Servicio de Oración



Mateo 7:7-8: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.”

¡Llamen a la puerta! El cielo necesita que toquemos la puerta para obtener una respuesta; ese llamado al reino de Dios es a través de la oración. La oración es el golpe que tú le das a la puerta del cielo, es esa alarma que suena en el cielo de que hay alguien que necesita un milagro del Reino.

Nuestra oración debe ser frecuente, persistente y abundante. Frecuente porque debemos orar constante e insistentemente. Persistente, porque debe ser una oración firme y continua hasta que el cielo responda. Y abundante, que llene el cielo con oración, que rebosemos la copa ante Dios con las oraciones que hagamos.

¡El cielo quiere ver ganas, valentía, abundancia en nuestras oraciones! Quien posee poder en la oración tiene en las manos todo lo que pida. Si crees que el pecado te ha alejado de la gracia y la provisión de Dios ¡te equivocas! Las puertas del cielo Dios las abre con gusto a cualquier alma que llame y que clame a Él con pasión. Dios anhela que le pidamos, está ansioso por respondernos, más que nosotros de pedirle.