NO SE TRATA DE MÍ (SERVICIO DE JÓVENES)

Pastor Francisco Barrios

(Sábado 23-06-2018)

Dios quiere bendecirte, pero depende de ti cuánto quieres ser bendecido. Ciertamente tenemos y vivimos en una sociedad y un mundo de consumidores, tenemos esa influencia en la sociedad, por lo que hay una Iglesia consumidora que solo pide Palabra. Dios está constantemente trabajando en nosotros cuando le abrimos el corazón, pero abrir el corazón implica enamorarnos de Él y tomar la decisión de seguirlo; es por ello que Jesús dijo: “Si alguno quiere venir conmigo niéguese asimismo, tome su cruz y sígame”, así que se trata de renunciar a nosotros y a las cosas que nos alejan de Dios. A veces sentimos que Jesús nos toca y luego no sentimos su presencia más, pero es aquí cuando debemos entender que Él nos da oportunidad de que lo sigamos y lo busquemos.

Te has preguntado ¿qué quiere Dios de ti? Cuando un joven abre la puerta de su corazón es una decisión que toma; la vida está llena de decisiones, si nuestras decisiones son buenas, tendremos un buen futuro; si no lo son, tendremos llanto, dolor y lágrimas. Creemos que cuando Jesús va a hacer algo con nosotros es de la noche a la mañana, y nos frustramos porque aún no somos cambiados, pero mientras nos mantengamos persiguiendo a Jesús, Él trabajará en nosotros, a veces no entendemos cómo Dios trabaja, y puede que no lo entendamos, pero aún así, Él está trabajando. El crecimiento lo da Dios, Él trabajará para que nos parezcamos a Jesús y todos alcancemos la medida de la plenitud de Cristo, pero es un proceso. Tú no estás por casualidad, no eres una casualidad, Dios siempre tiene un plan y un sueño, el sueña en el mundo espiritual y empieza a trabajar en el mundo físico.

Cuando tomas la decisión de seguir a Jesús, comienza dentro de nosotros un nuevo nacimiento y Dios empieza a formar lo que planeó en el cielo. Dios es un Dios de proceso y empezará a procesarnos, aunque muchas veces no entendamos su proceso y la manera en la que Él trabaja, pero aún así, allí está Él trabajando por nosotros.

Es triste que lo que Dios puso en nosotros, no le permitamos desarrollarlo y nos vayamos a la tumba sin ver ese tesoro que Él tiene para nuestras vidas. La única forma de perseguir a Jesús es dejar de ser un consumidor y empezar a ser un dador. Dios va a trabajar en nosotros hasta donde se lo permitamos y  a veces tenemos que confrontarnos con cosas para que entendamos que eso estaba en nuestro corazón. Dios creó al hombre espiritual y luego creó el cuerpo, tenemos el ADN del cielo, allí comienza ese ser espiritual, donde radica poder suspender leyes de la naturaleza, de donde salen las fuerzas cuando nuestro hombre exterior no puede más; es lo que algunos psicólogos llaman energías positivas, esa fuerza espiritual que ha hecho que los hombres hagan cosas que más nadie puede hacer.

Cuando Adán pecó Dios lo sacó del ambiente espiritual, es por ello que al no estar en el ambiente al cual pertenecemos estamos disminuidos. Jesús no estaba en su ambiente así que tuvo que orar cuando estaba en la tierra, porque cuando oramos nos conectamos al lugar de donde somos. Si no tenemos una conexión con nuestra naturaleza original estamos disminuidos, si estamos disminuidos el pecado estará rondándonos y el fracaso estará presente, pero si oramos y nos conectamos, usamos el poder que hay en nosotros para dejar de estar en fracaso.

Cuando oramos, nos llenamos de la Presencia de Dios y llegamos al lugar de donde somos, donde nuestra verdadera naturaleza se conecta con Dios y traemos Su gloria. Todo comienza pequeño y Dios nos llevará poco a poco a transformarnos. La cruz representa el lugar del sacrificio, pero en ese seguir a Dios, Él nos dará cosas que no pedimos y cosas que hemos deseado, porque no hay nadie que haya dejado todo por Jesús y que no reciba sus bendiciones. Cuando oramos pidiendo el Reino de Dios, empezamos a ganar, somos empoderados y logramos vencer la necesidad.

Debemos tener cuidado con lo que oímos y vemos, porque por allí es que entra Satanás para apartarnos de Dios. Si no aprendemos a orar no tendremos autoridad sobre los demonios, porque la oración es el lugar donde la autoridad es dada y Jesús nos transformará. Si abrimos la puerta de nuestra vida a Jesús nos evitaremos tragedias y cicatrices en el corazón.

Hoy se abre una puerta para tomar la decisión de tener una vida de oración en la que le dediquemos tiempo a Dios. Cuando hablamos con Dios, distinguimos su voz; Él nos habla cuando en su presencia sabemos lo que su corazón siente. Si miramos el corazón de Jesús y lo conocemos, no necesitamos más nada, ya sabemos lo que debemos cambiar y podemos ver lo que tiene para nosotros, es un lenguaje que no podemos explicar.