“EL VIAJE DE JESÚS AL DESIERTO” (SERVICIO DE JÓVENES)

Hay un desierto que es por tu propia desobediencia, pero hay otro desierto que es al que Dios te lleva para entrenarte, equiparte y enseñarte a ganar, usted no va a salir del desierto a ganar, usted empieza a ganar desde el mismo momento que entra en el desierto en obediencia a Dios, porque ese es el lugar de entrenamiento, y si sabes ganar en el desierto, sabrás ganar en cada área de tu vida. El desierto es el lugar donde te acercas más a Dios y Dios es formado en tu corazón.

Lucas 4:1-2: “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo…”

Jesús no pudo evitar la etapa del proceso en su vida, el viaje de Jesús al desierto no comenzó en el momento en que el espíritu santo lo lleva a un desierto por cuarenta días, el viaje comenzó desde el cielo, cuando el Padre dice a quién enviaré a la tierra en nuestro nombre, quién irá a nuestro favor, y ahí aparece Jesús para hacer la voluntad del Padre y despojarse de su gloria eterna y venir a la tierra a estar con nosotros, luego el Espíritu Santo lo va llevando por el proceso y lo lleva a un lugar de desierto por cuarenta días de ayuno y oración, cuarenta días para estar cerca de Dios.

Jesús siempre fue guiado por el Padre a través del Espíritu Santo, y por su obediencia al Padre obtiene una gran victoria, por lo que el cielo se abre y Dios habla y dice: “Este es mi hijo amado en quien yo tengo complacencia”, Dios conoce tu nombre y sabe que tiene un propósito contigo y cuando tú eres obediente a Dios, Él confirma primero tu identidad como su hijo, y quizá no seas reconocido en la tierra por los hombres, pero el cielo te reconoce como hijo de Dios por tu obediencia y eso es lo que importa; cuando el cielo te reconoce por tu obediencia, habla de tu propósito y llamado. Dios conoce tu nombre y por tu obediencia, todos se enteran que Dios va  a hacer algo contigo, pero todos pensamos que cuando Dios dice que va a hacer algo con nosotros ya todo esta listo, pero no es así, por el contrario es cuando inicia la prueba, el proceso.

Muchas veces nos enfocamos en lo que vamos a hacer, pero esto no se trata de que haya que hacer, sino de cuanto debemos ser transformados y cambiados, de cuanto debemos obedecer y cuanto debemos parecernos a Cristo. Si logramos ser semejantes a Cristo en nuestro proceso, entonces el desierto para nosotros será una bendición; si es el Espíritu Santo el que te lleva al desierto y caminas como Jesús caminó en él, no serás el mismo y saldrás de allí cambiado, transformado, preparado y listo para cosas grandes.

El primer principio que debes aprender para sostenerte en el desierto, es que no debes entrar a él sin el Espíritu Santo, lo que llevó al desierto a Jesús no fue su desobediencia, ni los problemas económicos, lo llevó el Espíritu Santo. Cuando usted le entrega su vida a Cristo, usted pasa a ser propiedad de Dios y tu vida está en sus manos, así que por donde usted pase y lo que pase con su vida es un plan de Dios, para mejorarte, cambiarte, perfeccionarte, usarte, equiparte; que terrible es ir a un desierto por tu propia desobediencia. Jesús sabía que si entraba al desierto guiado por el Espíritu Santo, el Espíritu Santo lo llevaría por caminos de bendición y victoria, aunque hubiese momentos difíciles Él sabía que saldría de ese lugar completamente equipado, transformado y cambiado, no temas dejarte guiar por el Espíritu Santo, porque Él conoce el camino.

El desierto empieza a separarte de lo común y lo corriente, para saber de qué estás hecho, para saber si en realidad has creído y atesorado en tu corazón la Palabra que Dios te ha dicho. Cuando Jesús entra al desierto, entra en un lugar de intimidad y privacidad con Dios, y ese es el mayor trabajo del Espíritu Santo, llevarnos a conocer al Dios que nos llamó, y  formar a Cristo dentro de nosotros; en el desierto debemos aprender a amar más la presencia de Dios, allí en lo secreto, que los aplausos en publico, si logras conquistar la presencia de Dios en el desierto, no habrá lugar publico donde Dios no te respalde. El desierto hace morir en ti, lo que ambientes de abundancia no pueden, hay áreas que no van a morir en ti, sino vas al desierto. No puedes vivir del Dios que conocieron tus padres, entras al desierto para conocer a tu propio Dios; el desierto viene para hacerte saber en que áreas estás incompleto, para que te humilles, te rindas, busques a Dios y le digas complétame lo que me hace falta, porque el desierto dura lo que tu tardas en madurar.

