Tengo vida de resurrección

Colosenses 2: 12-15: “Sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”.

Jesús nos impartió su vida de poder y autoridad por medio de su resurrección de entre los muertos. Él tenía que morir como el Cordero de Dios en ofrenda al Padre, y pasar tres días en el infierno, debido a que esta era la promesa de lo que acontecería con el Mesías. Pero, también había una promesa de que resucitaría al tercer día para que todos los que creyesen en Él, les fuera impartido este mismo tipo de vida de poder y autoridad que había en Cristo.

El Evangelio está basado en un hecho sobrenatural. No fuimos llamados a vivir una vida común. El tipo de vida que nos fue dado no es para ser como todos, llenos de pecado, ataduras o maldiciones; fuimos escogidos para vivir una vida diferente y manifestar un poder sobrenatural. ¡La vida cristiana es sobrenatural! Espiritualmente, por la fe y mediante el poder de Dios, tenemos una vida superior, y se llama vida de resurrección. Ahora bien, nos apropiamos de esa vida por medio de la fe en nuestro Señor Jesucristo, primero creyendo en lo que Jesús hizo por nosotros en la Cruz del Calvario, pero luego, creyendo que esa vida de poder y de autoridad sobrenatural está operando en nosotros. ¡Hemos sido resucitados juntamente con Cristo a una vida de poder y de autoridad, a una vida sobrenatural!

Cuando en nosotros se activa la vida de resurrección, la tribulación que veíamos como imposible de soportar, se convierte en momentánea. El poder de resurrección hace que lo que pensábamos que iba a durar toda la vida, solo dure por breve tiempo. ¡El sufrimiento, la oscuridad, y la enfermedad tienen fecha de vencimiento! Cuando nos levantamos en la autoridad, imagen y el poder de un hijo de Dios con vida de resurrección, estamos por encima de las tribulaciones de este mundo, y no solo eso, sino que las tribulaciones temporales producen en nosotros lo mismo que produjeron en Cristo, a quien la cruz le llevó a un mayor nivel de gloria. Los que tenemos vida de resurrección, sabemos que la oscuridad es solo un momento.

Todo estaba condicionado a que Jesús fuera al cielo ya con el Espíritu de resurrección, y siendo glorificado, tomase la promesa del Padre y la enviara a todos nosotros. En otras palabras, por eso es que Jesús les hizo mención a los discípulos de que Él podía orar por ellos, animarles con la Palabra, pero que venía un tiempo en el que no iban a ser solo palabras, sino que el Espíritu de Dios traería la vida de resurrección y la pondría dentro de nosotros. Por eso, Él les decía a sus discípulos que era necesario que muriera, porque cuando fuera al Padre con esa gloria de resurrección, nos enviaría al Espíritu Santo para que estuviera con nosotros hasta el fin del mundo.

Lucas 24:49: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto”.

Pedro, por un tiempo predicó, y pocos eran los que creían, pero cuando llegó la unción, cuando lo vistieron de la vida de Jesús y fue lleno del Espíritu Santo, en un mensaje hizo más que en tres años y medio andando con Jesús. Nosotros no seremos los mismos cuando se manifieste el poder de resurrección, la unción y la gloria del Espíritu Santo en nuestras vidas. Lo que antes no acontecía, ahora va a acontecer; la enfermedad por la que orábamos y no se iba, ahora va a desaparecer; tendremos autoridad y llaves para llamar las bendiciones y ellas vendrán, para detener al maligno y el tendrá que detenerse.

Las aflicciones del tiempo presente no son comparables a la gloria que viene (Romanos 8:18). Satanás le tiene miedo a una Iglesia que se levanta en el poder de resurrección. A Venezuela le fueron asignados los peores demonios sobre la tierra, pero conocemos algo, y es que, así como han venido demonios, principados y potestades, así el cielo está enviando una mayor unción de poder sobre el país. Los milagros más grandes, sobrenaturales, obras mayores que no se han visto en otras naciones, se van a empezar a ver en Venezuela. Jesús va a empezar a moverse con poder, con unción, con liberación, ¡milagros creativos van a empezar a acontecer! ¡El Espíritu Santo va a hacer cosas grandes en Venezuela, y para ello nos va a utilizar a nosotros! Es así como el Padre va a glorificar a Jesucristo en medio de este país.