Un amor que rompe

Marcos 18:28- 31: “Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.”

Con la misma fuerza que debemos amar a Dios, también debemos amar a nuestro prójimo. El amor va mucho más allá de algo material que podamos darle a otros, el amor tiene que ver con el corazón. Jesús amó y no lo hizo con la intención de ser visto o de ganar fama, lo hacía de corazón, la Biblia dice que Él es amor (1 Juan 4:8). Estos dos mandamientos que la Escritura revela, no los podemos evadir nunca, son nuestros estándares de vida como creyentes. En primer lugar debemos amar a Dios, pero también lo que Él ama; es decir, si amamos a Dios con todo nuestro corazón, con todas las fuerzas y con toda la mente, tendremos que amar lo que Él ama.

Si decimos que amamos a Jesús, debemos caminar de la misma manera que Él caminó. Con sus manos Él abrazaba, acariciaba, tenía compasión de la gente. En este tiempo tan difícil que vivimos, necesitamos esta clase de amor que va más allá de palabras bonitas y de vaciarnos el bolsillo, ¡necesitamos expresar el amor con hechos! Abraza a tus hijos, ámalos, quizá tienen días que no reciben un abrazo tuyo. Posiblemente se encuentren en un estado de rebeldía, pero un abrazo tuyo puede transformarles, esa fue la forma que utilizó Jesús. Nuestra razón de existir es para amar y para dar.

La gente que está seca de amor es aquella que no se le ha revelado el perdón de Dios en sus corazones, ni que al que más ama, es aquel al que se la he perdonado mucho (Lucas 7:47). Tenemos mucho que agradecerle a nuestro Dios porque Él  nos ha perdonando mucho, y ha tenido misericordia de nosotros. Hay innumerables razones y motivos por los cuales vivir agradecidos con Jesús. No nos limitemos a la hora de dar, pero demos con amor, miremos a los demás como Jesús miraba, con ternura y con amor. Lo que va a cambiar la vida de la gente que nos rodea, no es lo material que podamos darle, sino la caricia, el gesto de amor, y la ternura que podamos transmitir. Jesús penetraba en el corazón de las personas con su amor verdadero, ese amor que rompe. Ahora bien, podremos conquistar el matrimonio, o los hijos rebeldes con este tipo de amor. Necesitamos la esencia de Jesús en nuestras vidas.

Cuando Jesús se le revela a un corazón, todo cambia, porque Él es la fuente de la vida. Aprendamos a mostrar el amor de Jesús con nuestras actitudes. Miremos y hablemos con el amor de Dios, que cuando la gente nos observe y escuche diga “no sé qué tienes, pero hay algo en ti que me invade”.  Esto alegrará el corazón de Dios, debido a que de esta forma estaremos mostrando los frutos de Jesús, aquellos que son verdaderos del arrepentimiento. El amor que podamos brindar en este tiempo es lo que va a salvar a este país. Vamos a repartir amor en Venezuela, a sanar los corazones heridos y a amar. Jesús no hace distinción de personas, ama a todos por igual. Amemos hasta que se rompa todo yugo y opresión del diablo. Amemos porque se va a romper todo lo que el diablo ha dicho en Venezuela, ¡el amor lo va a romper todo! Amemos y tengamos misericordia así como Jesús la tuvo.