Las fisuras pueden estar en el corazón, el desierto viene para probarte el corazón porque lo único que le puedes ofrecer a Dios para que te use en grande, es el corazón, y si el corazón se llena de queja, de crítica, se daña y Dios no puede usar un corazón dañado, pero un corazón puro Dios lo saca del desierto y lo usa.

Deuteronomio 8:1-2: “Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres. Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.”

Tu mayor alimento debe ser la Palabra que sale de la boca de Dios, cuida tu lenguaje en medio del desierto, porque en la lengua está la bendición y la maldición, no aprenda a hablar como el montón en el desierto, oiga a Dios, viva de la boca de Dios y repita lo que Él esta diciendo si quiere salir bien parado del desierto; en medio del desierto mantén la alabanza y la acción de gracias. En un desierto a usted se le aumenta el deseo, tanto de la carne, del alma, de los ojos; cuando Jesús entra al desierto, el Espíritu Santo lo lleva a ayunar, y empieza a tener un deseo de comer, un deseo de la carne no es malo, porque Satanás no nos hace pecar muchas veces con deseos impuros de la carne, sino con cosas que son naturales, pero nos las ofrece fuera de la voluntad de Dios y en desobediencia a Él. La primera victoria que lograr, que en medio del desierto no pierdas la perspectiva de la Palabra de Dios y que ningún deseo sea mayor que tu deseo por Dios. Jesús no se dejo llevar por el deseo de los ojos, mantén tu adoración, que Jesús sea tu Señor, que su voluntad, su Palabra y el llamado que te ha hecho, sean todo tu deseo, y sírvelo no te desconectes del servicio porque en el desierto el que se desconecta del servicio termina tomando el camino fácil, que lo lleva finalmente a una desconexión de su propósito con Dios. El que vence a Satanás en el desierto, lo vence en todas las arenas y atmosferas de su vida.

Que peligro es la tentación, la prueba de la vanagloria de la vida, hazlo a tu manera, para desobedecer a Dios, el desobediente siempre se busca un verso bíblico y lo saca de contexto para hacer su voluntad, usted podrá decir que Dios le habló  pero lo que realmente habla es el fruto y no de uno o dos años, sino el fruto de toda una vida, ahí es donde se va a ver si usted en realidad caminó en la Palabra de Dios o lo que quiso hacer fue su propia voluntad, o buscar el aplauso, el reconocimiento de la gente, lo que pasa es que en el desierto no hay muchos aplausos ni mucha gente, y cuando se apagan las luces y ya no hay tanto reconocimiento, nos sentimos como que no estamos en la voluntad de Dios, pero los que entienden su proceso comprenden que la vanagloria de la vida nunca será el camino que Dios ha escogido para hacerte grande, sino la humildad ante tu Señor, morir a ti mismo, a tu voluntad, te llevará a la grandeza mañana, la tentación más grande no será hacer una cosa mala, sino morir a tu propia voluntad. Sabe que quiere Dios en el corazón de cada joven que pasa por el desierto, que venza el deseo de fama, de reconocimiento y de vivir del qué dirán de los demás, hay gente que no ha muerto a su voluntad y andan buscando la aprobación de todo el mundo, porque viven del qué dirán y en el desierto no se vive del qué dirán, se vive de la boca de Dios, del favor y la misericordia de Dios.

Joven, Jesús vence a Satanás en la arena donde él más  ha perdido, en la arena del orgullo y Satanás trata de soplar ese orgullo para ver si damos el paso por soberbia, pero cuando usted tiene más deseo por Dios, que por los deseos que Satanás te alimenta, ya no puede tentarte más, porque sin deseo no hay tentación, si tu deseo está en Dios no tiene con qué tentarte. Los que entienden la voluntad de Dios y el poder del Espíritu Santo, no solamente salen ellos del desierto sino que sacan a toda su generación. Los procesos y los desiertos se acaban, cuando en el desierto rediriges tú deseo a Dios por encima de cualquier otro deseo. Hay una generación de espíritu joven que marcan con su actitud que el tiempo del desierto ha terminado y hay que salir de él, los jóvenes son los primeros que empiezan a percibir que una tierra nueva está por manifestarse, y sabe que es lo primero que le viene a esa generación de jóvenes, les viene un espíritu diferente, en otras palabras comienzan a comportarse diferente a como se comporta el resto de la sociedad. Los que salen del desierto se atreven a decirle a todo el mundo que lo  que Dios dijo era verdad, no somos de los que retroceden ni se acobardan ni vuelven atrás, sino de los que tienen fe para preservación del alma.

Pastor Yobany Blanco (Sábado 25-11-2017)