“Se han llevado a mi Señor”

Juan 20 11-18: “Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.

20:13 Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro). Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.”

Hay quienes comercian con el Evangelio, ofertando con el mensaje, algún beneficio, vendiendo la idea errónea de segur a Jesús por beneficios a conseguir y no por lo que Él es. La fe no es de la línea humana, es suplir en la tierra lo que el cielo quiere dar, que es no lo que queremos, sino lo que en verdad necesitamos. Por estas cosas, que no dañan nuestro corazón, son por las que debemos creer. Nuestro éxito como creyentes es obedecer la voluntad de Dios. El mismo Jesús jamás tocó la bolsa de dinero que administraba Judas, pues no dependía de este para hacer la obra de Dios. De manera que, Dios no te responde en lo natural cuando te manda a hacer lo sobrenatural, por ello, no le habló a los discípulos, cuando les mandó a alimentar a una multitud, conforme a las preguntas e inquietudes de ellos; al contrario, les dio una orden categórica: “denle vosotros de comer”. Ellos debían solo obedecer. Así aquellos que creemos en Jesús hoy, su Iglesia, debemos obedecer esta orden de Jesús, y con la fe obrando en amor, alimentar al necesitado en medio de nuestra nación. Unidos y organizados podemos hacerlo.

María Magdalena no vio a Jesús y los sudarios que quedaron en el sepulcro luego de su resurrección a su conveniencia – ella pudo vender este sudario o manipular con ello – pero no lo hizo, porque seguía por quien era Jesús y no por lo que podía conseguir por hacerlo. Esta mujer, que había sido restaurada por el mensaje de Jesús, representa a la Iglesia, y se cuenta que ella lloraba desconsoladamente yendo al sepulcro, y no habiéndolo encontrado, preguntaba a dónde se habían llevado a su Señor. Ella había sido una mujer, antes de haber conocido a Jesús, una mujer llena de frustración, pero al tener un encuentro con Él, fue libre de todo lo que le agobiaba. Esta mujer había sido prostituta, y tal vez en consecuencia, estaba resentida con los hombres. Pero, al estar frente a Jesús, por primera vez, un hombre no estaba esperando lo que ella podía hacer por él, sino que Él estaba haciendo algo especial por ella, transformando su vida radicalmente por haber conocido un amor sin interés, un amor genuino que transformó su corazón. Así debe ser cuando servimos a la gente, por amor, sin intereses egoístas.

María ve a Jesús y se enamora del Hijo de Dios, un amor puro, no humano o natural, y comienza a servirle desde esa experiencia con Jesús. De esta forma es que debemos servir a Jesús en este tiempo. Ya ella era otra mujer, hablaba, se vestía y vivía de manera diferente. Todos sabían que era diferente, que no era la misma. Aun así, tal vez, hasta los mismos apóstoles, le hacían menos viéndola como lo que había sido antes; pero Jesús la dignificó ante todos. La religión siempre busca humillar a la gente, pero Jesús la recibe, y le devuelve dignidad y respeto. El único que trae justicia social en una nación es Jesús, sus valores y principios.

Lucas 7:37 – 38: “Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.”

Aun cuando María había conocido a Jesús y esta había sido restaurada, era vista como prostituta. Ella, sabiendo que su belleza no duraría para siempre, y entonces no podría seguir en ese modo de vida, había ahorrado para sus últimos años de vida con frasco de alabastro que contenía perfume de nardo puro, e que podría vender y sustentarse. Pero ella determina darlo a Jesús, no a la bolsa de Judas, en cuyo caso su finalidad hubiese sido incierta, entonces lo derrama a los pies de Jesús. Ella enfrentó las críticas de todos, principalmente de Judas, quien dijo que se pudo haber dado a los pobres. Pero Jesús, expresa que ella había ungido sus pies para la sepultura. A esta mujer ex prostituta, cambiada y dignificada por Jesús, tuvo tal privilegio. Ella derramó a los pies de Jesús todo su futuro. Por ello, no debemos hacer provisión para nuestra vejez, sino para nuestra eternidad.

Lucas 7:46-48: “Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.

7:47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.”

Con estas palabras, Jesús puso a esta mujer como ejemplo de amor desinteresado y genuino. Cuando vengo a Jesús, mis pecados son perdonados por fe, pero luego no dejamos de pecar; entonces, conforme a lo que indicó Jesús ante todos en el lugar, estos pecados son perdonados por amar mucho a Jesús. ¿Por qué servimos a la gente? – Porque amo a Jesús. Este amor cubrirá multitud de pecados. A Jesús no se le busca de manera frágil, sino desesperadamente, como lo hizo María ante el sepulcro, y a ella, Jesús la comisiona a anunciar a todos  su resurrección. Hoy, todos los que le conocemos, podemos, sin distinción, anunciar el mensaje de Jesús. De esta manera, este país conocerá y amará a Jesús por nuestro anuncio y servicio de amor a la gente.