“El silencio antes de la resurrección”

Cuando Dios habla, su palabra es absoluta; esto es algo que debemos entender para no sentir miedo o ansiedad ante su momento de “silencio”. Que Él no te hable no significa que no esté haciendo su obra para cumplir sus promesas. El torbellino que te ataca cuando no obtienes respuesta es, verdaderamente, inentendible ante nuestros ojos; no obstante, rendirse y dejar de creer no es una opción.

Si hasta Jesús pasó por ese momento en el que el Padre se mantuvo en silencio ante su súplica, ¿cuánto más nosotros, que vivimos en la carne y en lo natural? Pero, el silencio de Dios no significa final, o rechazo, u otra clase de mentira. No, el silencio de Dios viene justo antes de la resurrección de esa área en tu vida. La fe no debe faltar en nuestro corazón, porque con ella podemos conseguir y lograr muchas cosas; pero, sin ella, la desesperanza te hace interpretar el silencio de Dios como el fin de tu mundo.

El día malo es la prueba final de todo corazón. Después de todo, la boca dice mucho, la mente piensa y analiza, pero a la hora de la verdad, el corazón es el que se expone a los problemas, dificultades, el día malo… el silencio en medio de la tormenta que nos ataca y apremia. La confianza en Dios es la clave para soportar este día malo, aunque esto es lo último que pensamos hacer. Dormir en el día malo, quedando avergonzado por el diablo y humillado por la situación, es la clara muestra de nuestra fe, pero, si la fe falta en tu corazón, ¿qué te apoya en el silencio de Dios?

Siempre existirá una forma de soportar la adversidad, con el buen Ayudador que nos ha dejado Jesús en esta tierra: el Espíritu Santo. Lo que te mantendrá firme en el día malo siempre será la firmeza de tu convicción EN DIOS, porque, si dejamos de creer en Él y en su Pacto, el diablo podrá hacer lo que quiera con nosotros. No te aferres al pasado, ni a los errores y problemas de antaño, ¡no!, recordemos la fe, que es: “La certeza de lo que SE ESPERA, la convicción de lo que NO SE VE”, sin importar lo que se deja atrás y avanzando hacia adelante, sin importar ese silencio, sino recordando firmemente lo que Él ha prometido. ¡Aguanta, resiste el silencio así no lo entiendas! Perder la fe es perder la batalla, pero confiar en Dios y su palabra asegura la victoria.

Cuando Jesús se te revela, NADIE NI NADA TE MUEVE DE TU POSICIÓN, incluso en ese momento de silencio una convicción verdadera siempre te sacará adelante. En el momento de la facilidad, la fama o la prosperidad, todos quieran estar, pero, ¿qué hay de los momentos de necesidad? ¿Qué te dice tu corazón cuando no escuchas ninguna dirección sobre qué hacer? Ahí, es en donde verdaderamente somos probados. Creer es una decisión, nacida de un corazón dispuesto y firme, no de un charlatán que mucho habla y poco hace, porque, a la hora de la verdad, solo los que creemos permanecemos en pie.

EL error de muchos, es que quieren creer cuando VEN y cuando todo es fácil, no cuando verdaderamente lo necesitan. “Bienaventurados los que creyeron y no vieron” es una verdad que nos acerca al Padre y nos ayuda en los momentos difíciles. Jesús no ve debilidades, pecados o errores; ve corazones dispuestos a hacer su obra sin dejar su fe, Él no busca acompañantes, busca creyentes. Dios es Dios, y aunque no entendamos lo que pasa, no debemos dejar de creer en su Palabra y promesas, porque Él nunca miente. Para Él no hay NADA IMPOSIBLE.

Las circunstancias siempre te dirán una cosa, el diablo otra, y tu mente no sabrá qué hacer; pero, CREER SIEMPRE SERÁ UNA DECISIÓN que se hace más difícil en los momentos de silencio, pero la recompensa por soportar será grande, y el Dios de Abraham siempre está ahí, obrando para ti aunque tú no lo oigas. ¡Jamás respondas de acuerdo a la circunstancia, responde de acuerdo a tu fe! Por mucho que dure la noche, y la bajada en el carril de tu vida, siempre llegará el amanecer y subirás de nuevo, más alto que antes por tu fe en Dios.