El poder de las palabras de tu boca

Dios creó el mundo con las palabras de su boca, y debemos ser consientes de que hay un poder creativo en lo que decimos, es decir, creamos nuestro mundo con la boca, y no se trata de filosofía sino de Biblia. Las palabras tienen el poder de comunicar y crear vida o muerte, paz o guerra, bendición o maldición, unión o división, odio o perdón. Todo lo que vemos fue creado a través de la palabra de Dios, por ello, prestemos más atención a lo que decimos, porque de lo contrario, viviremos atados a las palabras de nuestra boca, pero la Biblia dice que quien conozca la verdad será libre.

Nuestras palabras se vuelven realidad, son como semillas que dan fruto, por lo tanto, cosecharemos de ellas; por lo que, cuando hablamos continuamente algo le damos vida a lo que decimos, aunque no lo notemos nuestras palabras profetizan nuestro futuro; es por eso, que si no nos gusta lo que estamos viendo hay que cambiar lo que estamos diciendo.

Santiago 3:3: “He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.”

Nuestra vida va avanzar en dirección a lo que decimos: Un pequeño freno en la boca del caballo dirige todo su cuerpo; de igual forma, lo que da dirección a dónde iremos, son nuestras palabras, ellas son como semillas que van a dar fruto y comeremos de ellas. Nuestra vida no va a ir a donde los deseos quieran, pero si a donde nuestra confesión diga, por lo que, debemos cuidar lo que decimos, porque si constantemente maldecimos nuestro futuro, (entiéndase por maldecir “hablar mal”) no podremos ver algo diferente. Si vemos algo que no nos gusta, cambiemos nuestra confesión, hablemos palabras de bendición, porque nuestra boca puede ser para bendecir y unir, prestemos nuestra boca al cielo para que este comience a bendecir.

Mucha gente se encuentra en el fracaso porque se creyeron lo que el enemigo les dijo: El problema es que queremos ver para creer, pero cómo podremos ver si no aprendemos a hablar. Cuando creemos, creamos, pero no es por nuestras capacidades sino, porque algo dentro de nosotros nos dice que somos lo que la Biblia dice que somos. Tenemos el poder de decidir qué sembraremos con nuestras palabras, por ende, comencemos a esparcir semillas de bien; todos tenemos pensamientos negativos, pero el verdadero desafío que tenemos los creyentes es no verbalizarlo, porque si no lo hacemos, muere antes de nacer, pero si lo verbalizamos le damos vida por el poder creativo de nuestra boca.

Proverbios 12:18: “Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina.”

La lengua puede salvar o puede golpear: Con las palabras podemos golpear, herir o curar; y es que, cada vez que hablamos palabras que no son de bien o de bendición, golpeamos, por lo que, toda verdad que ofende o hiere ¡callémosla!,  porque no proviene de Dios, debido a que Él no usa esas palabras, tengamos dominio propio para que podamos ir a donde Dios quiera llevarnos. Una persona llena de Dios siempre romperá con el ciclo de odio que el enemigo crea, porque la guerra no vendrá sin que antes haya una palabra que la proclame; así que, cuando veamos que la mayoría habla de odio, el odio vendrá. El enemigo siempre usará el poder de la palabra porque sabe que ella tiene la capacidad de crear. No podemos evitar tener pensamientos, dudas o malos deseos, pero no lo pronunciemos para que mueran, no le demos vida a los pensamientos negativos, de fracaso o muerte, si no entendemos algo, es preferible que no lo digamos.

Nuestras palabras afectan nuestra vida: Con cada palabra que decimos no solo afectamos la vida de otros, sino que también golpeamos la nuestra. Además, con ellas podemos ponerle tropiezo a la vida de nuestros hermanos. Hay muchos que siempre tienen piedras para lanzar, pero nosotros hablemos palabras de restauración y no de ataque, crítica o contienda.

Sembremos palabras de bien y lo mismo cosecharemos, pero muchas veces exigimos lo que nunca hemos sembrado, vigilemos nuestra boca, ¿si pudiéramos comer nuestras palabras, ellas nos alimentarían o nos envenenarían? Nuestras palabras deben ser bendición para nuestra vida, familia y vecinos. Hay gente que hablando negativamente quieren vivir una vida positiva, hoy comencemos a declarar la Palabra para que podamos ver la bendición de Dios sobre nuestra vida. Las palabras de Jesús no desalientan, desaniman, o hablan cosas negativas, no son hirientes o sarcásticas, ellas son para edificar y bendecir, son espíritu y vida. Si queremos evitar la angustia, tener preocupaciones o  temores, hablemos palabras de bendición.

Daremos cuenta por nuestras palabras: Por nuestras palabras ociosas, vanas y sin fruto, daremos cuenta y seremos juzgados, por ello, comencemos a hablar palabras de bien y de bendición, creemos nuestro futuro con lo que decimos, comencemos a hablar lo que queremos ver, cambiemos lo que estamos confesando para que cambie lo que estamos esperando. Es tan importante que le pongamos interés a la Palabra de Dios, porque ella es el timón que le da dirección a nuestra vida, comencemos a confesar día y noche palabras de bien. Vienen cosas buenas, pero Dios necesita nuestra boca para proclamarlo, ¡profetiza con tus palabras!