Orando con expectativas

Hebreos 6:13-15: “Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente. Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa.”

Esperar con paciencia significa tener esperanza. En la Biblia encontramos un gran ejemplo de un hombre que esperó con paciencia, y por ende, alcanzó las promesas que Dios le había hecho; este hombre fue Abraham. A pesar de que no veía su milagro, mantenía una postura inamovible en el creer y en el esperar, no importando cuánto tiempo. Antes de recibir su milagro, estaba convencido de que llegaría, y de esta forma permaneció hasta alcanzar lo que Dios le había prometido. La esperanza es una expectativa positiva, y esta fue la actitud que caracterizó a Abraham. Cuando iba a orar no se presentaba delante de Dios con quejas, sino recordándole las promesas que Él le había dado, y como sabía que Dios no mentía, permanecía firme en el creer.

 Ahora bien, el enemigo de la esperanza es la decepción. La Biblia aclara que la fe es la sustancia de lo que se espera (Hebreos 11:1); es decir, la fe toma sustento, energía o fuerza en lo que se está esperando, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿qué estamos esperando? ¿Cuáles son nuestras expectativas para mañana? Lo que esperamos nos vendrá. Así que, si lo que esperamos es bueno, eso nos vendrá; en cambio, si es lo negativo, por consiguiente, eso llegará.

Debemos tener una esperanza positiva, eso es alimentar nuestra fe, y cuando la fe está bien alimentada, el milagro llega. Abraham mantuvo su esperanza, para de esta forma darle sustancia a su fe. Recordemos que la fe cree lo que la esperanza espera. Al orar debemos hacerlo con fe y esperanza, no dejando que el enemigo nos dañe con la decepción. Aunque pasaron algunos años para el cumplimiento de la promesa de Dios para con Abraham, él aguardó pacientemente, y no permitió que la decepción le tocara. Muchos de nosotros estamos sin esperanza, porque hemos permitido que la decepción tome lugar en nuestras vidas, pero debemos saber que esa decepción la utiliza Satanás para que cuando vayamos a orar, no haya fe en nosotros.

Hebreos 4:15-16: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”

El problema que muchas veces tenemos, es que cuando oramos, estamos decepcionados porque no hemos recibido lo que esperamos, y a veces la decepción es con nosotros mismos, porque ciertas cosas que nos hemos propuesto, no las hemos alcanzado, lo que nos hace creer que Dios no se puede compadecer de nuestras debilidades, y creemos que Él no nos oye.

Pablo nos recuerda que tenemos un sumo sacerdote que se compadece de nuestra debilidad, porque Él la sintió en su cuerpo, debido a que anduvo en este cuerpo de carne. Así que, podemos acercarnos confiadamente al Trono de la Gracia, porque para orar a Dios debemos hacerlo con confianza, esperanza y fe. Si tenemos estos grandes atributos, hallaremos gracia para el oportuno socorro. Al orar, a pesar de que tengamos errores y debilidades, tengamos expectativas positivas, porque si oramos de esta forma, nuestro milagro llegará pronto. ¡No permitamos que la decepción mine nuestra fe!