Ponte de acuerdo con Dios

Dios le dijo al pueblo de Israel, en un tono de reprensión de amor, que sus caminos no eran los caminos de Él, ni sus pensamientos eran sus pensamientos. Les estaba queriendo decir que Él iba por un lado y ellos iban por otro; es decir, que Dios necesitaba que ellos se pusieran de acuerdo con Él para que pudieran ser bendecidos.

Mucha gente no está siendo bendecida aunque asiste a la iglesia, y esto era lo que le estaba aconteciendo al pueblo de Israel, porque no estaban caminando en acuerdo con Dios, querían que Él caminara en los planes de ellos, pero ellos no querían caminar en los de Dios. Tenemos que entender que Dios está más interesado en convertirte en algo, que en darte algo, porque sabe que si genera cambios productivos dentro de ti, lo de afuera eventualmente vendrá.

No hay nada más poderoso en la Biblia que aquellos hombres que caminaron en acuerdo con Dios.

1 Corintios 2:9: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman.”

La palabra “preparar” es “anticipar”, es decir, Dios planea, tiene sueños y un plan; no puedes pensar que lo que está pasando es improvisado, Él tiene un plan y está en control. – Dice la Biblia que sus ojos contemplan toda la tierra. – Pero, esos planes de Dios no pueden ser vistos por ojos humanos, sino discernirse a través del Espíritu Santo. Cuando entiendes los planes de Dios, alineas los tuyos a los de Él, y caminas en acuerdo con Él. Cuando esto ocurre, los milagros se vuelven una realidad en tu vida, empiezas a caminar sobre las circunstancias y no ellas sobre ti.

Hay un gran poder que se desata cuando caminamos en acuerdo con Dios, cuando empezamos a decretar con nuestra boca lo que Él está decretando, y cuando empezamos a pensar lo que Él está pensando.

Salmo 119:172: “Hablará mi lengua tus dichos, Porque todos tus mandamientos son justicia.”

Dios tiene compromiso no con lo que tú digas, sino con lo que Él ha dicho, y no hay nada más poderoso que orar a Dios con Su palabra, y proclamarla siempre, aunque ella esté en contradicción con lo que en el mundo esté pasando. Lo grande es que puedes cambiar lo que estás viendo con lo que Dios está diciendo, cambiar tu realidad con la verdad de Dios, ejercer fe y con ella mover montañas, y lo haces, hablando con tu lengua los dichos de Dios.

Salmo 35:28: “Y mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día.”

No hables con tu boca lo que piensas, sino lo que Dios piensa, porque lo importante no es lo que digas sino lo que Dios dice, es el propósito de Dios el que prevalecerá; así que, habla con tu lengua la Palabra y alábale con ella todo el día. Actualmente, todos hablan de desánimo y fracaso, pero Dios no quiere eso, Él quiere algo diferente, que hables lo que Él está hablando, y es necesario que sepas que no vas a poder hacerlo con tus fuerzas, sino con las del Espíritu Santo de Dios en ti. Jesús dijo en una oportunidad que sus palabras son espíritu y son vida; así que, la Palabra de Dios tiene el poder de entrar en tu interior y darle vida a lo que está muerto, y de allí, transformar el exterior.

Cuando quieras hablar palabras que no sean de edificación, calla tu boca. Proponte hablar solo lo que la Biblia dice. Recuerda que es con el poder del Espíritu Santo que podrás hablar la Palabra de Dios y quitar de tu boca toda palabra que no proceda de Él. Habla lo que Dios quiere, decreta sus pensamientos. Tus palabras son decretos, y desde el momento que decretes con tu boca un milagro, Dios lo va a hacer. ¡No proclames lo que tú piensas sino lo que Dios piensa!