“Orando en medio de la aflicción”

Miraremos en los versos que leeremos a continuación, como David oraba, un hombre con defectos y debilidades, pero con un corazón sencillo y sensible ante Dios, cada vez que tenía una dificultad se iba a la oración  y  permanecía en ella hasta salir de esa circunstancia.

Salmo 55: 1-8: “Escucha, oh Dios, mi oración, Y no te escondas de mi súplica. Está atento, y respóndeme; Clamo en mi oración, y me conmuevo, A causa de la voz del enemigo, Por la opresión del impío; Porque sobre mí echaron iniquidad, Y con furor me persiguen. Mi corazón está dolorido dentro de mí, Y terrores de muerte sobre mí han caído. Temor y temblor vinieron sobre mí, Y terror me ha cubierto. Y dije: ¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría. Ciertamente huiría lejos; Moraría en el desierto. Me apresuraría a escapar Del viento borrascoso, de la tempestad.”

La persecución nos lleva a la oración, David lo reconoció ante Dios, recurrió a ella cuando estaba sumergido en problemas pero, Dios nos lleva a aflicciones para que desarrollemos fe. Cuando tengamos problemas y dificultades oremos, quizá no tengamos las ganas, pero no oramos por ganas sino por necesidad. David sentía un dolor en su corazón, significa que estaba afectado emocionalmente, porque quien lo perseguía era un amigo, lo que le llevó a sentir dolor,  y eso es lo busca el enemigo, afectar nuestro corazón. Encontramos a un David que tenía dolor, terror y miedo, pero no es malo tenerlos, son un indicativo de que estamos vivos, lo malo es dejarse dominar por ellos, el cielo se regocija con la gente que a pesar del miedo sigue adelante. Este hombre quería volar e irse a un lugar desierto, con la finalidad de huir de las tempestades pero, si hacemos esto también huimos de nuestro milagro.

Salmo 55: 9-15: “Destrúyelos, oh Señor; confunde la lengua de ellos; Porque he visto violencia y rencilla en la ciudad. Día y noche la rodean sobre sus muros, E iniquidad y trabajo hay en medio de ella. Maldad hay en medio de ella, Y el fraude y el engaño no se apartan de sus plazas. Porque no me afrentó un enemigo, Lo cual habría soportado; Ni se alzó contra mí el que me aborrecía, Porque me hubiera ocultado de él; Sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, Mi guía, y mi familiar. Que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, Y andábamos en amistad en la casa de Dios. Que la muerte les sorprenda; Desciendan vivos al Seol, Porque hay maldades en sus moradas, en medio de ellos.”

En estos versos expresa lo herido que estaba su corazón, hasta el punto de desearle la muerte a sus enemigos, algo que no debemos hacer, recordemos que con la vara que medimos nos volverán a medir; tratemos a nuestros enemigos con amor, porque mañana podemos ser nosotros quienes nos equivoquemos, el Espíritu Santo es el que se encarga de sacar la cizaña. Recordemos que si sembramos amor, misericordia y perdón, eso será lo que cosecharemos.

Salmo 55: 16-19: “En cuanto a mí, a Dios clamaré; Y Jehová me salvará. Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz. El redimirá en paz mi alma de la guerra contra mí, Aunque contra mí haya muchos. Dios oirá, y los quebrantará luego, El que permanece desde la antigüedad; Por cuanto no cambian, Ni temen a Dios.

La gente que se dispone a buscar a Dios y orar hasta superar algo, lo logran. Si te han herido, si te han traicionado, en la casa de Dios serás sanado, mientras te mantengas agarrado de los cuernos del altar Dios, Él te va a ayudar  y saldrás de ese lugar. David clamó al Señor en todo momento y unos salmos más adelante observamos como obtuvo la victoria; pasamos por estos ciclos pero cuando estamos agarrados de Dios por medio de la oración, Él nos saca de allí, sana nuestro corazón y nos encamina.