Serie El poder para hacer riquezas – El trabajo (Parte II)

Así como la pereza, una de las costumbres que estamos resaltando y que debemos eliminar es la cultura de “tener todo fácil”. A los países latinoamericanos los han tildado de “tercer mundistas”, pero nosotros como hijos de Dios no podemos tener esa mentalidad de “terceros”, pues Él nos ha destinado para ser “primeros”. Tú eres lo que la Biblia dice que eres, y puedes hacer lo que la Biblia dice que puedes.

Aunque muchas de las motivaciones que tienen algunas organizaciones políticas son originadas en principios bíblicos respecto a brindar ayuda al pobre, desaciertan cuando establecen que “todo es regalado” o “todo es barato”. Esta no es la forma en la que opera el Reino de los Cielos. El fruto de tu trabajo no vendrá por sí solo. Dios tiene regalos como la salvación, pero mantenerla en tu vida te costará trabajo, es decir también hay otras cosas que no son gratis. Al que se esfuerza, el cielo le da recompensas. Un regalo no te cuesta nada; en cambio, la recompensa es el pago por algo que tú has hecho y que te ha costado esfuerzo.

Una persona ociosa, tiende a atraer todo lo malo; y a su vez, una persona ocupada, atrae lo bueno. Uno de los proverbios en la Biblia, dice: “La ociosidad, es la madre de todas las maldiciones”. En el Reino de los Cielos, la facilidad no es una opción, simplemente no encaja en los principios establecidos por Dios. Hay cosas que requerirán trabajo para poder acceder a ellas. El medio que Él dejó para prosperar, es el trabajo.

Para muchos – aún, en algunas iglesias – el trabajo es una maldición producto de la caída del hombre. ESTO ES UN ENGAÑO. Las culturas que piensan de esta manera respecto al trabajo, nunca podrán tener éxito ni podrán ser países potencia. Otros piensan: “El trabajo es tan malo, que tienen que pagarte para que lo hagas”; Por otro lado, hay gente que dice: “El trabajo obsesiona”. Pero es necesario saber qué piensa Dios referente a esto.

La Biblia contiene todo lo que necesitas para aplicarlo en todas las áreas de tu vida.

Génesis 2:15: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase”.

Hay personas que tienen una imagen equivocada del Edén. Adán se encontraba en un lugar bendecido por Dios, pero no precisamente para tener todo con facilidad y que tuviera la oportunidad de holgazanear. Adán tenía que trabajar y cultivar la tierra para que esta le diera sus frutos, y al mismo tiempo, cazar para comer y cuidar de los animales. Esto, durante todo el día. A Dios le pareció bien que Adán tuviera que trabajar, incluso antes de la caída del hombre. Usted tiene que aprender a ver el trabajo como parte de la bendición de Dios, y que entonces, cuando tengan éxito, hagan todo bien y con amor.

Un hijo bueno, no es producto de la suerte, sino resultado de lo que sus padres hayan sembrado en él; esto implica trabajo. Es muy fácil solamente orar y dejar que sea Dios quien “forme al hijo”. Si sembraste en tus hijos los valores de la Palabra, tendrás un buen resultado. Sin embargo, esto no funciona cuando solo delegamos la responsabilidad de enseñar y educar a nuestros hijos a otras personas; esto funciona cuando mostramos el ejemplo además de las palabras. Dios te ayudará, pero también dejará una parte para que tú mismo la ejerzas y la cumplas, y si no lo haces, vas a dañar a tu hijo. Padres, ocúpense en criar a sus hijos.

Bíblicamente, se puede demostrar que el trabajo proviene de Dios.

Juan 5:17: “Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”.

Si el trabajo fuera malo, Jesús no hubiese trabajado. Hay bendiciones de Dios que son un regalo, pero para mantenerlas, se necesita trabajo. Por ejemplo, la salvación es un regalo, pero un buen hijo o un buen matrimonio requieren de trabajo. No basta desear la bendición para tenerla. Necesitamos activarla.

Génesis 3:17: “Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida”.

Como producto del pecado, la tierra quedó bajo maldición. Dios le estaba diciendo a Adán que, el trabajo que tendría a partir de su pecado, sería aun más fuerte y le sería más difícil obtener lo que sembrase en ella. Adán tendría resistencias y oposiciones para lograr sus objetivos. Una tierra bajo maldición te dificulta el éxito, la bendición, te dificulta el prosperar y te resiste en todo lo que vas a hacer. Por consiguiente, necesitamos romper y acabar con la maldición.

¿Qué son la maldición y la bendición?: Ambas son sobrenaturales, y ambas se pueden activar y desactivar. Activamos la maldición con nuestra desobediencia y nuestros pecados; en cambio, la bendición se activa con la obediencia y poniendo en práctica la Palabra de Dios. La maldición es el poder sobrenatural para fracasar en todas las cosas, y la bendición es el poder para lograr el éxito.

