“Una voluntad rendida a Dios”

Ser cristiano no tiene que ver con religión. La religión está basada en ideologías, el Evangelio es vida. Los líderes de las principales religiones del mundo murieron y permanecen muertos; Jesús, el fundador del cristianismo está vivo. Tener un estilo de vida superior, en la que está basada mi fe, no tiene que ver con bienes materiales, sino con los valores de Cristo en el corazón. La sociedad común mide su éxito por las cosas que puede lograr externamente. Sin embargo, una persona que vive con los valores de Jesús es capaz de generar valor en la sociedad en la que vive.

Esta vida superior tiene que ver con una voluntad rendida, no muerta, porque a Jesús no le gustan los autómatas, sino gente que teniendo su voluntad, la rinden a Él. Es una decisión de vivir según estándares más altos. Jesús tenía su propia voluntad, pero en el Getsemaní, antes de ir a la cruz, rindió su propia voluntad ante el Padre, y dejó que lo mataran por nosotros, porque Él estaba rindiendo su voluntad ante el Padre. Si quieres ser bendecido, rinda su voluntad ante Dios. Esto vale más que cualquier cosa que usted dé. Es una decisión que debe tomar cada día; y a la medida en que se rinde a Dios, viene su bendición.

Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” 

Esto que expresó el apóstol Pablo con profunda revelación, representa el mayor éxito de un creyente sobre esta tierra. Él determinó rendirse hasta ya no vivir él, sino Cristo. Al joven rico, Jesús le ofreció un trono en el cielo, y a esto renunció por amor al dinero que poseía. ¡Qué peligroso es el amor al dinero! Aún hay gente que ama más las cosas de este mundo que rendir su voluntad a Dios; es importante que tú tengas las cosas y no que las cosas te tengan a ti.

Somos templo del Espíritu Santo, y debemos tener claro que no somos lo que se ve de nuestra carne, sino lo que está dentro de nosotros. Aprendemos a distinguirnos por los rasgos exteriores, pero no somos eso. Esta carne es solo para vivir en la tierra, no sirve para vivir en el cielo. Ahora bien, hay que definir quién es el inquilino de esa carne; si es el Espíritu Santo, tiene un problema, porque significa que usted es el que gobierna. Pablo decidió que el inquilino sería él, y el Espíritu Santo quien gobernara. Por ello, podía escuchar al Espíritu Santo guiándole en todo.

Dios no bendice lo que no hace, pero bendice lo Él hace. En la creación Dios vio que todo lo que hizo era bueno, y lo bendijo. Tenemos que poner orden a las cosas, porque me preocupa el evangelio que algunos están predicando, basado en intereses personales e incluso económicos.  A medida que Jesús se va desarrollando en mí es como una invasión que va desalojando todo lo malo, y eventualmente, dejamos de hacer ciertas cosas y a hacer otras. Los odios y rencores son desalojados de nuestra vida. – Caín y Abel, dos hermanos, y un día Dios le pregunta a Caín por su hermano Abel, este le dice que si acaso era cuidador de su hermano. Pues bien, tienes dos opciones, cuidas a tu hermano o lo asesinas, como Caín. –

El problema de los cristianos es tratar de imitar a Jesús y no de aprender a Jesús. Lo que caracteriza al cristianismo es el amor. Es posible hacer buenas cosas sin amor, pero debemos ver a Jesús, quien en medio de sus sufrimientos, amó hasta el fin. A nosotros nos debe caracterizar el amor y no las obras. La decisión de esto está en la voluntad y no en los sentimientos. Amar es una decisión. Por tanto, nosotros somos capaces de controlar nuestras emociones, y podemos aprender a amar y erradicar el odio. Yo no quiero imitar a Jesús, porque esto pondría en mí el seleccionar qué imitar de Él; quiero más bien aprender a Jesús.

Las crisis, te destruyen o te hacen madurar; este pueblo está madurando, y está llegando a un nivel en el que no decidirá por manipulación, sino conscientemente. No sirva a la gente por obligación, sino por una vocación de amor, de una voluntad rendida a Jesús. Que por amor hagamos las cosas, con pureza y sinceridad. De esta forma, muchas veces renunciaremos a intereses personales por causa de establecer la voluntad de Dios. Este es el verdadero Evangelio de Jesús, y viene un avivamiento para refrescar estas cosas en el corazón de la gente.

Servir a Dios es más que tener personas a cargo o hablar por micrófono, es rendir la voluntad de manera absoluta a Dios. La voluntad rendida no es más que un corazón dispuesto a obedecer a Dios, hasta las últimas consecuencias. Hay dos maneras de rendir nuestra voluntad a la de Dios: una es orando, y la otra, atravesando tribulaciones. Si llevamos este mensaje de manera pura como lo es, este país va a cambiar desde el corazón de la gente. Creemos que el amor es el principal motor de transformación, y si nos transformó a nosotros lo hará con toda esta nación.

2 Corintios 5:14-15: “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.”  

El amor de Jesús nos aprieta, pensando en que Jesús murió por todos y allí en ese sacrificio podemos tener una oportunidad de que nuestra vida sea renovada para tener una nueva vida, y nacer para la vida eterna. Estamos diseñados para una mejor vida sobre esta tierra, ser una nueva criatura, vivir de manera diferente. Llevar este Evangelio a todo el país es la prioridad. Tenemos que ir a una recomposición de este país, y esto se basa en valores. Nos toca recomponer nuestra sociedad, pues Jesús murió por todos. Y Jesús murió para que los que viven ya no vivan para sí sino para aquel que murió por ellos; y “ellos” son todos por los que Jesús murió, y esto es absolutamente toda persona. De manera que “todos” tienen el derecho de ser salvos y restaurados. No podemos pensar que esto es para un grupo de personas, es para todos. Todos tenemos el derecho de ser salvos, sanos y libres, pues Jesús murió por todos. La opción es para todos y el servicio es para todos; así nos extendemos a una nueva vida, llena de esperanza y de milagros. Todas las faltas que tengas en esta vida, y a todos nos falta algo, en Jesús pueden ser suplidas. En la voluntad de Dios tenemos garantía de que todo lo que nos haga falta lo tendremos. Servimos a todo un país, porque Jesús murió por todos. Lo viejo queda atrás y nos extendemos hacia un futuro prometedor.

Romanos 7: 4: “Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.”

Mi éxito en el servicio depende de cuánto le pertenezco a “otro”, este es Jesús, quien murió por mí. Todo cuanto tengamos es de “otro”, de Jesús, aun nuestra vida. Así comienzas a servir a Dios con una voluntad rendida. Y no hay nadie que le haya servido a Dios de esta manera y le haya ido mal; no lo conozco aún.