“Venciendo el desánimo”

El Cielo quiere desatar bendiciones y hacer manantiales de agua en medio del desierto. El hombre y el sistema dicen que no es el mejor momento para hacerlo, pero el Cielo está diciendo: ¡Este es el momento!

Tal vez te encuentras desanimado porque has luchado constantemente con la salud; porque tu esposo/so tu hijo/a te preocupa en gran manera; o quizá un líder te ha decepcionado; probablemente te encuentras afligido porque nunca tienes dinero en la cuenta, pero todo esto es un elemento ineludible en la vida del ser humano, porque estamos expuestos a ser decepcionados por muchas razones, pero JESÚS NUNCA TE DECEPCIONARÁ. Es ahí, cuando llegan a nuestra mente los pensamientos de derrota, las interrogantes y las dudas, nos invade la incertidumbre y desconfiamos de lo que Dios nos dice.

En la Biblia, se relata la vida de un hombre llamado David, quien luchaba constantemente con el desánimo y el desaliento. En muchos de los libros que él escribió, expresaba repetidas veces las razones por las que se entristecía. Su propio hijo le dio un golpe de estado, le quitó a su esposa, y le robó la autoridad sobre su propio reino… razones suficientes

Salmo 42:11: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle; Salvación mía y Dios mío”.

Es posible que tres días después de haber escrito este capítulo, escribió en el capítulo 43, una plegaria a Dios

Salmo 43:6: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí?Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío”.

David, luego de vivir tantas experiencias que le daban muchas razones para decepcionarse y frustrarse, consiguió la manera de vencerlo.

1 Samuel 29:6: “Y Aquis llamó a David y le dijo: Vive Jehová, que tú has sido recto, y que me ha parecido bien tu salida y tu entrada en el campamento conmigo, y que ninguna cosa mala he hallado en ti desde el día que viniste a mí hasta hoy; mas a los ojos de los príncipes no agradas. Vuélvete, pues, y vete en paz, para no desagradar a los príncipes de los filisteos. Y David respondió a Aquis: ¿Qué he hecho? ¿Qué has hallado en tu siervo desde el día que estoy contigo hasta hoy, para que yo no vaya y pelee contra los enemigos de mi señor el rey? Y Aquis respondió a David, y dijo: Yo sé que tú eres bueno ante mis ojos, como un ángel de Dios; pero los príncipes de los filisteos me han dicho: No venga con nosotros a la batalla. Levántate, pues, de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; y levantándoos al amanecer, marchad”.

David quería ayudar en la guerra que se había desatado para entonces, por lo que él se ofreció como voluntario, y sin embargo, el rey que gobernaba en ese tiempo le dijo que los príncipes lo desaprobaban y que no llenaba las expectativas o requisitos necesarios para pelear. Asimismo, sufrió pérdidas enormes que difícilmente un ser humano soportaría. Esta historia está reflejada en 1 Samuel 30:1.

1 Samuel 30:1: “Cuando David y sus hombres vinieron a Siclag al tercer día, los de Amalec habían invadido el Neguev y a Siclag, y habían asolado a Siclag y le habían prendido fuego. Y se habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los que estaban allí, desde el menor hasta el mayor; pero a nadie habían dado muerte, sino se los habían llevado al seguir su camino. Vino, pues, David con los suyos a la ciudad, y he aquí que estaba quemada, y sus mujeres y sus hijos e hijas habían sido llevados cautivos”.

David había perdido todos sus bienes, a toda su familia y su ciudad había sido destruida y al igual que él, sus hombres se quedaron sin nada. Todos se encontraban absolutamente desanimados, llorando hasta que las fuerzas se les habían agotado, tras sufrir hechos y tragedias inhumanas; quizá se preguntaron, “¿Por qué a mí?”. Esto mismo pudo haber dicho Jesús, quien padeció todo tipo de males de manera injusta e inmerecida y sin embargo, nunca dejó de hacer la voluntad de Dios.

1 Samuel 30:4-6: “Entonces David y la gente que con él estaba alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar, las dos mujeres de David, Ahinoam jezreelita y Abigail la que fue mujer de Nabal el de Carmel, también eran cautivas. Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por sus hijas; mas David se fortaleció en Jehová su Dios”.

Estos hombres se encontraban angustiados en gran manera, y en situaciones similares, la reacción natural del hombre es buscar un culpable. En este caso, todos culpaban a David y querían matarlo. El desánimo produce amargura y desaliento.

