¡Vamos a orar! (Servicio Especial de Oración por Venezuela)

Jesús mientras estuvo en la tierra se mantuvo orando, y sus discípulos aprendieron a orar a través de su ejemplo, pudieron observar como Él oraba en los buenos y en los malos momentos. Jesús mantuvo una vida de oración, y cuando llegó un día malo, un día difícil, en el Getsemaní, sus discípulos también lo vieron orar y Él les pidió que se unieran para orar, y así evitar la tentación de renunciar a lo que Dios quería y de ceder a las presiones del diablo.

En los momentos de lucha y de problema, juntémonos a otros y oremos, porque lo peor que se puede hacer en un momento difícil, es dejar de orar o de asistir a la iglesia para juntar nuestra fe con la de otros para orar. Cuando Jesús parte al cielo, sus discípulos mantuvieron la enseñanza que les había dado, que no era una teoría, era una vida lo que habían aprendido de Él, porque no hay nada más poderoso que alguien que predique con el ejemplo.

Jesús mantenía una vida de oración, pero cuando llegó un día difícil, pidió que todos se unieran para orar, así que, en los momentos de problema juntémonos a otros y oremos, porque lo peor que puede hacer un creyente en un momento difícil, es dejar de orar. Jesús vivió una vida de oración, y cuando Él partió de la tierra, sus discípulos siguieron este ejemplo, y empezaron a orar en el lugar que estuviesen, porque era un momento difícil, de persecución; ciento veinte se unieron a orar y en ese servicio de oración, llegó el Espíritu Santo. Los discípulos entendieron la importancia de la oración en todo tiempo, Jesús se los había enseñado, pero ahora ellos lo estaban viviendo.

Hechos 1:14: “Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.”

Los discípulos perseveraban en la oración, es decir, todo el tiempo lo estaban haciendo. Perseverar es permanecer, veamos o no lo que estamos pidiendo, y es que Jesús les refirió una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar.

Hechos 2: 42: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

Los discípulos entendieron que ellos iban a conquistar, en medio de una persecución, solo con la oración.

1 Timoteo 2:8: “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.

Debemos orar en todo lugar, no solamente en la iglesia, llevemos la oración a nuestros hogares y comunidades, porque así es que vamos a lograr la influencia y el impacto que debemos alcanzar; así fue que lo logró la Iglesia primera. No hay arma más poderosa que la oración, y el Reino de los Cielos viene cuando hay una Iglesia que ora. Debemos levantar altares de oración en los que todos podamos orar, porque algo va a pasar en este país cuando empecemos a hacer lo que la Iglesia primera hizo. ¡Llevemos la influencia de la oración a todo lugar!