“Vienen días de gloria”

Cuando Dios le hace un llamado a alguien las excusas no cuentan y empieza a valer la obediencia, porque en este mundo los líderes se miden por sus logros, pero en la línea cristiana se miden por su obediencia. Un líder no se hace de un día para otro, lleva tiempo y un líder cristiano no es lo que se dice que es, sino lo que Dios dice que es. No se puede evaluar a un líder por una acción, se debe hacer por toda una vida. Las carreras tienen un fin, pero la fe debe permanecer. Dios le hizo saber a Moisés que su destino no dependía de lo que él hiciera, sino de la obediencia que tuviera.

Éxodo 6:9: “De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel; pero ellos no escuchaban a Moisés a causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre.”

Muchas veces la crisis de un pueblo distorsiona tanto su visión de futuro, que estos no creen que puedan ser liberados de ella, aun más, empiezan a hacerse ideas de las formas que deben ser liberados y casi se obligan a creer en esas formas. Cuando Moisés se entera que va a ser el libertador, él cree que lo hará por la vía de la violencia, pero luego entiende que esa no es la forma. El pueblo israelí pasó 460 años esperando ser liberado y aunque pasó todo ese tiempo, Moisés seguía diciendo “Dios oyó su clamor” o “vienen días de gloria”.

Un buen líder no habla lo que la gente dice, anuncia lo que Dios dice y aunque algunos no le crean por un tiempo, la entereza debe ser continuar, Moisés sabía que Dios iba a cumplir su Palabra, Él no sabía cómo ni cuándo lo iba a hacer, pero estaba seguro de que lo haría. Sorprendentemente Moisés se fue al palacio a hablar con Faraón y algunos empezaron a decir “nos traicionó”, pero Moisés estaba en el palacio diciéndole al Faraón “deja ir a mi pueblo”; porque un verdadero líder ama a su pueblo a pesar de los que lo atacan.

Éxodo 5:22: “Entonces Moisés se volvió a Jehová, y dijo: Señor, ¿por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste?”

Moisés en un momento sintió el embate de no haber logrado en esa oportunidad lo que se había previsto que se lograra. Ahora, la prueba no era para el pueblo, era para Moisés; él se sentía decepcionado, pero Dios quería saber si Moisés obedecería hasta las últimas consecuencias, si actuaría por lo que podría lograr o si lo hacía por lo que Dios era.

El tiempo de la libertad cada vez se acerca más, cada día que pasa es un día menos de oprobio y se acerca la libertad para este pueblo. No podemos descansar, yo seguiré convencido de que Dios prometió días de gloria para este país. No hay que esperar libertad, hay que hacerla, trabajar por ella. Los pueblos civilizados no se arreglan con violencia, porque ésta es usada por los que no entienden ni conocen el tiempo, siempre habrá alguien llamando a la violencia, pero ¿podría Moisés dirigir a su pueblo a la violencia cuando las armas estaban del otro lado? Gracias a Dios Moisés era sabio.

Éxodo 12:51: “Y en aquel mismo día sacó Jehová a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus ejércitos.”

La carrera de los libertadores nunca fue de un día para otro, pero fue. El fracaso es fracaso solo cuando se deja de intentar. No sé cuánto tiempo me tome libertar a este pueblo, pero con la ayuda de Dios les prometo que los voy a libertar. El día que Jesús llegó a la cruz, todos pensaron que era una derrota; pero lo que no sabían es que esa cruz era el principio de una gran victoria. ¡Nunca pierdan la esperanza!