Último Servicio JEF 2014 “Mi Nombre es Gracia” (10-12-14)

Juan 3:16:”Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

La gracia es el regalo inmerecido de Dios, la gracia es Jesús, Él no se limita por tus pecados. Lo tienes siempre a tu lado y no te has dado cuenta, porque estás esperando experimentar algo sobrenatural, pero Jesús también es sencillo.

No hay gracia sin Jesús, el primer paso para dejar de pecar es conocer y amar a Jesús. Habrá piedras y tropezarás, pero si vas de la mano de Jesús no vas a caer. Después que conozcas a Jesús, vas a desear amarle y no tropezar en el pecado, porque cada vez que pecas abres sus heridas, ya que su sangre es la que te limpia.

Habrá un momento en que no querrás tropezar en el pecado, pero mientras esto sucede, cuando caigas, ¡corre a los brazos de Jesús! Lo que hace que te acerques a Jesús es tu condición de pecador, sabiendo que no eres lo suficiente y que no eres nada sin Él. Cada vez que caigas tienes que levantarte, no puedes quedarte en el piso, ¡porque tienes el poder de la sangre de Cristo!

El primer paso es conocer a Jesús, amarlo y que Él se revele a tu corazón. Si vas tomado de su mano, no vas a caer. La voz de Dios te libera y te restaura, cuantas veces lo necesites, la gracia nunca se va a acabar, porque la gracia es Jesús.

Él clavó tu pecado, condenación y culpa en el madero, para que entiendas que debes amarle hasta las últimas consecuencias ¡Jesús es más atractivo, deseable y hermoso que el pecado!

No tienes que contarle tu pecado a otra persona, porque también batalla con sus debilidades. Tienes que correr a Jesús, Él es quien puede limpiarte del pecado. Jesús te regala perdón y misericordia, para que le ames y le sigas. Si te preocupas por conocer a Jesús el pecado pasa a segundo plano.

A Jesús le repugna la religión y las personas que condenan, porque el único condenador es el diablo. Cuando Jesús buscó a sus discípulos no los buscó en la iglesia, los buscó en la calle, porque los sanos no tienen necesidad de medicina, los enfermos sí. ¡Guerrero! levanta tu rostro y sé libre, los que te condenan se han ido y Jesús tampoco te condena.

Pastora Rebeca Bertucci