¡Qué nadie pierda la fe!

No sabrás de qué estás hecho hasta enfrentarte a una adversidad, y en medio de ella, tengas que probar que tu fe seguirá intacta y que continuarás creyendo. Esto le ocurrió al apóstol Pedro, a quien Jesús le cambió el nombre, de Simón, que traduce “junco que mueve el viento”, a Pedro, que significa “roca firme”. Ya Jesús le había cambiado el nombre, cuando le dice: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo”. Pedro debía demostrar, en este caso, que no había sucedido un simple cambio de nombre, sino un genuino cambio de identidad, en el corazón. Ahora, nos toca demostrar que somos la Iglesia de Jesús, a través de la fe, orando y sirviendo al prójimo. La fe no se habla, se muestra con hechos contundentes. Es así que, proseguiremos en anunciar lo que Dios nos ha hablado: ¡Vienen días de gloria para Venezuela!

Por ello, no dejemos que lo que veamos u oigamos nos distraiga de lo que Dios ha dicho y nos haga salir de nuestra posición espiritual, porque cuando vemos lo contrario a lo que hemos orado y creído, la mente cuestiona la fe con pensamientos negativos. La Biblia define la fe como “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Y se testifica que por ella, la fe, alcanzaron buen testimonio los antiguos, así como el entender que el universo fue constituido por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. De la misma forma, lo que Dios hará en tu vida, en tu familia y en Venezuela, no lo podemos razonar, ni explicar; será completamente nuevo, nunca visto anteriormente. De manera que, tengamos una posición firme y estemos dispuestos a ser partícipes de los planes que Dios tiene para nuestro país.

Si te desanimas revisa dónde está anclada tu fe, si en la Palabra de Dios o en lo que ves o escuchas. La fe no se asusta, está llena de gallardía y no entra en desesperación. La fe no se razona, ni se calcula, la fe se ejecuta. Dios no necesitó reprender las tinieblas, Él trajo la luz y las tinieblas se disiparon; por eso, vamos a traer la luz de Jesús a Venezuela para que esa luz traiga orden, paz y reconciliación. La fe es arriesgar todo lo que tenemos para recibir lo que Dios nos dará. Entonces, suelta la condenación y el fracaso, toma el futuro que hay para ti. Una posición de fe en el momento propicio es capaz de hacer una marca significativa en el cielo a favor la humanidad. Este es el momento de elevar oración y lágrimas al cielo a favor de Venezuela, para lograr que Dios se levante con nuestra fe. Este país verá vida y vida en abundancia. Una vez más lo digo: ¡Vienen días de gloria!