“El ruego de Jesús cuando estás en problemas”

La Biblia describe a Jesús, no solo como nuestro Salvador, sino también como nuestro intercesor. Interceder no solo es orar, es ponerse a favor de los demás. En este sentido, Jesús está a la diestra del Padre intercediendo a favor de los hombres. El único que se presenta ante Dios para acusar se llama Satanás. El llamado de Dios para los pastores es para que se pongan a favor de los hombres, y se muestre misericordioso para con los débiles y extraviados. No podemos orar pidiendo en contra de la gente. Asimismo, un intercesor siempre está a favor de la gente, y es un pacificador – un chismoso no puede ser un intercesor. –

Hebreos 7: 24 – 26: “ mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable;  por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos…”

Jesús es la gracia, y siempre está rogando a favor de todos. Ahora bien, a todos nos llega el día malo, sea porque nosotros lo propiciamos, y otras, simplemente aparece. Las crisis son universales e imparciales; ocurre en todas partes y a todos por igual. Pero, Jesús habló sobre esto y explicó la diferencia entre el hombre sabio y el insensato que recibieron la misma crisis, pero el sabio, teniendo un buen fundamento, no cayó; en cambio, el insensato tuvo gran pérdida porque su casa cayó.

Lucas 22: 31 – 32: “Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo;  pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.”

Esto describe cómo intercede Jesús por nosotros en momentos de crisis. Las tinieblas no pueden tocar a un hijo de Dios sin Su permiso. El diablo había pedido sacudir con fuerza para producir aflicción a Simón – Pedro. – Nadie es probado más allá de sus fuerzas, y es Jesús el que da la salida juntamente con la prueba. Nuestros oídos tienen que ser puestos solo en la Palabra de Dios, nunca creas que las circunstancias sean más grandes que tú, porque esto es imposible, pues Dios le puso límites y fronteras. Y cuando viene la prueba, ya Dios diseñó la salida y la victoria que tendrás tras esta. Antes de que Pedro pasase por esa prueba y ese zarandeo del que le advirtió Jesús, ya Él había rogado por Pedro para que su fe no faltase y vuelto confirmara a sus hermanos. Esto hace Jesús por nosotros, ruega que nuestra fe no falte y que luego podamos confirmar a nuestros hermanos. Sin fe podemos perderlo todo, pero con fe lo ganamos todo. La fe es más preciosa que el oro y la plata, porque la fe es la moneda del cielo para hacer cualquier transacción con el cielo.

Salmos 42: 1 – 5: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta. ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.”

El salmista estaba afligido, pero no había perdido su fe, y la fe es la Palabra en el corazón. No se trata de confesiones positivas, sino de creer la Palabra y mantenerse firme en ella.

1 Pedro 1: 6 – 7: “ En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo…”

No hemos perdido nuestra fe, y cuando tenemos fe, tenemos a Dios, porque a Él no lo atrae nada más que la fe, y esta es más preciosa que el oro, y es la que nos va a sostener hasta que el tiempo de Dios caiga con la bendición y el milagro que esperamos. Cuando Dios anuncia algo que está en su corazón y se proclama esa palabra profética en la tierra por medio de sus profetas, se desata sobre los aires esperando corazones con fe cuando Dios determina el tiempo, y allí se establece esa Palabra, en una persona, familia o país.

Dios viene a fortalecerte para que llegues al final de tu prueba, no a sacarte de ella. La oración es para el día de la angustia, es una necesidad, no una opción. Los discípulos se durmieron en el día de la prueba a causa de la tristeza – pero es allí cuando más debemos orar. – Pedro ya había sido advertido, pero en lugar de orar, se durmió. Para vencer la prueba es necesario la Palabra y la oración. Jesús les advirtió a todos los discípulos que oraran para que no entraran en tentación. Hoy nosotros necesitamos una fe real, no intelectual, para ello, debemos orar como Jesús: ¡intensamente! Así fue como Jesús venció, así es como venceremos nosotros hoy. ¡Vienen días de Gloria! ¡Que nuestra fe no falte para creerlo!