Trabajar bajo la bendición de Dios.

La bendición es el poder sobrenatural para anular el fracaso y activar el éxito.

Dios tiene regalos y recompensas. La salvación y la vida, por ejemplo, son regalos, pues no requieren trabajo para obtenerlas. A su vez, las promesas de Dios son recompensas. Por ejemplo, un buen matrimonio, el éxito, la prosperidad económica y financiera no son regalos, sino recompensas.

Las recompensas de Dios de acuerdo al Cielo no son proporcionales a nuestro esfuerzo por obedecerlo. Cuando escuchas su voz y obedeces, Él te recompensa 100 veces más de lo que tú haces. Por lo tanto, no podemos decir que lo que tenemos es por esfuerzo propio.

David comprendió este principio. Él reconocía que todo lo que tenía venía de la misma mano de Dios aunque él se había esforzado por obtenerlo y no se jactaba de sus propias fuerzas. Al entenderlo, mantenemos constante en nuestras vidas, la siembra y la cosecha.

Génesis 1:28: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.

Cuando Dios tuvo al hombre y la mujer juntos, los bendijo. Él consideró que ambos necesitaban su bendición para prosperar en la vida, incluso viviendo en el mismo Edén y sin haber pecado. Si Dios consideró que Adán y Eva necesitaron la bendición de Dios para vivir en el jardín que había preparado para ellos, cuánto más nosotros necesitaremos su bendición, viviendo en Venezuela. No obstante, Él no le permitió a Adán unirse a Eva antes de bendecirlos.

Dios le decía al hombre que le daba una bendición para que este se convirtiera en señor de la pobreza y la enfermedad y no que estos fueran señor de él. La tierra está bajo una maldición sobrenatural, por lo tanto alguien que no vive bajo la bendición de Dios no puede ordenarle nada a las adversidades, ni ser libres de ellas; sin la bendición, estamos indefensos e incapaces de librarnos de tantos problemas. Lo que Él nos ofrece es mucho más grande de lo que nosotros hacemos. Es necesario que aprendamos a caminar bajo el pacto de Dios.

Deuteronomio 28:1-2: “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios”.

Estos pasajes hablan de una gran recompensa que Dios tiene para los que le oyen y obedecen. El esfuerzo más grande no lo hacemos nosotros, sino Él. Cuando usted quiere tener la bendición de Dios, usted debe obedecer. Si buscas obedecerlo, las bendiciones te perseguirán. En vez de perseguir las bendiciones, busca obedecer a Dios y todas sus bendiciones te seguirán a ti. Se necesita una obediencia de corazón (no fingida o de conveniencia).

Cuando Dios tuvo un encuentro con Caín y Abel (hijos de Adán y Eva), les fue revelado el principio de la ofrenda. No obstante, ambos presentaron su ofrenda, y Dios se fijó primero en el corazón de ambos y luego en sus ofrendas. Entonces, entendemos que Él ve las ofrendas del corazón. No hay nada mejor que hacer las cosas porque lo amamos y no porque nos ofrezca algo que nos convenga.

LOS PADRES

La bendición de Dios es cíclica. Un ejemplo de esto, es el principio de la siembra y la cosecha. Si usted siembra hoy, cosecha mañana, pero para mantenerse recibiendo debe mantenerse dando. Se trata de un ciclo. Por ende, usted debe mantenerse obediente a Dios para mantenerse recibiendo su bendición.

La bendición de Dios te llevará hasta donde tu fe quiera. Es como un vehículo, que lo trasladará a usted a donde usted mismo lo determine. Por el hecho de tener la bendición de Dios en tu vida, te llevará hasta donde tú quieras ir y donde tu fe te lo permita. Si Él te bendijo y tú quieres más, su bendición te llevará a más.

Éxodo 20:4-6: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”

Éxodo 34:7: “que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación”.

Deuteronomio 5:8-10: “No harás para ti escultura ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las servirás, porque yo soy Jehová, tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”.

Las maldiciones también son cíclicas; incluso, las maldiciones pueden pasar por generaciones. Sin embargo, Dios pone límites a la maldición en la vida de las personas, e interviene en ellas para levantarlas y escogerlas para que rompan con los ciclos de maldición; entonces, a partir de ese momento se activa la bendición.

Tú eres el eslabón de Dios que rompe la cadena de maldición en tu generación. Cuando tú le obedeces, las bendiciones pasarán a tus hijos y a tus nietos. Lo mejor es trabajar para Dios bajo su bendición. ¡A partir de ti, todos los que tienen tu apellido serán libres de toda maldición y cambiarán a toda tu familia!

Todo esto, solo es posible gracias al sacrificio de Jesús en la cruz. No importa cuáles son las razones de tus problemas familiares, financieros o de otras áreas de tu vida, porque Dios te ha escogido para ser quien se levante a escuchar y obedecer su voz para atraer su bendición.

¡Prepárate para recibir la bendición de Dios!

Pastor Francisco Barrios – Miércoles 21-09-2016