“El punto de vista de Dios de lo que realmente tú necesitas”

Génesis 2:15-18: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.”

Cuando Dios crea a Adán le da imagen, semejanza y lo que Él consideró que necesitaba para vivir en esta tierra, que no es lo mismo que nosotros consideramos en este mundo moderno. Dios puso a Adán en el Edén, lugar donde estaba su presencia, en el que Él se movía y hablaba con él, así que, lo primero que Dios consideró que Adán necesitaba era su presencia; cuánto más nosotros la necesitamos para vivir en los tiempos en los que vivimos. Fuimos creados para vivir en la presencia de Dios, para tener una relación con Él y no una religión.

Lo segundo que Dios le da al hombre se llama trabajo, porque no desea que estemos sin hacer nada, al contrario, quiere que a través del trabajo podamos adquirir riquezas y avancemos, Dios colocó a Adán en el huerto para que lo labrara, y le enseñó que el trabajo tiene un valor espiritual, la religión dice que el trabajo es el castigo de Dios por el pecado del hombre, pero cuando Dios se lo asignó a Adán, no había pecado. Muchas veces queremos la presencia, pero no queremos trabajo y Dios no le da su presencia a flojos.

Génesis 3:17-18: “Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.”
La maldición es un poder sobrenatural para fracasar, y la tierra tiene el mandato de Dios de resistir todo el trabajo que hagamos cuando no andamos en su presencia, ella reconoce a Dios y le obedece, y en lugar de darnos el fruto de bendición, nos resiste, por eso es tan fácil ser pobre, pero tan difícil ser próspero; si cargamos la presencia de Dios la tierra nos reconoce, porque la maldición fue dada a un hombre que estaba fuera del Edén, y de la presencia, pero apareció Jesús para reinsertarnos de nuevo en la presencia de Dios y cuando estamos dentro de ella, no estamos en una tierra maldita, sino en un Edén.

Lo tercero que Dios le da a Adán es su Palabra, ella va a definir lo que somos, no lo que otros dicen, sino lo que la Biblia expresa, esta define que somos hijos de Dios, cabeza y no cola, puestos para gobernar y reinar, para ser real sacerdocio, nación santa. Debemos escuchar a Dios, los psicólogos dicen que las personas que más amamos y las que más nos importan, son las que más escuchamos para definir quienes somos, tenemos que hacer de Dios la persona más importante de nuestras vidas, y su Palabra definirá lo que somos.

Muchos quieren la bendición de Dios, pero Él no se la da a flojos, porque antes de la bendición, debemos tener la presencia, el trabajo y la Palabra, y luego llegará la bendición. Aún la presencia de Dios hay que trabajarla, dedicar horas a la Palabra, a la oración; lo que necesitamos para ser felices está en la Biblia, lo demás vendrá por añadidura.