremos pobres. Si no nos gusta lo que estamos viendo, cambiemos lo que estamos diciendo; si queremos tener una vida abundante, tengamos una boca abundante. Dice la Biblia que la muerte y la vida están en poder de la lengua. (Proverbios 18:21).

Hebreos 13:15: “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre”.

Cuando hablamos la Palabra de Dios, le profetizamos a nuestro futuro. Empecemos a llamar con las promesas de Dios lo que estamos creyendo. Esperemos nuestro milagro, porque aunque tardare de seguro vendrá. Dios dijo que venían días de gloria para Venezuela, y aunque tarden, esperémoslos y tengamos expectativas, porque de cierto vendrá. ¡Viene días gloria para Venezuela, para nuestras vidas y para nuestras finanzas! ¡Un milagro viene sobre nuestra vida!