“Servicio de Oración”



Filipenses 4:4: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca”.

 Esta poderosa palabra nos insta a estar gozosos en todo tiempo no solamente cuando las cosas marchan bien. No se trata si todo está bien o mal, si nace de nuestro interior o no, si lo sentimos o no. Porque un cristiano vive por lo que cree y no por lo que ve o escucha en el mundo. No son sus sentidos los que han de prevalecer, sino su fe en Cristo y en lo que Él ha dicho.

La oración nos hace descansar de todo afán y para ello dejamos nuestras cargas, ansiedades y preocupaciones en Jesús y de esta manera no entrar en desesperación. Cuando optamos por seguir a Jesús hemos de vivir conforme a nuestras creencias y ser congruentes, es decir, que nuestro hablar y obrar estén alineados a la Palabra de Dios y dar así testimonio vivo y real de Aquel que vive en nosotros.

Es importante que recordemos que Dios es movido por nuestra fe y no por las emociones. ¿Queremos desatar milagros en nuestras vidas? Tengamos una vida de oración llena de fe.

Transitamos en medio de grandes dificultades hoy día y por esta razón es requerido intensificar la oración e intercesión ya que a su vez la carga espiritual en nosotros por nuestro país se ha incrementado.

Cuando Jesús iba a ser crucificado oró intensamente. No fue tiempo de quejas o inspirar lástima. El creyente está llamado a hacer lo mismo, no solo en la iglesia, también en sus familias, vecindarios, lugares de trabajo y en todo lugar. Solo Dios es capaz de llenarnos de esperanza.

Es el momento para enseñar a otros a orar, desatando así el poder de Dios. Somos los instrumentos que Él usa para salvar a cada ser humano. Somos sus labios y manos para manifestar la Venezuela que ha previsto levantar y restaurar.

Cuando oremos elevemos peticiones y ruegos a Dios pero, aún más, demos acciones de gracias. Declarar su palabra viva y eficaz argumenta la oración y esto agrada a Jesús. Cuando hacemos esto la paz de Dios vendrá sobre nosotros de manera inmediata y segura.

Finalmente consideremos la obra del Espíritu Santo quien nos alerta ante las inminentes amenazas del mal. Él nos levanta e impulsa a orar con fervor y así vencer a Satanás y anular sus planes de destrucción sobre nosotros.

Oremos constantemente y que cada oración sea como una gota que llena las nubes y así, en el momento preciso se derramará una lluvia de bendiciones sobre nuestras vidas. Definitivamente Jesús, quien está en nosotros es mayor que aquel que está en el mundo. En Cristo tenemos la victoria. Oremos y descansemos en el único autor y consumador de nuestra fe.