¿Qué tienes en tu mano?

Éxodo 3:19-22: “Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte. Pero yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir. Y yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los egipcios, para que cuando salgáis, no vayáis con las manos vacías; sino que pedirá cada mujer a su vecina y a su huésped alhajas de plata, alhajas de oro, y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; y despojaréis a Egipto.”

Israel atravesaba el momento más duro de su esclavitud, y esto había generado que su vida espiritual mermara, y que se olvidaran del poder que habían recibido de parte de Dios, pero en ese momento, Él aparece a ellos como respuesta a una promesa que ya estaba dada. Ahora bien, la peor cadena que tenía el pueblo de Israel no era el trabajo físico, sino el haber olvidado quién era Dios y su poder; esa era su verdadera esclavitud. Dios siempre garantiza intervenir, porque Él cumple sus promesas, pero no trabaja solo; cuando decide actuar, busca tu participación, porque en el milagro que quiere hacer en tu vida, tienes un papel que desempeñar.

Todo ser humano vive tiempos difíciles en los que siente que un faraón o sistema se levanta para interferir en su libertad, pero el peor peligro es que este comience a ver más la situación que a Dios, su poder y sus promesas. Sentirse solo, inferior a los demás, que no se tiene nada para cambiar la situación, con mentalidad de esclavo y auto menosprecio puede dañar lo que será la salida de esa situación.

Es necesario que comiences a verte con valor, porque precisamente por ese valor es que el enemigo busca oprimirte, él sabe que eres un vaso de barro que contiene algo valioso colocado por Dios. Deja de creerle al enemigo y comienza a ver lo que tienes, porque tienes un Dios grande, y si lo que tienes en tu mano es pequeño, al colocarlo en la mano de Dios, se transformará en algo grande. Cuando Dios comienza su obra, lo primero que hace es cambiar la mentalidad de las personas; así que, no pierdas el enfoque, comienza a mirar lo que tienes, no esperes a que otro lo mire, hazlo tú, porque tú tienes algo para poner en las manos de Dios.

Tu semilla y tu don valen, porque nada es pequeño en las manos de Dios. No te dejes amedrentar por otros; si tienes la capacidad de ir a la presencia de Dios y colocar tus capacidades en sus manos, serás grande. Dios puede usar lo más simple y convertirlo en un milagro sobrenatural. El que menosprecia la semilla, jamás tendrá una cosecha. Si no eres capaz de creer en ti mismo, ¿cómo esperas que otros lo hagan? Si Dios te está mirando con el potencial para hacer algo sobrenatural, ¿cómo no te vas a mirar tú o creer que no puedes hacerlo? Si Dios te dice que puedes, Él se asegurará de que lo hagas. Deja de mirar a otro y lo que tiene; tú eres único, y Dios tiene un plan contigo.

Hay algo que tienes que Él quiere bendecir. Hay una unción dentro de ti, que acompañada de la búsqueda de la presencia de Dios, te hará convertirte en un gran instrumento de Dios, porque cuando colocas en su mano lo que tienes, Él se encargará de hacerlo crecer. Tienes un talento, y Dios hace que lo que te falte en el don, te sobre en la gracia. Él tiene la unción para que de lo común y lo corriente resulte lo extraordinario. Hay personas que por tanta esclavitud y desánimo tienen la bendición delante de sus ojos y no la ven, pero la respuesta está en ellos.

Cuando prestas atención a la palabra profética, los ojos se te abren y la mente se te aclara; y, el que usa lo que tiene, se le confía lo que otros no están usando. A los que creen en Dios, cuando su recurso natural se acaba, se les abren las ventanas de los cielos, porque tienen un depósito eterno. Una cosa es hacer algo en tu fuerza o capacidad, pero otra distinta es cuando Jesús aparece y lo haces en su Palabra, porque lo que no funciona con habilidad humana, funciona con su Palabra.

Tu fe tiene poder, y a través de ella, Dios traerá su unción para transformar lo simple y común en un milagro sobrenatural. No te amedrentes cuando veas muy grande tu reto. A veces el milagro no está en los capaces o en entendidos, sino en el que cree y se atreve a decir lo que tienen en su mano que puede ser usado por Dios, como el niño que entregó a Jesús los panes y los peces, que con Su bendición, sirvió para alimentar a más de 5 mil hombres.