Por otra parte, es importante entender el significado de Fortaleza y Desánimo. El desánimo significa: “Sentimiento de desesperanza que elegimos”; esta interpretación bíblica es aprobada aun por los científicos y psicólogos; es un sentimiento que decidimos adoptar o al contrario, desecharlo. No obstante, el fortalecerse significa “Cobrar ánimo”. Esto es lo que hizo David cada vez que enfrentaba dificultades de gran magnitud.

La clave para una vida de victoria y alejados de el fracaso, está en saber escoger la fortaleza en nuestro Dios. Esto lo puso en práctica el rey David, cuando dijo: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío”.

En todo lo que hagas habrá un mal desempeño y pérdida de la confianza si decides permanecer con un  pensamiento de desánimo. Muchos hombres y mujeres hijos de Dios han vivido injusticias, y lo más seguro es que como humanos llegaron a pensar: “No hice nada malo para merecer esto”, “¿Por qué me pasa esto a mí?”; pero por encima de eso, no dejaron de servir a Dios, no dejaron de amarlo ni de buscarlo… Ellos obedecieron a Dios.

Tu actitud frente a las circunstancias, determinará tu victoria. Tú decides si pensar siempre negativamente o levantarte y vencer el desánimo.

¿Qué hizo David para vencer al desánimo?:

  1. Buscar a Dios y su consejo.

1 Samuel 30:8: “Y dijo David al sacerdote Abiatar hijo de Ahimelec: Yo te ruego que me acerques el efod. Y Abiatar acercó el efod a David”.

El Efod, representa la búsqueda de Dios y consultar las cosas con él. Decide buscar a Dios. No seas como los que no buscan a Dios, no se congregan ni leen la Biblia porque “no sienten a Dios”, “no tienen ganas de esforzarse” o “no sienten paz”. Nuestra convicción como cristianos no debe estar fundamentada en sentimientos, sino en la fe en Dios, que nos ayuda a permanecer firmes en cualquier momento difícil y a no dudar de las promesas de Dios para nosotros.

Cuando Jesús iba a la cruz, le dijo a Dios: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú”. Él no sentía paz, al contrario, tenía un profundo sentimiento de angustia, pero no significaba que no fuese la voluntad de Dios;

Hay muchas cosas que te llevan a un sentimiento de angustia, pero en algunos momentos, es lo que te guiará a fortalecerte. Es necesario que descubras la voluntad de Dios en cada área de tu vida.

En los momentos de temor, dolor, desánimo, decepción o angustia, desecha todo pensamiento de derrota, y cobra valor por las Palabras de Dios para ti, que son propicias para cada necesidad.

  1. Confiar en Dios para hacer lo que Él le pidió

1 Samuel 30:9 “Partió, pues, David, él y los seiscientos hombres que con él estaban, y llegaron hasta el torrente de Besor, donde se quedaron algunos”.

No basta con ser un oidor olvidadizo de lo que Dios nos dice, tenemos que obedecer y poner en práctica lo que nos ha hablado. Él nos da la victoria, pero nos toca trabajar por ella.

Dios nos ha dejado su Palabra para aplicarla en cada situación que vivimos. Por eso, es tan importante que conozcas lo que verdaderamente Él dice.

Busca lo que dice Dios referente a tu área de debilidad, y ponla a la vista en tu casa. Puedes escribirlo en una hoja, y colgarlo en tu pared, tu cocina, tu cuarto o cualquier lugar que frecuentes, para que te nutras espiritualmente con las Palabras de Dios y no permitas que te invadan pensamientos negativos.

Salmo 23:4: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”.

Salmo 91:15: “Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré”.

Luego de mucho tiempo luchando con pensamientos de negatividad y derrota, David logra obtener la victoria que Dios tenía para él, y fue entonces cuando expresó: “Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría”.

¡Busca las promesas de Dios en el área de tu aflicción y aplícalas!

Hoy Dios quiere cambiar tu lamento en baile, y darte una vida llena de victorias. En medio de tu desánimo, empieza a buscar lo que dice Dios para cambiar la circunstancia que te abate y entristece y comienza a poner en práctica su Palabra. Fortalécete en el Señor, pues tu actitud frente a las circunstancias va a determinar tu victoria. Tú decides si pensar siempre negativamente o levantarte y vencer el desánimo.

¡El éxito, es el conjunto de todos los fracasos superados por la persistencia!