“Recomponiendo nuestra sociedad”

Todo lo que se oponga al plan de Dios para este país, será desaparecido de la faz de esta tierra. La esperanza, en sí misma, es un ancla que permite que nos mantengamos estables. Tengan paz, Dios está al frente de este país. Si algo hay que hacer en este momento, es oír a Dios. Hay que estar muy atentos a lo que Dios nos pueda decir. Este no es un problema político, sino un problema de odio, y el odio nace en el corazón. No habrá una renuncia al odio en una mesa de “diálogo”; lo que ahí se conseguiría sería ofender, defender distintos puntos de vista y satisfacer la sed de venganza. Lo único que puede sacarnos de esta situación, es alzar nuestros ojos a Dios.

Necesitamos llevar un mensaje de esperanza; no esperar a que los demás vengan a la iglesia, sino ir a la gente. Basado en eso, estoy seguro de que es el momento más propicio para hablar de Jesús; para que todos sepan que la mirada hay que fijarla arriba, no hacia los lados, a izquierda o a derecha. Lo primero que debemos establecer es la verdad de un amor puro, que solamente Jesús tiene hacia nosotros, el cual demostró en la cruz; un amor que de ninguna manera puede describirse con palabras. El mensaje de Jesús, que por experiencia propia, sé que cambia vidas para bien y para siempre, y es el único que le da estructura al ser humano; por lo que, puedo asegurar, que anunciando juicio a un país no vamos a solucionar nada, pero anunciando este mensaje, alcanzaremos a toda una nación para vida.

Asimismo, es necesario entender que, las iniciativas de carácter natural no traen soluciones; pero, el mensaje de Jesús es sobrenatural. De no ser así, Jesús y sus discípulos no habrían podido alimentar a una multitud con tan poco alimento. Dios no puede usar a quien no se pone en su mano. No podemos condicionar a Dios; a Él no se le puede servir. El amor de Dios no se expresa solamente con palabras, usualmente se expresa dando. Quien ama, da. El primer ejemplo de amor, fue el del Padre, quien dio a su único Hijo para que todo aquel que en Él creyera, no se perdiera, sino que tuviera vida eterna. No lo hacía por Él, sino a favor de toda la humanidad. Esa clase de amor no puede explicarse, lo único que podemos hacer es experimentarlo y disfrutarlo. ¡Alcemos, entonces, nuestra mirada a Dios y a ese amor!

¿Cómo iremos a otros países, si el nuestro aún no está amando a Jesús? Necesitamos tener una evidencia de que Jesús puede cambiar naciones para poder testificar sobre él. Todos los que somos testigos de Jesús, debemos tener evidencias que mostrar. La mayor de todas, es el amor. Es ese amor que es mayor, incluso, que la fe y la esperanza. Esto no implica que estas últimas no sean importantes, sino que, no existe nada más grande y poderoso que Su amor. Apocalipsis 1:5: “ y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre.” El único que puede tener evidencias claras y contundentes, es Jesús. Nadie tiene más autoridad que Él, por eso, Él debe empoderarse de esta sociedad venezolana.

No hay un ser humano que haya amado más a la raza humana, que Jesús. Jamás podremos reclamar un legado de grandes hombres como Buda, que antes de morir, dijo a sus discípulos: “Estoy muriendo, ahora ustedes sean su propia luz”, en otras palabras, ellos debían arreglárselas solos; lo único que podemos tener de él, es el ejemplo de sus enseñanzas; o en otro caso, Sócrates, que antes de morir, dijo a quienes le seguían que no había más que la vida en la tierra, pues desconocía qué había después de la muerte; pero Jesús, dijo: “Les conviene que yo me vaya, pero no los dejaré huérfanos….”. Solamente Él pudo dejar un legado a sus discípulos.

Él nos lava de nuestros pecados porque nos ama. Por lo tanto, nuestro servicio a Él o cualquier iniciativa que hagamos para beneficiar a otros, no pueden ser motivados por el interés, sino por amor. Seguiremos haciendo la voluntad de nuestro Dios, y caminando de acuerdo a los tiempos de Dios. Cuando nos apegamos a formas y tradiciones de hacer las cosas, más que a Dios, somos impedidos a avanzar hacia lo nuevo de Dios. No hay amor más apasionado que el de Jesús.

Jesús muriendo en una cruz, siendo asesinado por los que Él quería salvar, dijo al Padre: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Este es el amor de Jesús, un amor que se entregó hasta la muerte, aun por aquellos que le persiguieron y llevaron a la cruz. ¿Qué le conviene a un país? Una fe basada en  la libertad para tomar decisiones, pero basada en el perdón, respeto, tolerancia, AMOR. Esta es la clase de fe que puede engrandecer una nación, hacer de ella un país que levante una gestión transparente y efectiva. Sigamos soñando con esa nación que se vuelve, abraza esta fe y ama a Jesús.