“Orando en la aflicción”

Tus lágrimas cuando son derramadas a Dios no están perdidas, no están olvidadas, cuando tus lágrimas están delante de Dios tendrás repuesta. La Biblia nos da la solución, el antídoto contra la aflicción. Muchos de nosotros estamos pasando por momentos de aflicción, y este tiempo presente no es de celebración, sino un tiempo en el que tenemos que rogar, orar y clamar porque estamos en aflicciones, persecuciones, problemas y angustias de todo tipo, pero la Biblia nos da el antídoto contra la aflicción y contra los problemas.

Santiago 5:13-18: “¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados… La oración eficaz del justo puede mucho. Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.”

El apóstol Santiago está hablando de la eficacia del que ora, está hablando de que la oración es el mejor antídoto contra la aflicción. Cuando un cristiano está sufriendo y comienza a orar y a clamar, esa oración es como el llanto de un niño que alerta a una madre, que al escucharlo, inmediatamente se alerta y lo atiende, así es Dios, cuando ve que un cristiano en medio de su aflicción y de sus lagrimas está orando, Él se alerta, y por eso la Biblia dice, que cuando estés en aflicción, ora, porque Dios te va a escuchar. Pero Dios no te va a oír porque tengas una aflicción o un problema, Él te va a oír porque tienes esas cosas y estás orando; lágrimas derramadas sin oración son lágrimas perdidas, pero las lágrimas que derramas delante de Dios son oraciones que serán contestadas.

Dios necesita una Iglesia que derrame sus oraciones a Él y a nadie más, no permitas que tus lágrimas sean derramadas delante de nada que no sea Dios, llora delante de Él, aflígete, sufre delante de Él, porque esas lágrimas no caerán a tierra vacía, sino que traerán un poderoso milagro cuando se hacen al cielo. David se afligía, se molestaba y aún se quejaba, pero él iba delante de Dios, por eso David pudo decir siempre en sus salmos: clamé a ti, y tú me oíste, porque él derramó sus lágrimas delante de Dios. Nosotros ahora estamos en una situación que nos obliga  a orar, y nos lleva a derramar nuestras lágrimas delante de aquel que si vale nuestras lágrimas, tus lágrimas tienen un peso, tienen un dolor e implican muchas cosas, pero esas lágrimas Dios las valora y las entiende, por eso hagámoslo siempre delante de Él.

Es más seguro clamar al cielo que clamar al hombre, porque el hombre te puede decir ya no hay oportunidad, pero Dios nunca te va a decir cuando te aparezcas con tus lágrimas, problemas y dolor, que no; no permitas que el diablo siga desanimando tu vida de oración, porque el que mengües en tu oración, solo le conviene al mundo de las tinieblas. La oración es el arma bíblica contra la aflicción, mientras menos ores seguirás afligido, pero mientras más ores la aflicción se tendrá que ir de la misma manera que llegó.

La oración te lleva a la alegría, al gozo, porque nos quita la aflicción. El pueblo de Israel estuvo cuatrocientos años bajo la esclavitud de faraón, y este los fue apretando poco a poco, por dosis pequeñas, hasta que los dejo en una completa esclavitud, pero llegó el momento en que fue tan fuerte la esclavitud, que el pueblo clamó al cielo, y cuando empezaron a afligirse delante de Dios, el cielo respondió con liberación; mientras haya una Iglesia orando y derramando sus lagrimas por un país, la aflicción va a tener que irse de ese país. Lo único que vamos a conseguir sin oración es el fracaso, comencemos a hacer lo que la Biblia dice; hay gente que  cuando están afligidos no les provoca orar, pero la Biblia no dice que si te provoca, dice que cuando estés en aflicción, ores, porque esa es la solución al problema.