Cómo vencer en la lucha espiritual

Éxodo 17:8-13: “Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim. Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada”.

Todo hijo de Dios tendrá resistencia, porque la vida cristiana es de lucha continua. Esto nos debe llevar a estar apercibidos de las cosas con las que nos vamos a enfrentar, pues, somos nosotros quienes vamos a provocar la victoria en el mundo espiritual. Nada va a acontecer en lo natural a menos que ejerzamos autoridad en el mundo espiritual. En ocasiones, cuando atravesamos circunstancias adversas en lo natural, solamente atacamos el síntoma, sin darnos cuenta de que todo tiene una raíz en lo espiritual, lo que nos lleva a perder tiempo tratando de solventar las cosas naturales (los síntomas del problema); y claro que queremos cambiar los síntomas, pero para poder cambiarlos y sanarlos, tenemos que ir a la raíz del problema, y toda raíz tiene su origen en lo espiritual.

Debemos saber cuándo entramos en una guerra espiritual y el enemigo se para frente a nosotros para atacarnos, tratar de intimidarnos y robar nuestra bendición. Además, es necesario hacer muy bien nuestro trabajo en los tiempos en los que debemos entrenarnos; es decir, cuando hay paz, porque de esta forma, cuando llegue el conflicto, no retrocederemos, sino que avanzaremos. Si nos entrenamos bien en el tiempo de paz, seremos nosotros los primeros a quienes van a llamar en el tiempo de conflicto para que lideremos a aquellos con un espíritu igual al nuestro, y así batallar y conquistar la victoria. Tal vez nos preguntamos por qué estamos viviendo tanta persecución, pero la realidad es que las grandes batallas se les asignan a los grandes ejércitos. En nosotros, Dios ha encontrado gente valiente y dispuesta a pelear grandes batallas.

Una de las armas claves en medio del conflicto espiritual siempre será la humildad. El orgullo y la soberbia es lo que más trata de alentar Satanás en tiempos de batalla espiritual para que no podamos ser efectivos en nuestro oficio como hijos de Dios. Tenemos que cuidarnos de la vanagloria y de las palabras persuasivas que quieren levantar el ego. ¡Aprendamos a humillarnos ante Dios! Hay situaciones que lejos de hacernos daño, nos ayudan a estar postrados ante Dios, y hacer esto, trae como consecuencia que Dios escuche nuestra oración. Daniel permaneció 21 días orando y buscando a Dios en la tierra, y esto generó que en el mundo espiritual iniciara una guerra, específicamente en el segundo cielo, (huestes espirituales de maldad, lideradas por un principado), pero también a causa de esta oración y búsqueda de este hombre, se desataron ángeles con un querubín de guerra. Y mientras Daniel era afligido en su carne más, más buscaba a Dios, y su espíritu era fortalecido; porque si prevalecemos en nuestra búsqueda, el cielo va a traer respuesta, apoyo, fortaleza, ¡los cielos se van a abrir y va a llegar la repuesta a la tierra!

Ejerzamos fuerte presión espiritual; a través de ella vendrán las respuestas que necesitamos. Hay respuestas que aún no tenemos y es porque hemos soltado nuestro oficio espiritual. Quien se mantiene en su autoridad espiritual en medio de la lucha, cada día va conquistando más territorio en el Reino de Dios.

Mantenerse en la búsqueda espiritual constante hace que llegue el tiempo en el que el enemigo es echado fuera. Y cuando la batalla es ganada, el dedo señalador desaparece, porque el acusador de los hermanos ha sido echado fuera (Apocalipsis 12:10). Esto genera que entremos en la unidad y el amor del Reino. Los que habían sido perseguidos, acusados y oprimidos han vencido por medio de la Sangre del Cordero, por tanto, alegrémonos porque llegaron nuevos tiempos, ¡llegaron los tiempos de los victoriosos! Los que sembramos con lágrimas con alegría cosecharemos (Salmo 126:5). ¡No estamos solos! Peleemos esta lucha, mantengámonos en pie de batalla, tomemos las armas del Espíritu, y no bajemos las manos. ¡Levantemos las manos por nuestra familia, Iglesia y país!