Oración y servicio hacen avanzar el Reino

Mateo 20: 25-28: “Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.

 No importa cuántos proyectos de fe o cargos de liderazgo tengamos, hay dos cosas que son fundamentales dentro del plan del Reino de Dios sobre la Tierra: La oración y el servicio, además, estas son características fundamentales de un hijo de Dios, y de lo que es la esencia y la naturaleza de su Reino. El modelo de cómo Dios gobierna el mundo es el Reino de los Cielos.

El Reino de Dios tiene fundamentos muy importantes para que se cumpla el sistema que Él diseñó. Este no es un sistema en el que los gobernantes se enseñorean de las multitudes con su liderazgo, sino que está diseñado para que Dios sea el Señor en los corazones de todos, y para que nosotros como una mancomunidad, establezcamos este método de gobierno en la Tierra por medio del servicio los unos a los otros. El modelo que Jesús implemento cuando anduvo en la Tierra fue a través de una vida de servicio; Jesús vino a servir y no a ser servido, así que, los líderes del Cielo buscan servir a Dios y a los demás.

Todos los que somos hijos de Dios debemos estar involucrados en la oración y el servicio. La oración nos da la conexión con nuestro Señor, es el método de comunicación para que el Cielo nos imparta su Palabra, leyes, pensamientos, principios, y así tener intimidad con el Rey y que Él pueda decirnos lo que debemos hacer. Ahora bien, no solamente es orar, debemos convertirnos en siervos, y servidor no es solamente aquel que hace alguna labor dentro de la iglesia, un siervo de Dios es todo aquel que cree en Jesucristo y se haya hecho por la fe un hijo de Dios. No puede haber un hijo de Dios sin oración y sin servicio.

Un siervo de Dios es aquel que rinde su corazón, y con humildad se hace dependiente – aunque tiene un libre albedrio – de su Señor y su Palabra para ya no hacer lo que él quiere, sino lo que su Señor quiere. La Biblia no resalta títulos ni grandes labores, resalta siervos, porque ellos son los que hacen avanzar el Reino de Dios, pues, ese es el Espíritu de Jesús. El término siervo no viene para degradar a los hijos de Dios, viene para alguien que ama tanto a su Señor y que reconoce que no va a estar mejor en otras manos ni en otro lugar, que estando al lado del Señor que lo ha valorado, respetado y amado. No servimos para ser reconocidos por los hombres, servimos para agradar a nuestro Rey de reyes y Señor de señores porque de Él tendremos recompensa.

Hay dos cosas que caracterizan a un intercesor y a un servidor: La humildad, esta es la principal característica de un siervo efectivo. Solamente el humilde puede servir sin importar a quien, y además, mira a todos por igual, porque no ve a ninguno como superior a él, sino como superior a él mismo, así que los sirve con amor y con el Espíritu de Jesús. Los siervos ven a Jesús en su hermano. Justicia, paz y gozo son los resultados de la oración y el servicio. Es imposible que el enemigo destruya a un siervo humilde que intercede y hace el servicio para el Cielo y para su prójimo.

Cuando Dios encuentra a un siervo lo pone entre los grandes, le entrega riquezas, administración y grandes áreas de bendición por cuanto le amó a Él, pero también a su prójimo. Los verdaderos siervos quieren levantar al pecador para que tengan salvación. Antes de llegar lejos en un liderazgo, se llega lejos en un servicio; todo gran hombre de Dios que vemos con una recompensa y una herencia viene de ser servidor. Necesitamos recuperar la motivación correcta de la oración y el servicio para que nos sean delegadas riquezas y abundancia. El Reino de Dios va a avanzar fundamentado en la oración y el servicio.