Recibiendo el Bautismo del Espíritu Santo

Lucas 3:16: “respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.”

Un creyente o iglesia que sabe orar y depender del Espíritu Santo es indetenible, porque no hay manera de que el enemigo pueda derrotarlo; porque ese deseo de su corazón, de ser lleno del Espíritu Santo, lo motiva a buscar cada vez más, y el enemigo no tendrá lugar en su vida.

Juan buscaba esa llenura que podemos obtener por medio del bautismo del Espíritu Santo. Jesús tiene la capacidad de sumergirte en el Espíritu Santo y fuego, para que no solo seas lleno, sino que te mantengas en esa vida saturada de presencia y poder.

Las circunstancias tienen el poder de enfriar nuestro corazón hasta crear apatía, entonces tiene que venir Dios con una persona: el Espíritu Santo, que es capaz de eliminar ese frío con su fuego. ¡Necesitamos tanto al Espíritu Santo! El mismo Jesús nos dio el ejemplo; Él comenzó su ministerio solo cuando estuvo totalmente lleno de su presencia.

Nos hemos acostumbrado a confiar en nuestras propias habilidades, y poco a poco las situaciones nos hacen caer en la apatía y vanidad, olvidándonos entonces del Espíritu Santo, creyendo que podemos solos, y en lugar de correr a sus pies y sincerarnos al admitir que hemos perdido el fuego, hacemos todo lo contrario, seguimos trabajando en su obra pero sin Él, creyendo que engañamos a otros cuando los únicos engañados somos nosotros mismos. ¡Vive sabiendo que necesitas al Espíritu Santo! Urgentemente necesitamos el bautismo de poder, fuego y Espíritu Santo; cuando eso pasa, todo se activa: la fe, esperanza, predicación, denuedo regresan, los milagros se activan y el pecado es vencido.

Una persona llena del Espíritu Santo no tendrá necesidad de que alguien le diga que esto o aquello es malo, porque él mismo tendrá repulsión por el pecado y se alejará del mismo. Es tan lleno de Dios, que solo es atraído por lo santo, y el pecado jamás será motivo de lucha para su vida. Una vida llena del Espíritu Santo se transforma, y cada día se parece más a la de Jesús, porque esa es una de sus funciones; Él ha sido enviado para glorificar a Jesús en nosotros y solo Él puede darle forma desde nuestro interior. Mientras más llenos estemos de Él, será más fácil vivir como Jesús.

Son personas que buscan con pasión, deseo y anhelo a Dios y su presencia, en oración, ayunos y vigilias. Las prácticas espirituales están siendo sustituidas por activismos en las iglesias, queriendo hacer muchas obras y poca búsqueda, pero cuando Él regresa a tu vida, anhelarás más la presencia de Dios. Los momentos de encuentro con Dios nunca serán planificados, sino espontáneos. Quien le da lugar a la apatía se lo quita al Espíritu Santo, pierde la comunión con Él, pero una vez que Él regresa a tu vida, conocerás ese “de repente” del que habla la Biblia.

Una persona llena del Espíritu Santo está llena de poder y unción para hacer el bien y sanar a los oprimidos por el enemigo. Solo Él te puede dar poder para romper los yugos que estén sobre tu vida. La unción siempre vendrá sobre ti, no solo para bendecirte, sino para bendecir a otros. No hay algo a lo que el enemigo le tenga más miedo, que a una iglesia que busca la presencia de Dios, porque sabe que recibirá el poder para liberar a otros.

Cuando una vida no está llena del Espíritu Santo, puede que hable la palabra de Dios, pero no impactará, porque no va cargada de la unción del Espíritu Santo. Tu fe funciona solo cuando bajo el poder y unción del Espíritu Santo ministras con poder lo que hay dentro de ti.

Una persona sumergida en el Espíritu Santo siempre buscará exaltar el nombre de Jesús; no corre tras reconocimientos, ni busca aceptación, y mucho menos se siente falto de ánimo porque nadie ve lo que está haciendo, porque su ánimo se llama “Espíritu Santo”.

Ellos tienen el poder de contagiar a otros con lo que tienen dentro, nadie que los rodee podrá mantenerse indiferente. Hablan y oran en el espíritu y en otras lenguas, mientras Dios los respalda con señales, obras y maravillas. El problema es que pedimos señales, sin haber sido saturados por el Espíritu Santo.

Asimismo, son personas que superan de manera sobrenatural las pruebas y amenazas; el enemigo los ataca, pero ellos buscan apoyo con los que oran, y el Espíritu Santo que habita en ellos los defiende asombrosamente. (Leer Hechos 2, 3, 4 y 5). Cuando sientas más presión por parte del enemigo, intensifica la búsqueda del Espíritu Santo, porque en su presencia está la garantía de tu milagro por medio de su poder. Cuando el Espíritu Santo está sobre ti, te vuelves indetenible.

Estas personas están llenas de amor, y no de odio, rencor o envidia. Comienzan a amar a la gente, la iglesia y su obra. Y este amor tiene tanta pasión como su fuego. La falta de amor en una persona es falta de la llenura del Espíritu Santo. La unidad proviene de la verdadera llenura del Espíritu Santo; no miras el defecto sino la virtud de los demás, andarás amando a tu hermano, porque él te enseña a amar como Dios.

No hay manera en que el enemigo, los hombres o la religión los esclavice porque ellos son verdaderamente libres. Donde el Espíritu del Señor está, hay libertad. Él moverá tus cimientos hasta romper las cadenas que te aprisionan. La ausencia del Espíritu Santo produce crítica, falta de paz, amargura, pecado, religión, pero su presencia trae poder, gozo, buenos frutos, transformación, predicación. ¡Necesitamos el Espíritu Santo!