Servicio de Oración y Testimonios



Lucas 18:1 “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar”

Dios nos habla acerca de la necesidad de orar siempre y sin desmayar.  Jesús ve la oración como una necesidad, y resalta su importancia al decir que ha de hacerse siempre.

Los problemas y las preocupaciones nos incentivan a orar, pero la idea es hacerlo en todo tiempo, incluso en los buenos momentos.  La oración no solo tiene el propósito de vencer las adversidades sino que también ejerce un efecto hacia nuestro interior, pues somos fortalecidos, renovados y se crea una estructura que nos permite ser librados de la tentación y todo mal. Muchos de nuestros fracasos y malas decisiones surgen por la falta de oración.

Es así como la oración afecta la visión y el oído espiritual. Si no hay oración no somos sensibles a la voz de Dios. Aquel que no ora o solo lo hace cuando tiene problemas, vive como la ola del mar, inestable y errando sin cesar, porque no es capaz de escuchar lo que Dios dice.

Hay decisiones de vida como el matrimonio o la carrera universitaria que se va a estudiar, en donde se requiere de oración constante para optar por lo correcto y no ser desviados del propósito de Dios.

Por eso, Jesús les habla a sus discípulos y les recalca la importancia de orar siempre, sea cual fuere la situación, es decir, debe ser un estilo de vida. Se puede orar al trabajar, al cocinar, en el camino hacia la universidad o a cualquier otro lugar y estar así en comunión con Dios. Él nos libra, de este modo, de todo mal momento.

Testimonio del joven Alfredo Itriago:

 Todo comenzó cuando este joven tenía 3 años de edad y su papá abandona a su familia. Fue creciendo con odio hacia su padre que lo motivó a tener problemas de conducta y una mala relación con su madre. También llegó a consumir sustancias estupefacientes.

Un día, al llegar a casa, luego de consumir drogas empezó a sentirse asfixiado y cayó en la sala, perdiendo el conocimiento. Cuando despertó, observó que salió casi ileso de esa situación aunque estaba solo. A pesar de ese acontecimiento continuó con sus malos hábitos y compañías.

Su madre se enfermó y él decidió hacer un cambio en su vida. Conoció a una pareja que lo invitaron  a la iglesia en múltiples ocasiones, pero no asistía pese a la insistencia de ellos. Luego lo invitaron a un encuentro juvenil, al que aceptó la invitación donde un joven cuyo padre también lo abandonó  compartió su testimonio con los presentes. Al escucharlo se identificó con su testimonio, comenzó a llorar y a drenar el odio por su padre.

Escuchó a aquel joven decir que cuando conoció a Jesús, empezó a buscar a su padre para perdonarlo. Invitó a todos aquellos que estuvieran viviendo una situación similar en aquella audiencia a que perdonaran a su padre hasta que Alfredo, con gran dificultad logró decir: “Papá te perdono”, y al hacerlo se sintió libre de una carga muy pesada.

Esa misma noche, se sentó con su mamá y tía, y les pidió perdón por no saber valorarlas y les prometió cambiar. Les dijo que había conocido a Jesús y que ese encuentro cambió su vida. Buscó a su padre y le pidió perdón con gran arrepentimiento en su corazón, lo cual conmovió a su papá profundamente.

Comenzó a asistir a esa iglesia, pero el pastor no respaldó su anhelo de salir a  predicar con El Evangelio Cambia y esto lo decepcionó profundamente. Nuevamente comenzó a salir a sitios inapropiados y a repetir ciertas conductas del pasado, pero no podía sentirse bien allí y escuchó la voz de Dios quien le dijo que lo había llamado para cosas mayores. Conoció a jóvenes que salían a predicar con El Evangelio Cambia y desde entonces se unió a ese voluntariado.

Finalmente,  instó a la congregación a perdonar y a dejar atrás toda amargura para salir adelante sin barreras y recibir así todas las bendiciones que Dios tiene para cada uno de nosotros.