“Orando con sabiduría”

Hechos 4: 20: “porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”

En este pasaje, vemos a una iglesia que no dejaba de anunciar lo que aprendieron de Jesús ni de predicar su mensaje, a pesar de encontrarse en medio de grandes adversidades. En medio de todo, ellos siempre alzaban su voz a Dios. De la misma manera, nuestra actitud como iglesia debe  ser firme ante los problemas; no podemos dejar de alzar nuestro clamor a Dios ni debemos callar los milagros que ha hecho y seguirá haciendo con nosotros y con nuestra nación.

Existen 8 características de una oración de sabiduría:

  1. Reconoce la grandeza del Dios al que oramos: Él es soberano y es el creador de todo el cielo y la tierra. Conozcamos y reconozcamos a aquél con quien estamos hablando. Si Dios hizo el universo y un sinfín de milagros, cómo no nos dará todo lo que le pidamos.
  2. Se apega a lo que Dios ha dicho: Nuestra oración no puede ser influenciada por la opinión de los demás ni por lo que vemos. Debemos guiarnos por lo que dice la palabra de Dios.
  3. Responde al cumplimiento del plan de Dios: Todo tiene un propósito y todo obra para bien. Dios no improvisa y nada lo toma por sorpresa. De todo lo que acontece, Él está al tanto.
  4. Asume responsabilidad: Hagamos algo para cambiar la circunstancia y principalmente la voluntad de nuestro Dios.
  5. Atrae el poder del Espíritu Santo: Pidamos poder de Dios para predicar, llevar libertad a los cautivos de corazón y demostrar que hay un Dios poderoso de nuestro lado.
  6. Propicia la intervención de Dios: Al orar con sabiduría, causamos la manifestación de Dios en nuestras vidas
  7. Produce una acción: Pide y usa los recursos espirituales para hacer la voluntad de Dios.
  8. Trae paz y confianza: Esta oración nos permite descansar en medio de circunstancias difíciles y nos hace dormir en paz; de esta manera, experimentamos la paz y el descanso aun en medio de las tormentas. Dios diseñó al hombre para que descanse incluso rodeado de tinieblas.

No intentemos descifrar la manera en la que Dios nos responderá; esperemos en paz y tengamos fe que él lo hará conforme a su perfecta voluntad.