Reino de Dios: ¿Religión o relación?

El sistema religioso ha convertido el Reino de Dios en una religión, es decir, en concilios, en templos y en organizaciones religiosas. Hoy tenemos grandes iglesias en el mundo, pero que no están gobernando, reinando ni siendo luz y sal de la tierra. La sal en el tiempo de Jesús era utilizada para la conservación de los alimentos, así que, cuando Jesús se refiere a que somos la sal de la tierra, está diciendo que somos nosotros los que podemos hacer que la tierra sea preservada. Cuando la Iglesia no gobierna, la tierra es destruida, pero cuando la Iglesia gobierna, la tierra es preservada.

Jesús fue la manifestación viviente del Reino de Dios en la tierra, Él le ordenaba a los demonios salir y ellos se iban, y además, sanaba a los enfermos. El Reino de Dios está buscando una Iglesia que pueda manifestar su influencia en la tierra. Lo que Dios le entregó a Adán y a Eva en el Edén no fue una iglesia, fue un Reino. La Biblia no es un libro religioso, sino de restauración, pero ¿qué quiere restaurar Dios? Quiere restaurar un Reino y a su Rey en un territorio, y fue precisamente a los hijos de Dios a quienes Él le entregó la autoridad, su presencia, y les hizo a su imagen (le dio su forma de ser) y semejanza (les dio su ADN). Dios nos ha dado una composición interna que nos permite, aunque seamos pequeños, gobernar y dominar. Tenemos un componente interno y un ADN para gobernar.

Efesios 1:15-23: “Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”.

Jesús vino a la Tierra a recuperar su Reino, pero una vez que lo recupera se lo entrega a la Iglesia. La misión de Jesús siempre ha sido recuperar el Reino y dárselo a sus hijos, aquellos que son legítimos; por ende, nosotros no nacimos para vivir pobres, dominados, enfermos o perdiendo, nacimos para el éxito, para gobernar y señorear, a nosotros se nos dio toda autoridad, ¡somos hijos de Dios! La religión basa su sistema en leyes y mandamientos, pero quien tiene Reino, tiene valores y principios. Las leyes van a lo externo, pero los valores a lo interno. Jesús vino no a establecer una religión basada en leyes y mandamientos externos, sino que Él hizo un nuevo pacto, para que de esta forma, pudiéramos tener una relación con Él y guardar sus principios en el corazón. Quien tiene Reino no necesita leyes y mandamientos para andar de forma correcta, sino que tiene valores y principios que lo llevan a andar honrando a Dios de forma voluntaria. El Reino de los Cielos no es religión, es relación. Como hijos de Dios tenemos autoridad, pero la religión secuestro la autoridad haciéndonos creer que solo el pastor tiene autoridad, pero la realidad es que toda la Iglesia tiene autoridad, y debemos ejercerla. Con esa autoridad podemos decirle a la enfermedad: “Eres ilegal en mí, porque tengo el ADN del Cielo, y fui llamado a gobernar y no a ser gobernado”.

Es tiempo de que la Iglesia de Jesús se levante para sanar al enfermo, echar fuera demonios, y para predicar a Jesús con toda autoridad. Es tiempo de empezar a tener no religión, sino Reino, es decir, una relación de intimidad con el Creador. Dios quiere con sus hijos no una religión, sino una relación en la que podamos conocerle a Él, y en la que hagamos lo correcto no por presión, sino que nuestro amor hacia Él nos lleve a obedecerle siempre. ¡El Reino de Dios no amenaza, enamora! Tengamos Reino, y conquistemos a este mundo con el amor de Dios.