“Pedid y se os dará”

Es la oración, un acto de humillación en el que reconocemos nuestra incapacidad y la capacidad de Dios para darnos solución a los problemas, en ese acto de humillación se activa un principio de la Palabra que dice que el que se humilla será exaltado, por tanto, al orar vamos con la confianza de que hay un Dios que es justo, un Dios que es verdad y que ante ese acto de humillación voluntario o bien, humillado por las circunstancias, activará sobre nosotros su Palabra y nos llevará a una exaltación que viene de parte de Él.

Las circunstancias intentan humillarnos, haciéndonos pensar que no hay solución y que nadie podrá mostrarnos tiempos mejores, pero hemos venido delante de Dios a orar, delante de Aquel que tiene el poder para defendernos, para hacernos justicia y de decirle a las circunstancias “enmudece, este es mi hijo amado y aunque lo has humillado, observa como Yo lo exalto, porque en mí a confiado”. La oración es un principio, una práctica cristiana que nos asegura la activación de esa exaltación de parte de Dios. Cuando oramos vamos al cielo y dice la Palabra que nos acerquemos confiadamente al trono de la gracia, por tanto cada vez que estamos orando y activamos ese camino por la Sangre de Cristo y llegamos al trono de la gracia, estamos yendo al cielo. Dice la Palabra que el que viene de arriba es sobre todo, así que cuando vamos a la Presencia de Dios, y venimos de vuelta, somos sobre todo, porque venimos de arriba; por eso, oramos con la confianza de que estamos llegando a Aquel que tiene el poder para capacitarnos, llenarnos, empoderarnos y hacernos más que victoriosos en Aquel que nos amó.

Cuando venimos a orar, no venimos simplemente a una práctica religiosa, por cumplir con una iglesia o para ser visto como muy espirituales, venimos porque tenemos la seguridad de que cuando estamos orando, estamos recibiendo el poder para vencer y que nada podrá oponerse a que se cumpla en nosotros la voluntad de Dios, la cual es buena, agradable y perfecta. Nuestros ojos pueden estar viendo circunstancias adversas en frente, pero cuando vamos arriba, lo que parece muy grande, el problema que parece indestructible, se ve pequeño, pero también vemos lo grande que es Dios. Nadie confía en quien no conoce, por eso la importancia de desarrollar un tiempo, una vida de comunión con el Señor y de conocerle a Él.

Juan 4:10,13-14: “Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva… Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”

Es importante que conozcamos el don de Dios, para entender que no es en nuestra fuerza sino en la fuerza de Él donde está la solución a nuestros problemas, para entender que no es en la tierra, ni en la fuerza natural donde está la solución a los conflictos.

Lucas 11:9-13: “Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”

Jesús está hablando y dice “pedid y se os dará” y si Jesús dice “pide y te voy a dar”, es motivo para celebrar, para aplaudir, para decir gloria a Dios, Iglesia es tiempo que conozcamos el don de Dios, el que habla no es mentiroso, el que habla es fiel y verdadero, tiene el poder para darnos lo que pidamos. Un padre en la tierra nos puede dar algo para nuestro sustento, pero Dios que es bueno nos puede dar y no solo para sustentarnos sino que Él está dispuesto a entregarse a sí mismo a nosotros, solo tenemos que pedir y conocer quién es Él, porque el que viene de arriba es sobre todo y puede cambiar cualquier circunstancia.