“El poder de la Santa Cena”

1 Corintios 11:29-30: “Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.”

Hay tres cosas que suceden como consecuencia de tomar la Santa Cena, no por pecar, sino por no discernir lo que está haciendo, las cuales son: enfermedad, debilidad y muerte prematura, pero ¿qué ocurriría si al final de esta reunión tomamos la Santa Cena, y en vez de no discernir, sí discernimos lo que estamos haciendo hoy? Podríamos comenzar el año sometiendo la enfermedad, trayendo  fortaleza y vida abundante con vigor. La Santa Cena puede ser el instrumento espiritual más poderoso para comenzar un año.

Pablo le escribe a la iglesia de Corinto y les dice: “hay un problema que está sucediendo entre ustedes y es que algunos están enfermos, otros debilitados y otros muriendo”. Por consiguiente, Pablo les hace mención de que si ellos disciernen el cuerpo y la sangre de Cristo, se irá de ellos la enfermedad, la debilidad y nadie va a morir prematuramente, sino de viejo, y eso es lo que la Santa Cena puede lograr en un creyente que sabe lo que está haciendo, porque no lo hace por practica, ni siguiendo a los otros, sino por revelación de que está comiendo y bebiendo el cuerpo de Cristo, en un acto de fe pura y de espiritualidad, que no puede estar estorbada por la mente.

Dejar de hablar de la Santa Cena o hablarlo de forma liviana es un gran riesgo para los próximos años, porque no discernir el cuerpo y la sangre de Cristo acarrea enfermedad, debilidad y muerte prematura, pero si se discierne lo que se está haciendo, como consecuencia traerá salud y fortaleza ante los problemas que a cada persona se le puedan presentar.

Juan 6:54: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Jesús aclara y dice: “El único pan que descendió del cielo que ustedes comieron, se llama maná, y después que lo comían tenían hambre, pero el que me coma a mí, tendrá vida eterna, el que come este pan será saciado de todo bien”, Jesús aclara que vivirán eternamente. En un árbol se perdió el futuro de la humanidad, (aquel madero en el edén con el fruto prohibido), pero en otro árbol se recuperó (el madero en el Gólgota con el fruto del cielo). Y cuando se come el pan que representa el cuerpo de Cristo y se bebe lo que representa la sangre de Cristo se está recuperando el destino y el propósito de la vida. ¡Todo aquel que viene a Jesús jamás hallará muerte!

Aquel que toma la Santa Cena de la forma correcta obtendrá una fe renovada, podrá vencer cualquier obstáculo y nada le hará falta porque Dios será su proveedor, cuidador y nunca será desamparado, porque ha comido el fruto de la vida. Jesús es la vida eterna y todo aquel que le come tendrá la seguridad que aunque hoy se vea mal, mañana va a salir bien; puede ser que lo que veamos y oigamos no produzca alegría, pero hay  fe y esperanza, y mientras nos mantengamos en los principios espirituales que pueden hacer que las cosas cambien, las cosas van a cambiar.