¡Pelea la buena batalla de la fe!

Todo plan y todo propósito de Dios, sea para un individuo, un grupo, una iglesia o una nación, siempre tendrá los ataques y contradicciones posibles de las tinieblas. En 1 Timoteo 6:12 el apóstol Pablo le dijo a Timoteo: “Pelea la buena batalla de la fe…”; asimismo, la Biblia nos enseña que “…el justo por su fe vivirá…”; esto significa que, diariamente necesitamos fe, no solamente para mover montañas o sanar enfermos, sino también para mantenernos con esperanza día tras día, levantarnos con ánimo, relacionarnos con Dios o incluso para asistir a la iglesia.

Continuamente estamos librando batallas para las cuales, indispensablemente, necesitamos fe. Para no amargarnos, afligirnos, debilitarnos o llenarnos de ira, ¡necesitamos fe! El único que te puede ayudar a pelear y ganar cada batalla es Jesús. Por fe vives, sin fe, ¡mueres! El momento más peligroso para cualquier persona es cuando está en angustia, y dependiendo de a quién busque en su momento de angustia, terminará fortalecido, o peor que al inicio. El único que te invita a huir es Satanás; en cambio, Dios siempre te llevará a persistir y resistir, porque en medio de tu necesidad, ¡Él te va a proveer!

En medio de las aflicciones es cuando más somos tentados a hacer nuestra propia voluntad. Sin ataques ni problemas, ¡cualquiera le sirve a Dios! Jesús atravesó su mayor momento de angustia en el monte Getsemaní, cuando estaba a punto de ir a la cruz; y en medio de esa angustia, más de una vez se le acercó el diablo para agobiarle, pero Él decidió hacer la voluntad de Su padre y Dios lo fortaleció. En tu momento de angustia, ¿a quién acudes? Lo mejor que puedes hacer es acudir a Jesús.

Salmos 34:4: ” Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores”.

No importa que no sientas nada mientras oras, ¡puedes tener la certeza y la confianza de que Dios te está oyendo! Él no ignora nuestras oraciones, ¡al contrario! Él está atento a nuestras peticiones cuando nos acercamos a Él con un corazón rendido y humillado. No puedes depender de otros, ¡depende absolutamente del Espíritu Santo de Dios! No te conviertas en un cristiano de estatus, que tu relación con Dios no se vea condicionada por personas o circunstancias externas. Lo mejor que puedes hacer es depender de Dios. Si tú decides pelear la buena batalla de la fe, aunque en ocasiones creas que no lo lograrás, seguirás constante cada día y Jesús te ayudará a librarla, y la amargura no logrará invadir tu corazón.

Salmos 34:4b: “…y me libró de todos mis temores.”

Si tú clamas, Él te oye, te ayuda, te levanta, te rescata, te enseña y te guía. ¡El que busca, halla! ¡No te canses de buscar ni de clamar a Dios! ¡Él te hará justicia!

Salmos 34:5-6: “Los que miraron a él fueron alumbrados,
Y sus rostros no fueron avergonzados. Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias.”

¿De qué angustia Él no te puede sacar? ¿De qué enfermedad Él no te puede sanar? ¿Con qué problema Él no te puede ayudar? ¡De ninguna! El diablo es experto en usar tus temores y angustias en tu contra; por eso, no dejaremos de anunciar que días de gloria vienen para Venezuela y continuaremos transmitiendo fe a nuestra nación, para que el temor no invada el corazón de los venezolanos, y podamos tener el país que esperamos.

Hemos sido llamados para obedecer la voz de Dios, aun cuando no lo entendemos. Cuando dejamos que el desánimo nos venza, no solo estamos perdiendo una batalla, ¡sino muchas! Nadie peleará esa batalla, sino cada uno de nosotros. ¡Tenemos que levantarnos para luchar en el nombre de Jesús! En medio de la desesperación, si no somos libres, esta nos empujará a hacer lo malo.

Salmos 34:7: “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende”.

Entendamos que nuestra lucha no es contra carne y sangre, ¡nuestra pelea es espiritual! No estamos para traer una reestructuración política o social a una nación, sino una reestructuración espiritual, que es lo interno, y esto a su vez, impactará lo político y lo social, que es lo externo. Mientras haya personas clamando, habrá un Dios respondiendo desde los Cielos.

Salmos 34:8: “Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él”.

Cuando le agarras el gusto a estar en la presencia de Dios, nada te puede sacar de ahí. ¡Tú vas a ver que tus temores y angustias se irán! No necesitarás de otros para acercarte a Dios, sino que el lugar de Su presencia es tu sitio preferido. La frase “vienen días de gloria” es más que un cliché, ¡es una verdad! ¡Lo mejor está por llegar!