“Una cosa nueva”

Romanos 4:18: “Cuando ya no había esperanza, Abraham creyó y tuvo esperanza, y así vino a ser «padre de muchas naciones», conforme a lo que Dios le había dicho: «Así será el número de tus descendientes.” (DHH)

El asunto es, como lo he dicho en el pasado, que la esperanza es el resultado de la fe; nadie tiene esperanza si no tiene fe, porque la fe es la “mamá” de la esperanza. Quien tiene fe, tendrá esperanza. Si alguien perdió la esperanza, perdió la fe. Aun Abraham en un momento de su vida perdió la esperanza y la fe; no es pecado perder la fe, pero sí es verdad que, si requiero mi esperanza debo recuperar mi fe; debo creer que aunque hoy se vea mal, mañana saldrá bien. Porque cuando pierdo la fe, pierdo la esperanza y dejo de luchar, pues todo aquel que lucha tiene esperanza. Todo el que lucha es porque sabe que su futuro viene de camino y que vienen días mejores, y no espera, sino evalúa que si lucha, su familia cosechará los frutos.

No hay cambios sin lucha; lo importante es luchar de forma correcta y no de manera incorrecta. Siempre el mal sucumbirá y el bien se interpondrá. Nadie puede ser lo que será mañana si no cree hoy; mi milagro de mañana será el resultado de mi fe de hoy. Las victorias del 2019 serán por la fe del 2017 y de este año; ahora bien, lo que puede pasar es que usted espere lo peor. Los analistas y los estudiosos dicen que será peor año, pero yo sé que lo que yo crea, será lo que tendré. Tengo libre albedrío, no contradeciré las predicciones de los analistas, pero creeré y esperaré lo mejor para mi país y mi familia, nadie puede coaccionar nuestra fe.

 Abraham dijo: Yo decido creer y punto, quiero saber quién aquí decidió creer y punto. Si nosotros no esperamos lo mejor, ¿para qué oramos? Entonces al ayunar, solo pasamos hambre; al llorar por nuestro país solo mojamos nuestra cara. Yo creo en esto, en los principios y valores que me hacen estar firme; yo creo que los cambios necesarios Dios los va a propiciar, eso es parte del milagro del 2019 que estamos creyendo en este 2018. Aun se levantan oraciones en este país, por eso vine a empujar su fe y que pueda creer por un nuevo año y que Dios hará una cosa nueva. Abraham vino a ser lo que Dios le dijo que él sería, pero Dios nunca va a creer por el que no cree, ni hará lo que no quieres hacer; Él hará un milagro, pero tú tienes que creer, porque la fe es tu cuota del milagro. ¡Cree! Dile a tu familia que vienen días mejores. Vienen cambios que debemos creer.

Una vez invité a un famoso evangelista, Dios le habló a este evangelista las cosas buenas que venían a nuestro país. En otra oportunidad hablaba con otra persona de otro país, y siempre dije “va a suceder”. ¿Sabe cuántas veces mi mente me ha desafiado y me ha dicho que no pasará nada? Pero, ¿sabe cuántas veces a Abraham su mente le dijo que no tendría un hijo? Durante 25 años Él tuvo que enfrentarse a los hechos diarios que contradecían lo que él creía, y cuando no había más esperanza él creyó y tuvo esperanza, y yo hoy digo: Voy a ver este milagro en mi país porque Dios lo dijo.

Cualquiera dirá: “Él era Abraham, y yo no lo soy”. Él se enfrentó a las mismas contradicciones que usted se está enfrentando, pero  la fe hace la diferencia. La Palabra de Dios dice que la fe de él no se debilitó aunque ya tenía casi 100 años de edad, y se daba cuenta de que tanto él como Sara estaban casi muertos por la avanzada edad. La promesa cuando llegó a Abraham, él ya tenía 75 años, y Sara alrededor de 50, por lo cual era imposible que pudiera concebir.

Aunque Sara dejó de creer y tener esperanza, Abraham nunca desistió, sino que más bien, intentó convencerla cada día del milagro que verían. Las personas de fe no atacamos al incrédulo, lo convencemos, no propiciamos la violencia ni la división, más bien propiciamos la fe, la sensatez y la cordura, así que, cuando ya no había esperanza, Abraham empezó a hacer cosas de gente esperanzada. Seguían pasando los días, y a los 24 años de haber esperado, dice la Biblia que aunque tenía casi 100 años de edad, no dudó ni desconfió de la promesa de Dios, sino que tuvo una fe más fuerte, porque estaba plenamente convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que él promete.

El gran problema de muchos creyentes es que, piensan que no sucederá nada porque no lo han visto, pero aunque hoy no se vea nada, sucederá algo especial. Aunque no sepas cuando sucederá, igual lo hará. Empezó a ocurrir un milagro en ellos. Los milagros siempre comienzan dentro del creyente. Hubo una recuperación absoluta de todo su sistema, Dios rejuveneció, por eso dice Isaías que Sara tuvo fuerzas. Y cuando leemos el original dice que tuvo la capacidad de concebir, entonces lo que sucedió en ella fue un milagro. Dios siempre cumple lo que dice, lo que dice con su boca lo hace con sus manos. Pero hay más, siempre queremos que haga lo que nosotros queremos, pero Dios hará lo que prometió. Dios no le prometió a Sara darle un cuerpo más joven, prometió darle un hijo. Él siempre es puntual con lo que promete. Cuando el individuo empieza a creer que vienen días mejores, empieza el milagro. Sigo sintiendo esta necesidad urgente del Cielo de trabajar y sé que Dios cumplir el propósito que tiene con este país.

¿Cómo un hombre puede esperar 25 años con una contradicción tan grande como su cuerpo y su debilidad y la información científica de que era imposible? Pero en Juan 8:56 dice: “Abraham vuestro padre se gozó…” allí está la explicación, un día Él tuvo una visión y entendió que en un futuro, de su descendencia vendría el Salvador de toda la raza humana. Dios necesita un hijo para hacer este plan en la tierra, y así como necesitó a Isaac, te necesita a ti para el plan en Venezuela.

Lo que viene para este país es grande, así que nadie puede dudar de lo que Dios hará en estos próximos años, y el resultado será porque alguien se atrevió a creer, y ¡este pueblo decidió creer!

La base de la fe es lo que tengo adentro, porque la misma fe que ejerzo para creer en Jesús, es la misma que ejerzo para creer en los días de gloria. Por eso es tan importante que este país conozca y ame a Jesús. La base del cambio no está en calles nuevas ni casas nuevas, sino en corazones nuevos, libres y llenos de amor; ese es el cambio que requiere este país. Jesús es capaz de hacer arder la fe en mí, no sé si lo hace en usted, pero sí en mí. Nadie puede ejercer una fe tan firme y poderosa que los que creen en Jesús. Abraham sabía que venía un milagro porque cada vez que creía, su alma ardía, y es lo que sentía. ¡Vienen días de gloria!