“El verdadero propósito de la oración”

¡Es tiempo de orar, porque es tiempo de que los cielos se abran! No existe tal cosa como orar sin fe, porque sin fe es imposible agradar a Dios. Se requiere fe para orar porque el que ora, requiere confianza absoluta en aquel que va a obrar a su favor. El que ora sabe que Dios hará algo a su favor. Si algo no podemos dejar de hacer es orar. No puedes dejar de orar así no veas resultados inmediatos. El hecho de que hoy no veas tu respuesta no quiere decir que mañana no la vayas a ver. Yo no puedo abandonar mi oración, porque en el momento en que eso pasa, pierdo la fe.

Hay una convocatoria en el cielo de que oremos para que algo suceda. La oración no puede ser un momento en un servicio, la oración debe ser un estilo de vida. El que deja de orar, deja de creer, y el que deja de creer deja de avanzar. El secreto de la oración está en no dejar de hacerlo. Si no estás viendo la respuesta de tu oración es porque esta no es persistente. La oración hace que lo sobrenatural se manifieste. ¡No te rindas nunca en tu vida de oración! ¡Sigue orando, sigue creyendo!

La respuesta de Dios para este país está en la oración. La oración debe tener una respuesta, un fruto o un resultado. Tenemos que mover a Dios para que se levante y nos ayude. ¡Nuestra oración tiene que mover a Dios! La oración no consiste en repetir palabras, consiste en recordarle a Dios su Palabra y sus promesas; pero cuando no conoces la Biblia, no tienes palabra para orar. ¡Tu oración debe tener un blanco! Nadie puede orar con incredulidad, hay que hacerlo confiando y creyendo en el poder de Dios. La oración tiene el poder de hacer que Dios nos atienda. El propósito de la oración es cambiar las cosas. Orar es entrar a la presencia de Dios, pero debemos hacerlo con fe, confiados en que Él nos oye.

La sangre de Jesús es el mayor argumento que tienes para con el Padre. ¡No hay condenación para los que están en Cristo Jesús! Mientras más ores, la voluntad de Dios más se va a revelar en tu vida. Cuando conocemos la voluntad de Dios, nos alineamos a ella. Mi oración no puede contener egoísmo. La oración siempre traerá también el arrepentimiento. Cuando oramos conocemos quienes somos para Dios y quien es Él para nosotros.