“Señor, dame oídos para oírte”

Es muy fácil oír la voz y la opinión de la gente, lo difícil es escuchar verdaderamente la voz de Dios; por eso, muchos de nosotros hemos basado la dirección de nuestras vidas de acuerdo a lo que dicen otros y no Dios. Tenemos que asegurarnos de que estamos oyendo a Dios, y no hacer absolutamente nada fuera de lo que Dios dice, sin importar cuántas voces oigamos alrededor. Una de las cosas más importantes que debe tomar en cuenta aquel que aspira ser líder, necesita oír a Dios. Es cierto que a medida que crecemos, somos formados por varios agentes, sin embargo, las circunstancias de la vida, la Palabra de Dios y la oración, es una herramienta que usa para formarnos como creyentes.

Ahora bien, déjeme decirle que usted es un producto en desarrollo y en proceso de mejorar y perfeccionarnos. Eso hace que usted entienda que no es un producto terminado. Si usted piensa que es un producto terminado, comienza a juzgar y condenar al que considera que está en proceso… se vuelve en una persona que acusa y señala. La Biblia nunca habla de un producto terminado, sino de un producto en proceso: “…el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”, Filipenses 1:6.

Esto habla de un trabajo progresivo y constante. ¿Hasta cuándo continuará en proceso? Hasta que usted vaya con Dios, o que Él venga a buscar a su iglesia. Uno de los lineamientos sabios para poder concluir ese proceso, es aprender a oír Su voz. La mayoría de las veces oímos nuestros deseos, nuestro corazón, o lo que opinan otros para nosotros hacernos una opinión. Por ende, la mayoría de las veces no oímos a Dios.

Debemos estar muy seguros de que Él realmente nos habló. Asegúrese de que usted está oyendo a Dios. Lo primero que usted debe tener, es oídos para oírlo.

Romanos 10:17: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”.

La fe viene por oír a Dios. Esto se trata de una relación mayor a la que estamos acostumbrados. Él vive en usted, y sí le habla, pero el problema es que no sabe cómo oír su voz. Quizá usted tiene la habilidad de atender y escuchar a todas las personas, pero muy pocos saben escucharlo.

Es tan importante tener un oído afinado, que la fe existe y se genera es por el oír la Palabra de Dios – o por el oído –. A usted no le dará fe ver a un paralítico levantarse, solo le dará una imagen de posibilidades; usted necesita oír Su Palabra. Para usted ser salvo, no tiene que ver nada, sino escuchar la Palabra de Dios, a través de la cual usted fue convencido por el Espíritu Santo para recibirlo en su corazón.

Al contrario, la incredulidad es fe negativa. Todos tienen fe, pero la ejercen de manera positiva o negativa dependiendo de su corazón. Si usted hace el mismo esfuerzo por creer en lo negativo que por lo positivo, mi consejo es que crea lo bueno y lo positivo. Haga el mismo esfuerzo y crea por este país.

Usted debe definir bien que va a oír a Dios para no permitirse que ninguna voz lo manipule o lo contamine. De la misma forma hizo Jesús, quien nunca permitió que ninguna voz lo manipulara, ni siquiera su misma madre quien le forzaba a hacer algo que su Padre no le había mandado y no le permitió que le hiciera adelantarse o atrasarse en el tiempo de Dios, porque Él ya sabía cuál era el momento más indicado. ¿Por qué Jesús era tan preciso? Asimismo, Él no sanó al cojo de nacimiento que siempre esperaba a una de las puertas del templo de Jerusalén, que siempre asistía para pedir limosnas pero nunca para oír la Palabra de Dios; aún no era su momento… Un día, escuchó a Pedro que le habló con fe, y le decía: “No tengo oro ni plata pero de lo que tengo, te doy”… y en ese momento se levantó y fue sano.

Si la Palabra de Dios genera fe, entonces ¿qué es lo que limita mi fe? El no oír la Palabra Dios lo suficiente. Por eso es que la palabra de Dios debe ser constante en nuestras vidas. Es importante la manera en la que oyes.

En una ocasión, Dios habló a Jesús con voz audible mientras él se encontraba con sus discípulos, y los discípulos no pudieron definir qué habían oído; muchos escucharon un trueno pero no entendieron lo que Dios había dicho, y el único en entenderlo fue Jesús. Hay gente que oye pero no define la Palabra. Esto sucede hoy día en las iglesias

La fe viene por una acción continua y persistente de escuchar la Palabra de Dios, para tener fe en su corazón y creer por un milagro. Usted no pierde ni se diluye fe con el tiempo. Una vez que se alimenta y se nutre constantemente en la Palabra, su fe en fortalecida y ya no retrocede, sino que se queda en su corazón. Entonces, ocúpese en desarrollarla. Consiste en oírla y ejercerla.

La característica de los cristianos originalmente, no era un crucifijo, una Biblia debajo del brazo, una falda larga u otra cosa por el estilo, sino su fe. No es su manera de vestir o de comer lo que lo define, sino su manera de vivir. Por esto la Palabra dice: “El justo, por su fe vivirá”.

