“Pidiendo el espíritu de oración”

Zacarías 12:10: “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.”

Estar en los caminos de Dios, tener las promesas y la esperanza de las escrituras, sentir la llenura del Espíritu Santo, no es obra de la casualidad ni de la coincidencia, alguien tuvo que orar para que nosotros pudiésemos llegar a Cristo. Hoy muchas familias, hombres y mujeres están dependiendo de la oración de un hijo que conoce el poder que hay en ella, de un hijo que ha sido rescatado de las tinieblas y ha sido traído por medio de esta; ahora vidas enteras, destinos de familias, de ciudades y de países enteros, están bajo la responsabilidad de hombres que tomen la carga, pero esa carga en nuestras propias fuerzas no la podemos llevar. La Palabra de Dios nos hace una promesa acerca del espíritu de oración, lo primero que dice es: “derramaré una gracia sobre ustedes”, y esa gracia es una impartición de un atributo del carácter de Dios que se forma y se manifiesta en nosotros, es Dios haciéndolo a través de nosotros.

Podemos ser agentes de cambio, de transformación de otros a través nuestra oración, porque ella tiene poder, algo sobrenatural acontece cuando un justo ora, algo del cielo, que no se puede calcular ni medir, y es que nada sucede de manera fortuita, todo viene por una gracia. Tenemos la promesa que dice que se derramará sobre todos el Espíritu Santo, por lo que podemos creer que toda la Iglesia puede entrar bajo la influencia de un espíritu de oración.

Cuando la gracia de oración viene sobre nosotros, se nos es revelado un nivel mayor de Jesús, nos damos cuenta de que no estamos orando solos, sino en la línea espiritual de lo que Jesús está intercediendo. Cuando el espíritu de oración viene a nosotros, vence nuestra voluntad, es decir, alinea nuestra alma, porque uno de los impedimentos para la oración eficaz es un alma que no logra alinearse en la oración, que quiere vivir por emociones, sensaciones o pensamientos, pero cuando estamos bajo el espíritu de oración nuestra alma es alineada y nuestra voluntad es rendida, iniciando así una oración netamente desde el espíritu.

Al estar bajo el espíritu de intercesión y de oración además de ser alineada nuestra alma, es alineado nuestro corazón, empezamos a ver lo que no veíamos, observamos lo que estaba escondido en lo profundo del corazón. Cuando la gracia de Dios viene, cuando el espíritu de oración viene, empieza a limpiar la casa adentro, antes de producir resultados afuera.

Lucas 11:1: “Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.”

Jesús en la tierra siendo Dios, reconoció que necesitaba orar, siendo libre de la atadura del pecado, teniendo una fe que movía montañas, una autoridad para echar fuera demonios, teniendo tantas virtudes espirituales no se confió en ellas, sino que tomó la responsabilidad de humillarse en oración para invocar al Padre. Oiremos la dirección de Dios en oración, ningún otra práctica espiritual en nuestra vida sustituye la oración; en lo que estemos orando vamos a tener influencia, y en aquello por lo que no estemos orando, buscamos solo un golpe de suerte y nada pasa por suerte, todo pasa por propósito; sin el espíritu de oración todo es monótono, vacío y repetitivo.

Lucas 22:39-46: “Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron. Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación.”

La tentación en nuestra vida está ligada a la falta de oración, el nivel de tentación será de acuerdo al nivel de oración, y debemos conocer que la mayor tentación para un creyente es hacer su propia voluntad y servir a Dios a su manera. Lo primero que ora el espíritu de oración es, no se haga mi voluntad sino la tuya.

Mateo 7:7-8: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.”

El principio para pedir el espíritu de oración es perseverancia, y a medida que profundizamos en la obediencia y en la humildad, Dios alinea nuestra alma y corazón, conectándonos con el ministerio intercesor de Jesús, entonces llega la gracia, y en esa gracia empezamos a hacer cosas que sabemos que en nuestras fuerzas jamás haríamos.