“Sometiendo el enemigo bajo los pies”

Salmo 110:1: “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.”

Hay una promesa de parte del Padre y es que en un momento, los enemigos de Jesús serán colocados debajo de sus pies, por lo que debemos entender que si somos el cuerpo de Cristo, también somos sus pies. Se acerca un tiempo en el que veremos la manifestación de los hijos de Dios. A Jesús un día le preguntaron ¿cuál será la señal que tendremos de tu venida? Y Él les dijo: “oirán que habrán guerras, rumores de guerra, hambre, y esto solo será principio de dolores”; pero dice la Biblia que los que perseveren hasta el fin serán salvos y será predicado este evangelio a toda lengua, nación, tribu y pueblo; y entonces vendrá el fin. Además, Jesús dice que a causa de los escogidos estos días serán acortados, porque ellos harán todo lo que les corresponda hacer para apresurar su venida.

Tenemos de parte de Dios la capacidad para transformar lo que estamos viviendo ahora, dice la Palabra que la tierra clama por la manifestación de los hijos de Dios, clama a causa de que hay problemas, conflictos y espera que ellos se levanten, se manifiesten y cambien lo que se está viviendo ahora. Ninguna situación que vivimos es para destrucción, viene para darnos la oportunidad de demostrar quienes somos en Cristo Jesús.

Hay en el Señor la plena seguridad de que esta tribulación momentánea producirá en nosotros un cada vez mayor peso de gloria, Dios sabe que lo que estamos viviendo no nos va a dañar, sino que nos va a exhibir en gloria para Él. Hay un poder que se nos fue confiado y es para vencer este momento que estamos viviendo, que nadie sienta temor ante la dificultad, por el contrario, que el enemigo tenga temor, porque hay un pueblo que se levanta en poder para enfrentarlo a él y arrebatarle todo lo que por tanto tiempo nos ha quitado, pero nada hacemos si no oramos; ninguna victoria se obtiene si no se gesta en la oración.

Oramos porque somos conectados con la naturaleza divina de nuestro Padre Dios, a través de ella el cielo es conectado a la tierra, por tanto la alineamos a la voluntad del cielo, y tenemos acceso a los recursos que este tiene para la batalla aquí en la tierra. La oración nos permite conocer la buena voluntad de Dios para nuestras vidas, y somos limpiados continuamente de pecado. La oración nos fortalece ante la tentación, nos libra del mal, y por medio de ella adoramos y le rendimos la victoria a Jesús. Hoy oramos porque podemos hacerlo y porque tenemos un Dios grande y maravilloso que nos da la victoria.