¿Cómo estás oyendo la voz de Dios?

Marcos 8:17-18: “Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón? ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis?”.

¿Por qué los discípulos –que día y noche estaban con Jesús– no entendían, no comprendían, no veían, no oían ni recordaban? Nunca prestaron atención a lo que Jesús decía. Algunos piensan que lo que hacen para Jesús, es más importante que oírlo a Él.

Consecuencias de dejar de escuchar la voz de Dios:

  1. Dureza de corazón.
  2. Imposibilidad de ver lo que Dios hace.
  3. Imposibilidad de oír lo que Dios dice.
  4. Imposibilidad de recordar lo que Dios hizo para ti en el pasado.

Es importante que sirvamos a Dios, pero si no lo escuchamos, nuestro servicio pierde eficiencia. No permita que su servicio le impida oír a Jesús. Tenga disciplina y balance. Si está sirviendo a Jesús, asegúrese de que su nivel espiritual y de fe no falte. Cuando usted deja de oírlo, comienza a tener la sensación de que Dios no está presente, como empujando un barco que no navega.

La garantía para seguir avanzando en su hogar, en su familia, en su iglesia y en este país, es que oiga a Jesús.

Para muchos, la oración es más un “hablarle a Dios” que “hablar con Dios”, y es al revés. Debe haber un “feed back”, una retroalimentación en su relación con Él. Usted debe permitir que el Espíritu Santo le dirija en su oración. Su Palabra le dará dirección a su vida. En la iglesia debe haber un deseo por aprender a ser dirigido por el Espíritu Santo, pero más que eso, debe haber el deseo de aprender a oírlo. Lo más recomendable es que aprendamos a vivir conforme a lo que Dios no dirija, pues esto nos evitará muchos errores, fallas o fracasos. Usted puede tener una vida de éxito, oyendo al Espíritu Santo. “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”, Romanos 8:14.

Los discípulos se habían ocupado tanto en servir a la gente, que no se dieron cuenta de que Jesús había hecho milagros justo en medio de ellos.

Mateo 13:10-13: “Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden”.

Los que no logran oír a Dios, nunca van a lograr entenderlo. El oído tiene que aprender a oír a Dios. Además de congregarnos para oír su Palabra, nos congregamos para entrenar a nuestro oído en al asunto de oír su voz.

Mateo 13:12: “Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”.

Al que tiene oídos y oye, y entiende, se le dará más; pero al que tiene pero no oye, no entiende ni comprende, lo que tiene le será quitado. Cuando usted oye la Palabra de Dios y se genera la fe, usted está preparado para recibir su milagro. Todo principio de fe, comienza oyendo. Por lo tanto, es de vital importancia que aprenda a filtrar lo que está escuchando. Si permanentemente está oyendo cosas malas, lo más seguro es que el nivel de incredulidad aumente y su corazón se inclinará a creer lo negativo, pero en el caso contrario, se le inducirá fe positiva y su corazón estará preparado para las cosas buenas.

Mateo 13:16-17: “Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron”.

¿Qué significa bienaventurado? Tres veces más feliz que todos y con una habilidad para prosperar tres veces mayor. Hay una enorme ventaja en usted sobre los que no oyen la Palabra. Podemos hacer dos cosas: ser egoístas y guardarlo solo para nosotros, o compartir este mensaje con todas las personas posibles, y que de esta forma puedan conocer a Jesús para que sean tres veces más feliz en todas las áreas de su vida. Hay gente que predica para buscar resultados. Usted tiene dos maneras de hablar de Jesús a otros: Que predique para ver, o que predique simplemente para amar.

Usted gana más escuchando con atención una predicación que sirviendo todo un día en la iglesia. Nuestro servicio nunca puede sustituir nuestro momento de escuchar la Palabra de Dios

¿Qué podemos decir sobre la Palabra de Dios? Es martillo que parte en el furor; es decir, que no hay nada que se oponga a la palabra de Dios, pues es fiel y digna de ser recibida por todos; según David, es “Luz a mis pies y lumbrera a mi camino”; ella permanece para siempre, ya que el mundo pasará pero Su Palabra nunca pasará y es “firme ancla para el alma”; “es más cortante que toda espada de doble filo, que penetra hasta dividir el alma del espíritu y aún va más allá y entra hasta los tuétanos”; es capaz de ir hasta lo profundo de su consciencia y limpiar de obras muertas para que sirvan al Dios vivo, y capaz de darle dirección a su vida todos los días; genera fe en su corazón para creer por su milagro; es dirección en medio de las tinieblas; tal como columna de nube de día y columna de noche de fuego; siempre será la mejor herencia que podemos dejarle a nuestros hijos y las próximas generaciones, pues si faltamos nosotros, no faltará de nuestros hijos; además tiene el poder de hacer los ajustes, cambios y transformaciones que requieran nuestros corazones, familias y nuestro país… Todo esto está accesible a través de la Palabra de Dios.

Los principios de Dios deben ser los más meditados y razonados en su mente, y regresar a ser la columna vertebral de su carácter. ¡Démosle la importancia y el lugar correcto a la Palabra de Dios!