Deuteronomio 28:1: “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra”.

Dios no te maldice; la tierra ya está maldita, y la forma de salir de allí, es activando su bendición. El que está bajo bendición, activa el poder sobrenatural que anula la resistencia del mundo para prosperar, tiene abundancia, vive en paz, produce y crea las riquezas. El que vive bajo maldición, puede tener prosperidad, una familia hermosa y mucho éxito, pero no los disfruta ni los valora.

2 Tesalonicenses 3:7-15:“Ustedes mismos saben cómo deben seguir nuestro ejemplo. Nosotros no vivimos como ociosos entre ustedes, ni comimos el pan de nadie sin pagarlo. Al contrario, día y noche trabajamos arduamente y sin descanso para no ser una carga a ninguno de ustedes. Y lo hicimos así, no porque no tuviéramos derecho a tal ayuda, sino para darles buen ejemplo. Porque incluso cuando estábamos con ustedes, les ordenamos: «El que no quiera trabajar, que tampoco coma. Nos hemos enterado de que entre ustedes hay algunos que andan de vagos, sin trabajar en nada, y que sólo se ocupan de lo que no les importa.  A tales personas les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo que tranquilamente se pongan a trabajar para ganarse la vida. Ustedes, hermanos, no se cansen de hacer el bien. Si alguno no obedece las instrucciones que les damos en esta carta, denúncienlo públicamente y no se relacionen con él, para que se avergüence. Sin embargo, no lo tengan por enemigo, sino amonéstenlo como a hermano.”.

En este pasaje, el apóstol Pablo se dirigía al pueblo cristiano, quienes creían que Cristo volvería tan pronto que no necesitaban trabajar, y perdieron la cultura de trabajo. Para que un hombre de Dios sea exitoso, tiene que ser trabajador. A nadie favorece la ociosidad. Tenemos como referencia al rey David; el día que decidió quedarse en casa, en vez de ir a la guerra, vio por su balcón a una mujer, y fue ella con quien pecó. En vez de ser tedioso para nosotros, el trabajo debería alegrarnos, no significa esclavitud. Lo único que esclaviza es el trabajo bajo maldición. Dios nos hizo a su imagen para crear y hacer las riquezas. Su bendición en las finanzas no es gratis, usted necesita trabajar.

Esto es lo que Dios le estaba enseñando a Adán: “Yo soy exitoso, pero no quiero regalarte todo, porque no sabrás mantener ese éxito y lo perderás”. Dios quería enseñar a Adán, el principio y la importancia de trabajar. Tener belleza es un don, pero crear carácter y belleza interna requiere trabajo. La mejor herencia que un padre puede dejar a sus hijos, no es sólo las riquezas, sino cómo hacerlas; cuando se le acaben, sabrá recuperarlas, de lo contrario, las perderá por completo.

Si usted está bajo la bendición de Dios y tiene un negocio, ese negocio trabaja para usted, sino, trabajará para el negocio. De ser así, no tendrá tiempo ni siquiera para asistir a la iglesia o buscar a Dios. La vida del hombre bajo maldición, será impulsada por el estrés, por el afán y no podrá disfrutar sus ganancias.

La Biblia dice que el perezoso desea mucho pero nada alcanza, pero el que trabaja duro, prosperará. No alcanza nada, porque no trabaja.

Cuando estás bajo bendición, la tierra tiene que darte leche y miel, bendición en abundancia. Si escoges la maldición, el devorador te quitará todo de tu mano. Pero si escoges la bendición, estarás protegido bajo la sombra del omnipotente. Si eres holgazán, no esperes vivir bajo bendición.

A veces pensamos que todo es espiritual, y que si oramos mucho, obtendremos todo rápido. No es así. Si yo le digo a Dios: “Yo creo que tú me vas a bendecir”, acompaño esa oración con la acción de salir a trabajar para crear las riquezas, porque sé que Dios está conmigo, me abrirá puertas y me hará alcanzar su prosperidad; esto también es fe. La fe sin obras es muerta.

El trabajo proviene de Dios y es una bendición. ¡La iglesia debe animarse para emprender negocios porque Él empezará a bendecir con ideas a la iglesia! ¡Empecemos a activar la bendición de Dios sobre nuestros negocios! La maldición tendrá que huir, porque Jesús murió en la cruz para que vivas en bendición, y la puedes activar obedeciendo los principios que aprenderás en su Palabra. No le pongas límites a Dios, tú solo necesitas una idea para comenzar a crear las riquezas y ¡Él comenzará a abrir camino para tu bendición!

Pastor Francisco Barrios – Miércoles, 14 de septiembre de 2016