“Unidos somos inquebrantables”

Juan 17:21-23: “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.”

El principio de la unidad empieza al entender la perfecta unión que tenemos por medio de Jesucristo con el Padre; y es que el éxito de Jesús se basó en decir: “el Padre está en mí y yo soy uno con Él, no vine a buscar mi propia voluntad, sino que he venido a hacer lo que el Padre me ha encomendado”, esa fue la clave del éxito del ministerio de Jesús. Para que el reino de Dios se expanda debemos entender el valor y el poder de la unidad, y lo que más va a atacar el enemigo en este tiempo es la unidad, porque él sabe que una casa dividida entre sí misma no puede prosperar.

Es interesante conocer el principio de la unidad, porque nada nos puede dividir afuera, si antes no halla cabida dentro de nosotros, y Satanás pierde su influencia en nuestras vidas, cuando dentro de la casa se mantiene el vínculo perfecto de la unidad; entonces tenemos que revisarnos adentro y empezar a pedirle al Espíritu Santo que arregle las cosas adentro, porque si todo está en orden, se reflejará afuera. Hay un principio que nos mantiene bajo la unidad y nos cuida el corazón, y es estar bajo autoridad, Jesús estaba bajo autoridad, Él no buscaba su propio plan, Él sabía que había una visión más grande que sus propios sueños y que su propia vida, y que tenía que colaborar y rendir su voluntad para poder ser un instrumento a un plan más grande que sus propios sueños.

Cuando nos unimos a Jesús y a sus principios, estamos ungidos, y la Biblia dice que Dios ungió a Jesús para echar fuera los demonios y sanar toda dolencia; es por ello, que cuando estamos ungidos, podemos desalojar potestades, y no hay demonio que tenga paz cuando hay una Iglesia que está ungida, ¡los ungidos traen libertad! Jesús dijo: “un reino divido contra sí mismo no puede prosperar”, no importa cuántas huestes, principados o potestades tenga el diablo, ni lo organizado que estén sus ejércitos contra la Iglesia de Cristo, si no logra que desde adentro nos ataquemos, su poder desde afuera no tiene influencia. No podemos atacar la visión a la que pertenecemos, aunque hayan cosas que no comprendamos, no ataquemos, recordemos que cada uno de nosotros cumple su función y todos colaboran para todos, así es como se mantiene la unidad perfecta de un cuerpo.

Efesios 4:1-3: “YO pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que sois llamados; Con toda humildad y mansedumbre, con paciencia soportando los unos á los otros en amor; Solícitos á guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.”

Hay gente que no es fácil, así que tenemos que soportarnos con paciencia, y lo lograremos asumiendo la determinación de estar unidos en paciencia y en amor. Para poder conquistar la unidad del espíritu, se debe pelear, esforzarse y romper cosas como el orgullo, egoísmo y desobediencias. Todo el esfuerzo y el precio que paguemos por mantener la unidad en la visión de Dios, no será en vano, detrás de esto vendrán grandes recompensas y bendiciones. No contendamos con nuestro hermano, porque esto no se trata de buscar culpables entre nosotros, es necesario entender que no somos perfectos, pero si el amor y la reconciliación están en nosotros, podremos soportar, tolerar y mantener el vínculo perfecto, en pro de una visión más grande, en la que todos seremos bendecidos. Recordemos que dos son mejor que uno, porque si uno cae el otro le ayuda a levantarse, y al que hoy ayudamos a levantarse, mañana nos puede ayudar a nosotros.

La gran prueba a nuestra promoción en este año será la unidad en el vínculo perfecto del amor con nuestro prójimo, porque ser uno con Dios es el comienzo, pero también el gran reto está en ser uno con el prójimo. ¡En Jesús y en su corazón todos tenemos un lugar!