“Orando por un país”

Cuando oramos, Dios pone la mayor parte y nosotros casi nada, pero Dios no pondrá esa mayor parte si nosotros no ponemos nada; Él nos bendice al ciento por uno, pero Él no da el cien si nosotros no le damos el uno, así que, busquemos primeramente el Reino de Dios. Como Iglesia debemos hacer algo y lo más importante que podemos hacer es orar, especialmente por este país. Cometemos un grave error cuando nos conformamos con ser bendecidos y no prestamos atención a la decadencia en nuestro entorno, debemos entender que si dejamos perder un país por la falta de oración e indiferencia, en algún momento terminará afectándonos.

Tomemos conciencia y aprendamos a pelear en oración por un país, si no lo hacemos el enemigo terminará afectándolo. Hemos aprendido que operamos en dos dimensiones: la natural y la espiritual; pero nos hemos acostumbrado a estar en los extremos, solo orando y ayunando e inactivos, o haciendo mucho, pero sin la dirección que obtenemos a través de la oración y el ayuno. Recordemos que la oración y el ayuno nos dan la dirección en la que debemos avanzar. Seamos cabeza de montes y conquistemos lo que por derecho nos pertenece.

Una Iglesia egoísta solo piensa en su comodidad y se hace indiferente ante la necesidad del mundo, y Jesús fue claro al decir que no fuésemos quitados del mundo, sino guardados de su maldad, porque Él nos necesita aquí para predicar su mensaje. Cuando la Iglesia se hace consciente de esta verdad, se preocupa por las necesidades de otros, porque es su responsabilidad, y aunque tiene problemas personales, toma la carga de oración por su país, pues entiende que es tiempo de hacer oración intensa y efectiva para sacar al enemigo de su nación.

Cometemos el error de subestimar el poder de la oración e incluso de un intercesor, pero la Biblia registra muchos ejemplos en los que un intercesor logró cambiar el destino de un país, porque hay poder en la oración de un intercesor que ama. Llega el momento en el que el pecado de un país sobrepasa un nivel de maldad en el cielo y despierta juicio sobre él, pero no importa su pecado si existen intercesores misericordiosos, porque a través de ellos puede cambiarse el destino de una nación. No clamamos ante un hombre, clamamos ante un Dios de misericordia y ante su trono de gracia.

Por el clamor de uno, muchos fueron salvos, uno solo puede cambiar el destino de todos; Abraham y Moisés fueron ejemplo de esto, y Dios cambió de parecer no porque el pueblo lo mereciera, sino porque Dios es bueno. Ambos hombres sabían que el pueblo merecía el castigo, pero confiaban en que el corazón de Dios estaba lleno de amor y misericordia. Hoy pon tu fe y confianza en un lugar seguro, en el corazón bondadoso y misericordioso de Dios.

El verdadero ayuno es el que nace de un corazón ferviente por el amor de Dios y que se duele ante la necesidad de su pueblo, y hoy es tiempo de levantarnos como verdaderos intercesores en ayuno y oración; debemos pasar de la oración que nos da dirección a la acción. No hay nada más poderoso que la oración de un intercesor que ama, sustentemos nuestra fe en lo que Dios es, Él es bueno y misericordioso, y está en busca de intercesores que amen.