“Puedes cosechar en tu desierto”

Todos tenemos desiertos; los países mismos, incluso, pasan por desiertos, de tipo económico, social y hasta espiritual. Un desierto puede entenderse como un tiempo de crisis o escases, y todos pasamos por eso. Pero, Dios puede hacer que en medio de ese desierto seamos prosperados, y cosechemos, aunque muchos digan que en el desierto  no se puede prosperar, que eso solo se puede hacer en Canaán, se equivocan, porque la Biblia dice que Dios nos puede prosperar, y nosotros debemos creer lo que la Biblia dice.

2 Pedro 3:9: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”

Pedro inspirado por el Espíritu Santo le está diciendo a la Iglesia que es una percepción equivocada el creer que no se puede avanzar y salir de la dificultad, del problema; le está diciendo a la Iglesia que Dios no se ha olvidado de ellos y que Él quiere cumplir en cada uno Sus promesas. Es un deseo ardiente en el corazón de Dios que todos vayan al cielo, y no solo un grupo de personas; Dios es paciente para que todos procedan al arrepentimiento.

2 Corintios 10:3-5: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo…”

El fruto del Espíritu nunca será avergonzar a nadie, solo Satanás es capaz de avergonzar a alguien a causa de sus errores y debilidades. Dios ha dado orden de bendición y no puede ser revocada por nadie, porque lo que Dios bendijo, nadie puede maldecir. Mientras permanezcamos obedientes a Dios y Su Palabra nada nos dañará, y esa obediencia desatará la bendición, es la única manera de amarrar y vencer el problema, la dificultad y todo lo que te agobie. Dios necesita una Iglesia que se levante, crea Su Palabra y se mueva por obediencia, aun sin entender.

Hechos 20:35: “En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.”

Jesús nos ha enseñado que es mejor dar que recibir; el que está dando algo en el Reino de los cielos, lo va a cosechar. Cuando recibimos algo de parte de Dios, es porque antes lo hemos sembrado. La forma para permanecer cosechando en medio del desierto es sembrando en él, no solamente cuando en la tierra fluye leche. No debemos mirar las circunstancias para sembrar, porque así, nunca vamos a cosechar. Encarguémonos de sembrar en todo lugar, y no solo en el que nos parece el indicado, porque el sembrador siembra en todo lugar y no nos preocupemos de si va a crecer o no, porque el crecimiento lo da Dios. Dios ha dicho que Él abre estanques de agua en el desierto, así que solo sembremos en todo lugar, Dios hará todo lo demás.

Génesis 26:1-4-12: “Después hubo hambre en la tierra, además de la primera hambre que hubo en los días de Abraham; y se fue Isaac a Abimelec rey de los filisteos, en Gerar. Y se le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré. Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre. Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente…Y sembró Isaac en aquella tierra, y  cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová.”

Dios había dado una promesa a Abraham que le daría la tierra y Satanás quería hacer que Isaac saliera de esa tierra a causa de la dificultad, para que no se cumpliera en él la Palabra que Dios había hablado; sin embargo, Dios le habla y le dice que permaneciera allí porque Él lo bendeciría, e Isaac siendo obediente a esa palabra, permaneció allí, y de todo lo que sembraba, Dios lo multiplicaba al ciento por uno. ¡Sigamos haciendo lo que Dios quiere, porque para Él no hay nada imposible!

Hageo 1:2-6-8-10-11: “Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: Este pueblo dice: No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada. Entonces vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: ¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta? Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto. Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová. Por eso se detuvo de los cielos sobre vosotros la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos. Y llamé la sequía sobre esta tierra, y sobre los montes, sobre el trigo, sobre el vino, sobre el aceite, sobre todo lo que la tierra produce, sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre todo trabajo de manos.”

Debemos atrevernos a sembrar y comenzar a reedificar, aun donde hay ruinas, donde no vemos nada, y Dios, en medio de ese desierto, nos bendecirá; pero, busquemos y pongamos a Dios primero y seamos obedientes a Su Palabra, porque solo en Dios encontramos todas las herramientas para reedificar.