“Orando en la adversidad”

Tenemos muchas veces la percepción errónea, de que cuando tenemos adversidades, crisis o problemas y el desanimo nos habla, creemos que Jesús no escucha nuestras peticiones. Los cielos pueden estar cerrados de manera financiera sobre un país, una familia o una persona, pero jamás estará cerrado a la oración de los justos. En el cielo no hay escasez ni fracaso, hay abundancia, y es por esto que debes mantenerte orando para que sobre tu vida el cielo se abra.

Salomón le hizo 7 peticiones a Dios sobre la adversidad, cuando inauguró un templo para que las personas fuesen a orar.

  1. Que los ojos de Dios y sus oídos estuviesen atentos al clamor de Israel
  2. Justicia del adversario
  3. Ser librado del fracaso.
  4. Que si los cielos estaban cerrados financieramente fuesen abiertos.
  5. Ser librado del hambre y la enfermedad
  6. Que cualquiera que no fuese del pueblo de Israel, pero fuese al templo a orar, su clamor se oyera.
  7. Si pecasen y se arrepintieran, Dios oyera y los perdonara.

2Crónica 6:19-40: “Mas tú mirarás a la oración de tu siervo, y a su ruego, oh Jehová Dios mío, para oír el clamor y la oración con que tu siervo ora delante de ti. Que tus ojos estén abiertos sobre esta casa de día y de noche, sobre el lugar del cual dijiste: Mi nombre estará allí; que oigas la oración con que tu siervo ora en este lugar.  Asimismo que oigas el ruego de tu siervo, y de tu pueblo Israel, cuando en este lugar hicieren oración, que tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu morada; que oigas y perdones. Si alguno pecare contra su prójimo, y se le exigiere juramento, y viniere a jurar ante tu altar en esta casa, tú oirás desde los cielos, y actuarás, y juzgarás a tus siervos, dando la paga al impío, haciendo recaer su proceder sobre su cabeza, y justificando al justo al darle conforme a su justicia. Si tu pueblo Israel fuere derrotado delante del enemigo por haber prevaricado contra ti, y se convirtiere, y confesare tu nombre, y rogare delante de ti en esta casa, tú oirás desde los cielos, y perdonarás el pecado de tu pueblo Israel, y les harás volver a la tierra que diste a ellos y a sus padres. Si los cielos se cerraren y no hubiere lluvias, por haber pecado contra ti, si oraren a ti hacia este lugar, y confesaren tu nombre, y se convirtieren de sus pecados, cuando los afligieres, tú los oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, y les enseñarás el buen camino para que anden en él, y darás lluvia sobre tu tierra, que diste por heredad a tu pueblo. Si hubiere hambre en la tierra, o si hubiere pestilencia, si hubiere tizoncillo o añublo, langosta o pulgón; o si los sitiaren sus enemigos en la tierra en donde moren; cualquiera plaga o enfermedad que sea; toda oración y todo ruego que hiciere cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, cualquiera que conociere su llaga y su dolor en su corazón, si extendiere sus manos hacia esta casa, tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y perdonarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos, habiendo conocido su corazón; porque sólo tú conoces el corazón de los hijos de los hombres; para que te teman y anden en tus caminos, todos los días que vivieren sobre la faz de la tierra que tú diste a nuestros padres. Y también al extranjero que no fuere de tu pueblo Israel, que hubiere venido de lejanas tierras a causa de tu gran nombre y de tu mano poderosa, y de tu brazo extendido, si viniere y orare hacia esta casa, tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y harás conforme a todas las cosas por las cuales hubiere clamado a ti el extranjero; para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre, y te teman así como tu pueblo Israel, y sepan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo he edificado. Si tu pueblo saliere a la guerra contra sus enemigos por el camino que tú les enviares, y oraren a ti hacia esta ciudad que tú elegiste, hacia la casa que he edificado a tu nombre, tú oirás desde los cielos su oración y su ruego, y ampararás su causa. Si pecaren contra ti (pues no hay hombre que no peque), y te enojares contra ellos, y los entregares delante de sus enemigos, para que los que los tomaren los lleven cautivos a tierra de enemigos, lejos o cerca, y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren llevados cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra de su cautividad, y dijeren: Pecamos, hemos hecho inicuamente, impíamente hemos hecho; si se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda su alma en la tierra de su cautividad, donde los hubieren llevado cautivos, y oraren hacia la tierra que tú diste a sus padres, hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la casa que he edificado a tu nombre; tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu morada, su oración y su ruego, y ampararás su causa, y perdonarás a tu pueblo que pecó contra ti. Ahora, pues, oh Dios mío, te ruego que estén abiertos tus ojos y atentos tus oídos a la oración en este lugar.”

Salomón derramó los anhelos de su corazón en oración a Jesús, haciendo peticiones para el pueblo de Israel. Estas peticiones pueden ser promesas de Dios para el clamor de un país en medio de la adversidad. A veces queremos tomar la justicia en nuestras manos, en lugar de encomendar a Jesús, quien es el mejor justiciero para nuestros problemas. La aflicción es el momento donde la gente recapacita y se vuelve a Dios, es por eso que Venezuela está en el mejor momento para volverse a Dios y darse cuenta que solo Jesús es la solución que la nación necesita para levantarse.

Los cielos pueden estar cerrados sobre nuestro país en muchos aspectos, pero nunca estarán cerrados sobre nuestra oración. Si el pueblo ora, los oídos de Jesús se abren al clamor. Unos pocos pueden lograr las bendición de miles, por esto, vamos a organizar un movimiento grande de oración sobre Venezuela, de esta manera, Jesús no solo perdonará tu pecado, sanará la enfermedad que tengas,  sea cual sea. Cuando el pueblo clama y se humilla ante Dios el cielo se abre sobre ese lugar, y cuando esto pasa se halla abundancia y gozo. Los cielos cerrados de un país no se resuelven con cambios políticos o económicos, se resuelven con oración, nuestra solución es Jesús; si queremos ver días de gloria debemos estar atentos al plan de Dios y mantenernos orando.