“El poder de una mente renovada”

Filipenses 4: 7-9: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.”

No podemos permitir que nuestra mente sea acorralada para pensar solo en sobrevivir o subsistir debido a la situación que estamos viviendo, sino que debemos renovarla con la Palabra de Dios para pensar en grande, a la manera de Dios, porque nosotros podemos pensar los pensamientos de Dios; no nos dejemos dar forma por lo que nos rodea, no podemos permitir que nuestra mente se ocupe solamente en pensar cómo soluciono el alimento de esta semana, cómo pago al gasto básico, y entonces lo valioso de nuestro tiempo y los pensamientos que Dios quiere darnos se vean resumidos en un tiempo ocupado en solo pensar cosas pequeñas.

Hay cosas que no podemos impedir que sucedan afuera, pero si podemos impedir que afecten nuestra manera de pensar, el Dios de paz puede guardar nuestro corazón para que no sea afectado, porque como el hombre piensa en su corazón, así se comporta y así es; podemos permitirle a Dios que guarde nuestra mente, Él lo puede lograr a través de la renovación de la mente por medio de la Palabra de Dios, y si no se lo permitimos, fortalezas empiezan a levantarse contra el conocimiento de Dios en nuestra vida, empiezan a levantarse argumentos de una mente que empieza a retroceder y a pensar desde su alma, desde su carne, desde su naturaleza y no desde su espíritu.

Cuando Dios transforma nuestro espíritu, nos hace nacer de nuevo por el arrepentimiento, pero la renovación de la mente es un trabajo en el que debemos involucrarnos. El hombre no fue creado solo espíritu aunque es espíritu, se le fue dada un alma donde está la mente, los pensamientos, emociones, sentimientos, voluntad, razón, lógica y poder, es por ello, que  necesitamos trabajar equilibradamente con la Palabra de Dios para que nuestra mente no sea un lugar donde Satanás deposite miedos, temores y dudas, sino donde la Palabra de Dios viva y corra libremente, porque si dejamos traer esclavitud a la mente, los resultados afuera, aunque tengamos oportunidades no los podremos ver, ni disfrutar.

Que terrible que en nuestra mente no haya la esperanza, la expectativa de una tierra prometida, que no podamos imaginar y pensar en lo que estamos a punto de heredar, en el momento que eso sucede en nuestra mente, una esclavitud viene a nosotros y empezamos a entregarnos a la condición actual,  es sorprendente que podemos saber que algo no está bien en nuestra vida, pero por no tener pensamientos diferentes para hacer otra cosa, terminamos inconscientemente haciendo lo mismo aunque no nos funciona y es un error, porque tenemos ahora un acondicionamiento y esclavitud mental que nos hace regresar a patrones repetitivos.

Jesús aprendió a pensar desde el espíritu, por eso es que cuando Satanás lo tentaba no decía un dicho o un refrán, decía: “escrito está”, eso es pensar desde el espíritu, toda mentira temporal del enemigo se vence con la revelación de la verdad de la Palabra en tu espíritu, debemos educar nuestra mente con la Palabra de Dios.

2 Corintios 10: 3-7: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta. Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno está persuadido en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo.” 

No debemos dejar darnos forma, ni moldear por este sistema, no dejemos que esta cultura, que las circunstancias que nos rodean y las palabras de los hombres moldeen nuestro mundo y corazón, debemos ser transformados conforme a la renovación de nuestro entendimiento para que comprobemos cual sea la voluntad de Dios, agradable y perfecta. Nosotros tenemos la mente de Cristo.