“El poder sobrenatural de la oración”

Si un cristiano quiere traer el Reino de Dios, necesita hacerlo en lo sobrenatural, necesitamos cristianos que estén en oración.

Salmos 127:1: “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia.”

A Dios no se le puede describir sin la palabra “sobrenatural”, el Dios en el que hemos creído tiene el poder para suspender leyes naturales, obrando así a favor de nosotros, pero cuando no tenemos lo sobrenatural de Dios, estamos expuestos a enfermedades y a cualquier maldición, es por ello, que sometidos a lo sobrenatural, toda maldición se tiene que ir. Para obtener milagros de Dios, necesitamos conectarnos a lo sobrenatural, porque Él se mueve en el plano espiritual, por eso debemos estar en oración.

Génesis 1:27: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

Dios creó el espíritu del hombre a su semejanza, pues Él se duplicó en el hombre, lo que vemos no es lo que somos, nuestro verdadero yo es el espiritual, no es el cuerpo, sino el espíritu el que fue creado primero. La oración conecta nuestro verdadero yo con Dios, pues es a través de la oración que logramos que nuestro espíritu se conecte con Él. El origen de la rebeldía, de la pobreza y de toda maldición, está en el espíritu y cuando entendemos que nuestro origen está en lo espiritual, no nos limitamos a la enfermedad, o a lo que estamos enfrentando en el plano natural, sino que actuamos y creemos en lo sobrenatural.

Romanos 8:6: “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.”

Debemos conectarnos a Dios, a nuestro verdadero ser espiritual, pues no somos lo que la gente dice, somos lo que la Biblia dice.

1 Corintios 2:14: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.”

La oración es algo netamente espiritual y debemos hacerlo con el peso del espíritu. Lo que para el hombre natural es una verdad para el espiritual es una temporada, no dejes que te convenza tu hombre natural por lo que ves, lo que oyes o lo que sientes. El mismo Pablo decía:

2 Corintios 4:9b: “…derribados, pero no destruidos.”

La necesidad de nuestro ser natural no mueve a Dios, lo mueve la fe. Cuando nuestro hombre interior, nuestro hombre espiritual, se conecta con Dios en lo sobrenatural, Él se detiene a escuchar nuestro clamor.

Efesios 3:3-4: “que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo.”

Antes que la tierra se formara, nuestro hombre interior había sido creado, así que involucremos el peso de nuestro espíritu en nuestra oración. Para traer el ambiente que está en el cielo, a la tierra, debemos conectarnos en oración, esa atmosfera es la Gloria de Dios, pues no es el ámbito natural nuestro verdadero origen, pero nuestro error es que estamos demasiado acostumbrados al ambiente natural, pero solo a través de la oración podemos ver lo que Dios tiene para nosotros, pues esas cosas están en lo espiritual y solo las podremos ver orando y así  las traeremos a la tierra. El problema es que cuando estamos orando lo hacemos desde nuestra necesidad y no realmente desde una relación con Dios, no olvidemos que a Dios no lo mueve la necesidad, sino la fe.

Cuando tenemos una relación con Dios, Él sabe de qué cosas tenemos necesidad antes que se las pidamos, mientras no tengamos una verdadera relación con Dios, estaremos en necesidad y Él no quiere que tengamos una religión, sino una relación, la oración te da relación, comunión e intimidad. Intimidad es confianza, es hablar con tranquilidad, eso es una relación y lo que Dios quiere con nosotros, una relación de Padre e hijos, delante de Él no hay formalidades sino intimidad. Las bendiciones espirituales ya nos han sido dadas, solo debemos atraerlas de lo sobrenatural a lo natural, que sea nuestro hombre interior orando, clamando, hablando con Dios.