“SEÑOR QUE SEAN ABIERTOS NUESTROS OJOS”

Mateo 20:29-30,32: “Al salir ellos de Jericó, le seguía una gran multitud. Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!  Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga?

El diablo opera a través de la “ceguera espiritual” y opera para engañar a la Iglesia. Jesús ganó la batalla sobre la muerte, la enfermedad y el pecado, por ello el enemigo se esfuerza para que a través de la incredulidad el pueblo de Dios se convenza que merece la enfermedad. Un pueblo ciego no se puede defender ni sabe clamar. En el corazón de Jesús cabemos todos, por lo que la influencia de un hombre de Dios será igual al tamaño de su corazón. Mientras mayor sea su corazón para que entren todos sin importar sus diferencias, mayor será su influencia.

En nuestras calles hay muchos ciegos espirituales, por lo que sufren de una pobreza de valores y principios. El que no conoce a Jesús, el que nunca lo ha visto, vive en miseria. Cuando todos estos ciegos comiencen en cada uno de los cristianos que llevan el Evangelio sin doctrinas ni normas sino con amor, van a comenzar a clamar a Jesús y Él les dará pronto socorro en su infinita Misericordia.

Predicar el Evangelio del amor de Jesús asegura que los ojos espirituales se abran. La Iglesia de Jesús es capaz de aceptar a sus hermanos sin importar las diferencias. Cada cual se conecta a Jesús de acuerdo a su sentir. Dios ama la diferencia.

Mateo: 9:11: Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?

Las normas, aún cuando sean inclementes y duras, no evita el pecado. Si la solución contra el pecado fuese la lapidación, Jesús no hubiese venido a salvarnos. Si las normas fuesen la solución, no sería necesaria la gracia de Cristo Jesús y su sacrificio en la cruz sería en vano. Un encuentro con Jesús cambia para bien y para siempre a los pecadores y es suficiente para vencer las tentaciones. Necesitamos a Jesucristo, el verdadero antídoto contra el pecado, por cuanto fue enviado por Dios para perdón de los pecados. El pecado siempre está y estará sobre el mundo, pero el Espíritu Santo es quien hará la obra en aquel que peca, corrigiendo y cambiando el espíritu.

Jesús es el único que tiene el antídoto contra el pecado y la ceguera espiritual. Y es exclusivo de Él, nadie más puede ser intermediario entre Dios y el hombre. Tenemos que acercar el Reino de Dios a las multitudes, pues sólo así podrán ser liberados de la ceguera. El pueblo que abre sus ojos, comienza a clamar a Jesús. Allí comienza la sanidad de las almas. Hoy Venezuela está escuchando el mensaje de Jesús.

Cerca está el momento en que la predicación de Jesús abrirá los ojos de todos, y tendrá compasión para sanar a Venezuela. Aquellos que Jesús abran sus ojos espirituales, clamarán a Él, le conocerán y le seguirán. Cuando nos reunimos como el cuerpo de Cristo somos uno solo. Cuando nos reunimos juntos para ser edificados y rogar al cielo, somos invencibles en Cristo.

Lucas 10:1-4: Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir. Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino.

Lucas 17-21: Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas hay de aquel por quien vienen

Aquel a quien Jesús abre los ojos espirituales, aquellos que les conocen y les siguen, luego les comisiona para que proclamen el Evangelio a toda criatura, aún cuando sean débiles, pues a quien Jesús bendice y envía, invencible es. Solo se necesita de Jesús para vencer. Si Jesús te dice “conquista”, Él provee la fuerza y la fe para conquistar el pecado o cualquier cosa que sea un problema u objetivo.

Aquel a quien Jesús abre los ojos espirituales, reconoce que sólo con Jesús se puede vencer cualquier obstáculo, pues sólo Él da potestad y enviste de autoridad espiritual al que le sirve con humildad. Solo a los humildes les es revelada la verdad y abiertos sus ojos.

Una Iglesia que diga que ama al pecador, pero no se esfuerza por predicar y perdonarlo sino que le condena, está equivocada. No es suficiente ayunar u orar. Es necesario levantarse en misericordia y ayudar al caído y al perdido. Debemos mostrar a Jesús amando al prójimo. Aun con las debilidades, aquel que se arrepiente y vuelve a Jesús, es bendecido con la Gracia de Dios. Aquel que es obediente, aún cuando peca, Jesús lo cambia y le otorga autoridad.